Dentro de la pasividad melancólica de la ciudad de Lisboa, no dejan de haber lugares de gran importancia histórica y cultural. Los destellos del esplendor imperial portugués permanecen latentes y orgullosos, para el total y apacible placer del visitante.
La Plaza del Imperio en la localidad de Belem es uno de ellos. Con un verdor generoso y perfectamente mantenida y limpia, esta proyección de la capital lusa es acogedora y romántica para los enamorados e imprescindible para los viajeros empedernidos.
Desde su epicentro se pueden contemplar las edificaciones de los alrededores, una de ellas es el magestuoso edificio del Monasterio de los Jerónimos, una consrucción del más puros estilo manuelino, ideada por supuesto por el monarca Manuel I.
Hacia el otro lado de la plaza estan dos monumentos que vale la pena visitar: el Monumento de los Descubridores, en las riberas del río Tajo y la popular torre de Belem, erigida el los albores del siglo XVI.
Caminar esta plaza, sentarse en uno de los bancos, mirar el atardecer es toda una placentera experiencia a la portuguesa, es decir, serena y nostálgica. Un detalle particular, es ver como se refleja la luz del atardecer sobre la ornamentada fachada del monasterio, inigualable.