Quinta de la Fuente del Berro Madrid

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Invierno en la Fuente del Berro

Si la Quinta de la Fuente del Berro es un parque maravilloso en cualquier época del año, a mí personalmente me encanta pasear por él en los días más grises y "tristes" del invierno. Solitario, húmedo y fresco es un parque silencioso en el que gozar de la compañía de árboles centenarios, como las sequoyas gigantes, cedros, robles, etc...

Chaimae
Chaimae
04 Enero 2011

Hasta la llegada a España de la...

Hasta la llegada a España de la dinastía borbónica, a comienzos del siglo XVIII, Madrid presentaba una ausencia casi total de zonas verdes públicas. Es cierto que antes de los Borbones ya existían en Madrid el Casón del Buen Retiro y la Casa de Campo, pero ambos eran de uso exclusivo de la Familia Real.
Bajo el reinado de Carlos III se crearon los primeros paseos arbolados de Madrid, pero fue a finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando los alrededores de la ciudad de Madrid se fueron poblando de un gran número de viviendas con jardín, denominadas quintas, cuyos espacios verdes no se dedicaban sólo a la jardinería, sino a huertas.

Una de las quintas más importantes es la de la Fuente del Berro, convertida hoy en día en Parque Público y que alberga un restaurante (Alkalde) y un Centro Cultural (Centro Sociocultural Maestro Alonso).

Antes del fin del siglo XIX, la Quinta del Berro se convirtió en lugar de recreo público denominado Nuevos Campos Elíseos, al que se accedía mediante el pago de una entrada.

Los años de mayor esplendor de la Fuente del Berro fueron 1920-1930, en los que se celebraban con frecuencia fiestas de sociedad a los que asistía la aristocracia e incluso los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

El Parque fue declarado jardín artístico por decreto del 31 de julio de 1941 y desde 1954 a 1999 albergó el Instituto y Museo Arqueológico Municipal, cuyos fondos se trasladaron finalmente al Museo de San Isidro en 1999.

Ya en nuestros días se construyó un parque lineal paralelo a la M-30 (hoy Calle 30), que se une al antiguo de la Fuente del Berro, aumentando así la extensión del mismo. Sin embargo, un cerramiento de cerrajería trata de garantizar el valor histórico-artístico del parque.

Mis impresiones de la Quinta.
Mi recorrido se inició por la puerta que da a la calle de Enrique D'Almonte, aunque este jardín tiene otras entradas. Nada más entrar, encontramos el antiguo palacete que ahora es la sede del Centro Cultural y una plaza circular con una fuente.

Siguiendo los caminos del parque, éste nos sorprende con una enorme cantidad de árboles diferentes, muchos de ellos centenarios: Sequoyas gigantes, cedros, robles, etc...

En el parterre derecho se encuentra uno de los árboles más populares del parque: Un magnífico tejo, realmente precioso.

En el centro del parque y enrollado a una farola encontramos una enorme bignonia, donde anidan vencejos, golondrinas, gorriones, etc...

En la parte más baja del Parque, bajando las escaleras, encontramos un pequeño bosque de aligustre de Japón.

Más adelante encontramos un gingko o árbol de los escudos, único representante vivo de su grupo botánico y considerado un fósil viviente, ya que data de la Era Mesozoica.

En la zona colindante con la Avenida de la Paz, están representados cuatro de los ecosistemas naturales de la Comunidad de Madrid, donde encontramos tomillos, romeros, cantuesos, etc...

A la altura del monumento a Bécquer encontramos un hermoso madroño, que como sabréis es el árbol representado en el escudo de Madrid.

Durante toda nuestra visita nos acompaña el canto y el vuelo de los pájaros que viven en el parque: Petirrojos, herrerillos, etc y desde el puente que cruza la ría podemos observar los comederos instalados para los patos.

Subiendo hacia la caseta del Palomar y a la altura del monumento a Enrique Iniesta, encontramos un magnolio hermosísimo que además, empieza a florecer estos días.

Un detalle curioso es que la Fuente del Berro que da nombre al Parque está extramuros y a ella se accede a través de una puerta, en la salida hacia la calle de Peñascales. La fuente en sí no es gran cosa, pero no nos decepcionó porque nuestra guía ya nos había advertido de ello. En el aspecto histórico esta fuente sirvió para consumo de la Casa Real y el agua que sale de ella es agua gorda, pero fresca, de la cual se decía que tenía propiedades curativas.

Esta zona es la preferida de los pavos reales que habitan el Parque. Yo tuve ocasión de ver a tres de ellos (en realidad no sé si hay más): Dos hembras y un macho que, sin embargo, no nos obsequió con la apertura de su cola.

El Parque parece más grande a primera vista pero después se comprueba que se recorre tranquilamente en una hora u hora y media, deteniéndose a contemplar árboles, pájaros y tomando fotos. Está casi escondido en medio de una zona populosa y transitada de Madrid pero eso, lejos de ser un inconveniente, no es más que una ventaja.

En mi opinión, lo más bonito del Parque es la cascada situada en la zona más umbrosa, que por otra parte es la más espectacular, perfecta para ser visitada en primavera. Si a eso se añade el recorrido botánico del que se puede gozar caminando por el parque, estamos ante una auténtica maravilla.

Por citar algún aspecto negativo, se echa en falta la señalización de los árboles, ya que sólo algunos tienen nombre y entre ellos hay muchos desconocidos para el público en general.

En cuanto a las esculturas del Parque, mucho mejor las de estilo neoclásico y clásico ya que hay un par de esculturas figurativas casi a la entrada del mismo que no encajan con el estilo del jardín.

En definitiva, un parque muy tranquilo, fresco y poco transitado, perfecto para los amantes de la botánica.
Eso sí, es una pena que el ruido de la Calle 30 perturbe la tranquilidad en las zonas de la Quinta más cercanas a la misma, aun a pesar de las pantallas, anti-ruido que allí se han instalado.

Dicho lo cual, os animo a conocerlo si tenéis oportunidad.

Chaimae
Chaimae
17 Octubre 2010
Gonzalo Alvarez
Gonzalo Alvarez
hace 7 meses
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