Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de...
Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de los hombres complicados, te digo cuando me dices que soy feliz con cualquier cosa. No lo digo yo, que la genialidad, ese pensamiento tan bien condensado, esa manera de disfrutar de los pequeños detalles, es de Oscar Wilde.
Estamos en Dublín y tenemos dos opciones. Comer en el MacDonalds o hacer un ‘picnic’ en un parque próximo con ayuda de un supermercado, también próximo. Esta opción sale más cara y el vientecillo más las curiosas palomas, acostumbradas a llenar el gaznate con impuestos revolucionarios a turistas como nosotros, no nos dejan en paz. Sin embargo nos reímos en grupo, con esa sensación extraña de estar viviendo algo especial.
Miro la estatua de Wilde, tan relajado, tan alegre, tan informal. Sí, no me lo imagino en una estatua de pie, tieso y formal. Eso no iba con él. ¿De qué te ries?, dices. De nada, contesto. Demasiado sencilla mi sonrisa como para que me llamen complicada.
Oscar Wilde en Merrion Square
Se trata de la Estatua de Oscar Wilde en el Parque de Merrion Square.
Está un poco escondida, y según creo se encuentra mirando a su casa de nacimiento, y que está en el parque de Merrion Square porque iba a meditar.
En frente de el hay dos monumentos con frases escritas y sobre ellas unas figuras.
Sarcástica sensualidad
Me encontré con esta composición en el que el protagonista es uno de mis autores preferidos, resulta significativo, que pese a tener frente a él a tan atractiva femina, se encuentre mirando el torso desnudo de un efebo más a su gusto, que se encuentra al lado. Creo que el autor acierta y transmite, pese a su dicho "el escultor piensa en marmol".
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