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Dublín en 2 días: la ciudad en 48 horas

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Dublín en 2 días: la ciudad en 48 horas

Visitar Dublín en 2 días te permitirá descubrir una ciudad que destaca por sus casitas de estilo georgiano, su rica historia y sus pubs en los que corren ríos de Guinness mientras suena música en directo. ¡Echa un vistazo a esta lista y empápate de la cultura irlandesa en tan solo 48 horas!

 

COSAS QUE HACER EN DUBLÍN EN DOS DÍAS

 

Día 1 - mañana.

 

Tu ruta empezará en O’Connell Street, la arteria principal de la ciudad, en la que se encuentran algunas de las mejores cosas que ver en Dublín en 2 días. Además del Spire of Dublín, un monumento de unos 120 metros, que se ha convertido en uno de los emblemas de la ciudad, encontrarás el Monumento O’Connell o la estatua de James Larkin, dos figuras claves para la historia de la política irlandesa. 

 

Cruzando el río Liffey, llegarás a la Trinity College, una de las universidades más prestigiosas del mundo por espacios como su biblioteca, en la que se encuentra la famosa sala The Long Room. Tras un paseo por el campus más antiguo de Irlanda, pasarás por la estatua de Molly Malone, una humilde pescadera que se convirtió hace siglos en todo un icono de la ciudad. Para terminar esta primera mañana en la capital, admirarás la grandeza del Castillo de Dublín, una impresionante fortificación del siglo XII que fue centro del poder político irlandés durante siglos.

 

Día 1 - tarde

 

Para almorzar, el mejor escenario que puedes elegir es, sin duda, George’s Street Arcade, un precioso mercado en el que se comercializan desde ingredientes gourmet hasta productos artesanales. ¡Hay pocos escenarios más bellos que este mercado con aires bohemios para comer en Dublín! 

 

Saliendo de este espectacular edificio, pondrás rumbo hacia las dos catedrales de la ciudad, la de la Santísima Trinidad y la de San Patricio. Aunque la segunda es más grande, la antigüedad de la primera hace que las dos sean consideradas catedral a ojos de la iglesia, algo que pasa en muy pocas ciudades. Finalizarás esta jornada haciendo una visita a la Fábrica de Guinness, en la que, además de conocer el proceso de elaboración de la cerveza, subirás a una de las terrazas con mejores vistas de la ciudad a tomar una sabrosa pinta. 

 

Día 2 - mañana.

 

Comenzarás tu segundo día en Dublín visitando la Kilmainham Gaol, uno de los imprescindibles de la capital irlandesa. Con el tiempo este centro penitenciario se ha convertido en uno de los iconos de la independencia irlandesa y su visita resulta muy interesante. Tras conocer este histórico rincón, podrás elegir entre el bus 25 y el 51. Los dos te dejarán en las inmediaciones de la Galería Nacional de Irlanda, un museo en el que, además de las mayores obras maestras de los grandes artistas del país, encontrarás piezas de los principales pintores y escultores de otras escuelas europeas. Para terminar de sentir una conexión con el arte irlandés, irás a Merrion Square, una plaza en la que se rinde homenaje a personajes históricos tan importantes como el escritor Oscar Wilde.

 

Día 2 - tarde.

 

Seguirás la tarde recorriendo las calles del precioso barrio georgiano de Dublín, una zona con casitas bajas de ladrillos y puertas de colores. Hay una leyenda urbana que cuenta que pintaron cada puerta de un color diferente para que los vecinos pudieran diferenciar su casa de las demás tras volver de una noche bebiendo en los pubs locales. 

 

La siguiente parada de tu ruta será St. Stephen’s Green, el gran pulmón verde de la ciudad. Tras recorrer este precioso parque a tu ritmo, llegarás al Puente Ha’penny, uno de los puentes sobre el río Liffey, sobre el que se puede admirar la mejor puesta de sol de la ciudad. Terminarás la jornada en Temple Bar, el barrio más animado de Dublín, en el que están los mejores pubs con música en directo. Uno de los más famosos es el Temple Bar Pub, que lleva desde la primera del siglo XIX sirviendo cerveza a los habitantes de la ciudad. Otra opción para escuchar música en directo puede ser el Pub Porterhouse, que cuenta con diez marcas de cerveza de grifo, algunas elaboradas en el propio local. ¡Qué mejor manera de acabar una ruta por la ciudad!

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