Experiencia digna de un episodio de comedia… si no fuera porque la vivimos en primera persona. Entramos tan tranquilos a tomar unas cañas en la barra y, por el simple hecho de que los niños se sentaran un momento en una mesa cercana, pasamos automáticamente a la categoría de “Cliente premium”, queriéndonos cobrar un suplemento aunque no hubiéramos pedido nada allí.
Cuando preguntamos el motivo de ese recargo tan exclusivo, la explicación fue tan clara como convincente: básicamente que era así y punto. No había ningún cartel, ningún aviso previo ni ninguna información que indicara que sentarse implicaba pagar más. Ante esa situación, dejamos claro que no íbamos a pagar ese suplemento y que solo abonaríamos el precio normal, como correspondía. Finalmente, eso fue lo que pagamos, lo que demuestra que dicho recargo no procedía
El trato fue poco amable durante todo el rato, con malas formas y cero intención de solucionar nada. Para rematar, también nos exigieron enseñar el ticket para poder ir al baño, no fuera a ser que alguien intentara colarse sin consumir.