El viaje hacia el desierto es una de las experiencias más inolvidables, aventureras y divertidas que se pueden hacer desde Marrakech. Ya empieza la cosa, cuando vas a contratar el viaje, puesto que recorres varios negocios en los que puedes regatear un poco el precio. Algunos parecen que son mejor que otros, por el establecimiento, y por la forma de atenderte, pero nos dio la impresión de que al final estaban todos de acuerdo puesto que en el lugar de reunión para emprender el viaje al final están todos los que te atendieron juntos y una sola furgoneta, así que yo creo que en función de la gente que vaya, se arreglan entre ellos. Puedes elegir dormir en el desierto una, dos o más noches. Nosotros como no teníamos mucho tiempo elegimos la primera opción que igual es un poco paliza en cuanto a kilómetros y los asientos tan juntos en la furgoneta. Lo bueno es que hay gente de todas las nacionalidades e intercambias experiencias y opiniones. El precio del viaje en este caso se puede regatear pero sólo un poco. Un precio más o menos bueno para dos días y una noche ronda los 50-60 euros por persona.
Se parte de Marrakech en furgoneta, y se realizan diversas paradas durante el camino para ver los paisajes. Para comer paramos en Ouarzazate (hablo de ello en otro rincón), y a media tarde paramos en un sitio a tomar un té, en una tienda montada con alfombras, en la que uno de los lugareños nos lo preparaba. Antes de que anochezca se llega al lugar donde se toman los camellos. Al principio como novedad está bien y es divertido, pero estuvimos casi una hora montados y al final te cansabas. Además se hizo de noche, con lo cual no veías nada, sólo notabas que el camello de repente subía o bajaba según las montañitas de arena que iba encontrado en el desierto. Luego llegamos a una especie de campamento en el que había unas cabañas donde después dormiríamos. Y con otras alfombras habían preparado un “restaurante” donde nos dieron de comer a todos juntos comida típica marroquí, como tajine. Luego los que nos habían ayudado con los camellos nos amenizaron con su música, y realmente fue todo maravilloso, eso si, no recomendable para gente escrupulosa. Cerca del campamento había un baño. Al despertar fuimos a dar por nuestra cuenta un pequeño paseo y vimos uno de los amaneceres más hermosos que recuerdo. Es realmente espectacular. En el mismo “restaurante” donde habíamos comido, nos dieron de desayunar, y vuelta al camello, esta vez por menos tiempo, ya que nos esperaba de nuevo la furgoneta para el regreso.
Si se hace una excursión más larga se pueden ver más sitios como las cascadas Ouzoud, porque en la excursión de dos días sólo se llega hasta Zagora, pero sea como sea es genial.