Este torso de mármol, atribuido a Polonio, es muy famoso por la fuerza expresiva de su talla. A pesar de hallarse muy mutilado -muchos dicen que quizás por eso-, su dinamismo y belleza no decaen.
Winckelmann, famoso crítico de arte del siglo XIX dijo de él que era "un maravilloso roble privado de sus ramas y su follaje".
Como curiosidad: este torso ha sido objeto común de aprendizaje de todos los estudiantes de Bellas Artes desde el siglo XVI. El mismo Miguel Ángel parece imitar este torso y su disposición en muchos cuerpos de la Capilla Sixtina. Su expresión está tan concentrada y es tan dinámica que supone un reto para cualquier pintor o escultor que se precie.