El otro día unos amigos me llevaron a este rincón escondido y pintoresco del centro de Madrid.
O te llevan o es imposible imaginarse que junto a los cines ideal, en un desvencijado portal puedas encontrar un sitio como éste.
Lo cierto es que al principio crees que se trata de una broma, porque el ascensor tiene solera y raya la antiguedad, pero una vez en el sexto piso el restaurante huele a tradicional y la terraza aunque poco espaciosa es una gozada.
En cuanto a la viandas, pimientos del padrón, una tabla de chorizo, morcilla y demás frituras bastante prescindible y un adobo bastante destacable si no lo recuerdo mal.
En definitiva un rincón al que llevar a esos amigos que vienen a visitarte de vez en cuando y quieres llevarse una visión diferente de Madrid.
Es uno de esos sitios "escondidos" que parece conocer todo el mundo, ya que es muy difícil conseguir mesa en la terraza y el follón y el bullicio es constante. Las vistas, sobre todo al atardecer (ver panorámica adjunta) son espectaculares y es lo que hace de este lugar algo especial, ya que el servicio, a pesar de ser amable, es bastante deficiente (3 veces tuvimos que reclamar nuestro pedido), y la comida, sin ser para tirar cohetes, es correcta y a buen precio. Los pimientos de padrón unos pican y otros....También, y las patatas con salsas están buena.
La más deliciosa cocina tradicional española puede degustarse en este restaurante especializado en platos típicos de nuestro país. Allí, el glamour de los tonos granate del local invita a los comensales a sumergirse en una multiplicidad de sabores y aromas que enamoran. Cuentan con un menú degustación imperdible, donde ofrecen una gran variedad de platos elaborados con los productos de máxima calidad.