Perseo era un héroe griego antiguo que tuvo que ser protegido por el rey Policdetes. Éste se enamoró de Danae, pero ella lo rechazó. Con la esperanza de destruir su resistencia, Polidectes envió a Perseo en una misión peligrosa para liberarse de él, ya que sentía celos de Perseo. Tenía que ir a buscar la cabeza de la Medusa Gorgona. En lugar de pelo, tenía la Medusa serpientes en su cabeza y cualquiera que mirara sus características horribles se convertía en piedra. Sin embargo, con la ayuda de Atena y Hermes, Perseo pudo matar a Medusa.
La escultura que encontraremos en el Vaticano narrándonos esta historia pertenece al escultor Cánovas. Éste no es un escultor clásico, sino del siglo XIX. Pero era tanta su fama y buen hacer -recordemos por ejemplo "Cupido y Psique"- que se le permitió ingresar entre las más afamadas obras clásicas de los Museos Vaticanos. Bellísima. La expresión de horror de la cabeza de Medusa es magistral.