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De interés cultural en Venecia

40 de interés cultural en Venecia

De interés cultural en Venecia
Gueto de Venecia
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Venecia es una ciudad llena de rincones bonitos y curiosos. Uno de estos situado al norte de la ciudad, es la zona donde en la época medieval se estableció un gueto para concentrar a toda la población judía. Se encuentra encerrado entre varios canales, estrechos pasadizos y altos edificios, que curiosamente son los más altos de toda la ciudad italiana. Aquí podrás perderte por calles populares donde apenas encontraras turistas. Hay dos sinagogas en las que hacen oficios religiosos, pero hoy en día viven pocos judíos en esta zona.
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Lido
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A un lado, las vistas de Venecia, el trasiego del pequeño puerto, el pueblo. Al otro lado la playa, playa infinita con sus casetas que parece continúan en los años 70. El hotel Excelsior.
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Regata Storica di Venezia
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El primer domingo de septiembre se celebra la tradicional Regata Storica en Venecia. Consiste primero en un gran desfile de embarcaciones típicas del siglo XVI, encabezada por el barco que representa a la República de Venecia llamado Bucintoro , conmemorando la entrada y acogida que en 1489 tuvo Caterina Cornaro (esposa del rey de Chipre) que renunció a su trono en favor de Venecia. A continuación comienza la competición entre regatistas y gondoleros. Hay diferentes pruebas para hombres y mujeres dependiendo del tipo de embarcación. Realmente es un espectáculo y una suerte estar en Venecia y coincidir con la regata.
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Colección Peggy Guggenheim
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La colección de Peggy Guggenheim en el Gran Canal, es el museo más importante de Italia de arte europeo y americano de la primera mitad del siglo XX. Está situado en el Palacio Venier dei Leoni. El museo fue inaugurado en el año 1980 y exhibe la colección personal de Peggy Guggenheim. Hay obras maestras de la colección de Gianni Mattioli, está el jardín de la escultura de Nasher, y presenta exposiciones temporales. Entre los movimientos representados están el cubismo, el futurismo, la abstracción, el surrealismo o el expresionismo abstracto. Cuenta con obras de Picasso, Duchamp, Lèger, Brancusi, Delaunay, Braque, Picabia, Mondrain, Kandinsky, Arp, Klee, Miró, Giacometti, Ernst, Magritte, Rothko,Dalí, Pollock, Moore, Calder, Marini, Anish Morandi. La colección de Peggy Guggenheim es gestionada por la Fundación Solomon R. Guggenheim, que también gestiona el museo de Solomon R Guggenheim de Nueva York, el museo de Bilbao, el de Berlín y el de Las Vegas.
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Crucero en Venecia
Serie de 4 fotografías tomadas al atardecer donde se muestra el contraste de la clásica Venecia con la modernidad de un crucero actual. Estan tomadas desde la zona de la piazza de San Marco, unas desde el Campanille y otras desde el principio de la piazza.
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Trono de Atila, una curiosidad en la isla de Torcello en Venecia
Esa una curiosidad. En la isla de Torcello, en la laguna de Venecia, frente a la Catedral bizantina de Santa María de la Asunción, te sorprenderá ver un gran sillón de piedra. Está frente a la fachada de la iglesia. Es conocido como el Trono de Atila pues se dice que dicho asiento de piedra fué utilizado por el rey de los hunos. La realidad es que existe documentación alguna que confirme esta teoría. O sea, se tratará de una simple leyenda. Pero cuando te sientas en el Trono de Atila, no dejas de preguntarte si realmente se sentó también Atila en él.
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Murazzi en bicicleta
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Eso si cuando pone que solo bicis sencillas nada de tándem hacerles caso, es prácticamente imposible ir con las otras! Además no olvidéis el traje de baño si sois pudorosos hay zonas donde no hay nadie y puedes bañarte absolutamente solo.
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Royal Caribbean Cruises - Crucero por el Mediterráneo
ESTO NO ES UN DIARIO.- No lo es, al menos, en el sentido convencional del término, tal cual había sido mi intención inicial, que no ha llegado a materializarse por pura y simple vagancia. Valga, en cualquier caso, como recopilación de apuntes desordenados y asistemáticos sobre mi experiencia de viaje, que ni siquiera sé si llegará a ser algo que quepa considerar como memoria de viaje, o algo así. Ya veremos. ESTAMOS HABLANDO DE UN CRUCERO.- Es nuestro primer crucero, y lo que más me sorprende es que la experiencia se parece extraordinariamente a la idea preconcebida que me había hecho sobre él: esto viene a ser una especie de enorme hotel flotante, en el que predomina un público de corte familiar (entre el que me cuento e incluyo), con hábitos y pautas de vida bastante convencionales (que comparto), que se dedica durante una semana a instalarse en una burbuja (en la que yo también me instalo, cómo no, y tan gustosamente...) que se sostiene sobre una logística muy rodada y contrastada, especialmente apta para satisfacer lo que ese público viene (venimos) buscando: ocio, relax, disfrutes elementales (comida, bebida, diversión, sueño, turismo sin sorpresas ni sobresaltos). ¿Bueno, malo? Supongo que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. VENECIA.- Ya conocía Venecia, pero lo cierto es que hacia muchísimos años que había estado en ella (por aquel entonces no es que no existieran smartphones: aún no se había inventado el fax...). En consecuencia, no guardaba, prácticamente, recuerdo alguno de esa visita, más allá de alguna pincelada difusa que esta nueva visita ha llegado a refrescar y avivar. Pero me ha vuelto a parecer una ciudad muy hermosa, y con un aire de originalidad decadente que la hace exclusiva y muy, muy particular, aun con el acopio de esas hordas turísticas que nos empeñamos en convertirla durante todo el día en una especie de decorado deslumbrante para una representación teatral en la que innumerables paquistaníes se dedican a la venta intensiva de palos de selfie (ese invento con el que algunos/as terminan de apuntillar su incapacidad patológica para dejar de hacer fotografías con el móvil durante más de medio minuto seguido...). Venecia merece una visita tranquila y particularizada, pero si bien lo segundo puede ser bastante factible, lo primero, lo de la tranquilidad, se me antoja harto complicado (salvo que draguen los canales...). MADRID.- Hacer mención a un lugar el que todo se limita a unos tránsitos fugaces y sin nada especialmente significativo (aunque incluyan una pernoctación), es posible que no tenga mucho sentido. Más aún cuando hablamos de Madrid, y las horas pasadas en ella se pasan entre expectación, nervios y una preocupación que, aunque no sea especialmente intensa, no se diluye hasta que te abrochas en el cinturón y te aprestas a despegar (a la ida) o recoges las maletas y tomas rumbo hacia la estación donde tomarás el tren (de vuelta). Madrid bien vale otro tipo de experiencia: ya llegará. SPLIT.- Una grata sorpresa. Esperaba encontrarme con una ciudad anodina, gris y sin mayor interés (puro prejuicio: no tenía referencia alguna sobre la que soportar tal expectativa), y, por el contrario, tuvimos la ocasión de disfrutar de un agradable paseo por un casco antiguo recogido, limpio y tranquilo (en esto último quizá tuvo no poca influencia el día y la hora en que hicimos la visita, un martes por la mañana), en el que quizá ni el mismísimo Diocleciano pudo llegar a soñar, en su mayor momento de grandeza, que llegaría a imperar por tanto tiempo. Ah, y un detalle curioso: hay una fuente a la salida del casco antiguo con un agua fresca y sabrosa (¿quién dijo que el agua era insípida...?) de la que, quizá, bebieron en más de una ocasión aquellos chavalotes que, a principios de los noventa del pasado siglo, se exhibieron por las canchas de baloncesto de toda Europa. Quién sabe. ZARPAR, NAVEGAR, ATRACAR.- La dinámica de transporte en un crucero es muy elemental: zarpas, navegas y atracas (o fondeas, como en Santorini); zarpas, navegas y atracas; y así hasta que terminas el periplo previsto. Supongo que la parafernalia técnica que sustenta esa dinámica tan simple debe tener su complejidad, pero es algo que se me escapa por pura y dura ignorancia. Lo importante es que genera unas rutinas a las que te vas adaptando con el paso de los días, si bien no hay tiempo suficiente para que se te hagan pesadas. La navegación, por otro lado, te permite disfrutar, cuando se desarrolla en el tramo horario adecuado y las condiciones atmosféricas no lo impiden (algo que, en este viaje, no ha supuesto mayor problema), de uno de los mayores placeres que proporciona un viaje de este tipo, como es el de ver ponerse el sol en la línea del horizonte marítimo. Elemental. Y grandioso. Para añorar eternamente. CORFÚ.- Bonita isla. No es sorprendente que la emperatriz Sissi se hiciera construir en ella un gran palacio para tratar de paliar su depresión galopante: como alternativa al Prozac, muy apropiada (eso sí, dudo mucho que al alcance de cualquier bolsillo...). Intuyo que su casco antiguo debe tener cierto interés (ignoro si tanto como para justificar una futura visita específica), pero la brevedad de la escala no nos permitió adentrarnos en él, así como tampoco pudimos catar las bondades de alguna de sus muy celebradas playas (y conste que nos hubiera gustado, y mucho). El tiempo, siempre implacable —habrá que volver sobre ese tema—. SANTORINI.- La vista nocturna de los acantilados de la costa, con los luces de Fira coronando las alturas, ya hacen, probablemente, que merezca la pena visitar esta pequeña isla, pero otro cantar sería el de los méritos de dos pequeños pueblecitos (Fira y Oia) a los que no se les puede cuestionar su disposición de un sinfín de rincones pintorescos, basados en lo laberíntico de sus callejuelas y lo sorprendente de que, a la vuelta de cualquier esquina, pueda aparecer una vista en escorzo que combine paredes encaladas, tejados azules y riscos cortados sobre el mar poco aptos para aquejados de vértigo, pero que no dejan de ser excesivamente 'postaleros' (sensación reforzada, aún más si cabe, por la acumulación de las 'tribus turísticas' en las que, sí o sí —horario de barco obliga...—, te has de integrar). Ah, y puestos a elegir entre burro o funicular, echen una moneda al aire, y que el azar elija; eso sí, si sale funicular, advertidos quedan de que la marcha es tan fulminante como espectacular. EXCURSIONES (ORGANIZADAS).- Cara y cruz, pros y contras. ¿La cara? La comodidad: el autobús te lleva y te trae, el/la guía te explica, el organizador decide dónde y cómo vas, qué ves, cuánto tiempo estás; preocupación cero. ¿La cruz? La falta de margen de maniobra, las limitaciones que todo lo antes apuntado imponen: no puedes decidir dónde ni cómo ir, ni qué ver ni cuánto tiempo estar. Y eso, para los que gustamos de contar con la capacidad de modular qués, dóndes, cuántos y cómos, convierte la experiencia en algo un tanto frustrante (no entraré en consideraciones sobre precios: francamente, soy incapaz de valorar hasta qué punto los mismos son, o no, ajustados al servicio que retribuyen). No sé si habrá más cruceros, pero creo tener claro que, en caso afirmativo, y salvo circunstancias muy particulares que nos lo hagan aconsejable, las excursiones será por libre. HERAKLION, CRETA.- Habría que hacer el esfuerzo (de justicia) de intentar valorar este lugar, al igual que se hace con el resto de los puntos de escala, de una manera objetiva e incondicionada; pero me temo que es inevitable, y no cabe escapar de ello (porque ésa es la realidad), que toda valoración viene lastrada por la idea de que esta escala era la que sustituía a la llorada y anhelada de Estambul. Mucha losa esa de Estambul, me temo... En cualquier caso, y más allá de ese (pesadísimo) lastre, la de Creta fue una parada altamente decepcionante, en particular para toda persona cuya vocación arqueológica no le hiciera extasiarse con unos restos, los de Cnossos, cuyo interés y trascendencia históricas están infinitamente por encima de un 'valor de exhibición' muy limitado, que aún se ve más mermado por la mortífera combinación de calorina y canto exasperante de chicharra, con fondo orquestal de horda turística (lo que cabe esperar de una visita que se hace en una tórrida mañana de agosto sabatino). En fin... En cuanto a la capital, Heraklion, su acumulación de suciedad y desaliño arruinan cualquier mínima posibilidad de un goce estético que ni siquiera pudimos contrarrestar con una opípara comida rematada con un licor (el orzo) y un postre dulce (cuyo nombre ignoro, pero cuyo sabor a base de almendra, canela y miel no voy a olvidar por el resto de mis días...) típicos de la tierra. Si disponen de alguna lectura apetitosa, o aún no se les fundieron definitivamente los 'plomos bailones', una excelente oportunidad de tomarse un descansito sin bajar del barco. ¿TIEMPO LIBRE?.- Paradojas de la vida. Uno asocia la idea de vacaciones a la de tiempo libre, ese paréntesis respecto a las rutinas laborales en el que se dispone de todo el día para hacer lo que, más allá de imperativos fisiológicos, te apetezca en cada momento. Pero en la vacaciones del crucerista, eso es enormemente relativo: el diario de bordo pauta, marca y acota las horas del día y señala tu agenda para mañana, tarde y noche, dejando un margen de autonomía muy limitado. Bendita esclavitud, que diría aquel, por supuesto, teniendo en cuenta que es la que uno/a elige para sí mismo; pero no está de más tenerlo en perspectiva y no perderlo de vista. Al fin y al cabo, asomado/a a la borda, y contemplando la inmensidad del mar que te rodea por todos y cada uno de los trescientos sesenta grados alrededor de los cuales te puedes girar sobre ti mismo/a, también es fácil no saber si eres el ser más libre sobre la tierra (nada limita tu mirada) o el más condenado/a de los esclavos/as (no hay escapatoria). Lo dicho, paradojas. Como en todo. Como siempre. ATENAS.- Fin del periplo, guinda del pastel. Atenas es una ciudad enorme, interminable, extendida a lo largo y ancho de kilómetros y kilómetros de construcciones no siempre hermosas ni armónicas ni monumentales (obviamente...), en cuya contemplación la vista llega a perder punto de referencia, tal es su extensión. Entiendo que conocerla mínimamente requiere un volumen de tiempo respecto al cual aquel del que dispusimos no alcanza ni el nivel de triste broma, pero no quisiera ponerme pesado (más aún) con ese tema, así que ahí lo dejaremos. Nos hubiera gustado pisar la plaza Syntagma, no pudo ser, quizá otra vez será. En cualquier caso, el estremecimiento que te recorre el cuerpo ante la contemplación del Partenón, con el fondo de un cielo azul tan intenso e inmaculado que parece sacado de un experimento informático, es de esas experiencias que no se olvidan en mucho tiempo. Lo icónico y lo básico a un tiempo. Soy incapaz de imaginar qué se puede sentir en idéntica tesitura y distinta circunstancia (pongamos, por caso, unos grados menos de temperatura ambiente y una reducción significativa de público —o, casi mejor, de palos de selfie...—), pero no es complicado suponer que el incremento del placer debe ser considerable. Si hay lugar, lo contamos en el próximo... ESTO NO ES UNA GUÍA.- No fue en ningún momento la intención, pero, por si acaso, leída de inicio a final, me queda claro que poca información práctica habrá encontrado quien haya dedicado a su lectura el ratito que requiere (no mucho, no es un texto demasiado extenso, tampoco ha habido en ningún momento intención de castigar a nadie...); en todo caso, si ha habido algún apunte, alguna impresión de la que el lector, o la lectora, haya podido extraer alguna idea aprovechable, se da por bueno el empeño, de cuya escritura yo, al menos, disfruté lo suficiente. Salute...
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