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Cartuja de Miraflores

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68 opiniones sobre Cartuja de Miraflores

Arte de referencia

La Cartuja de Miraflores es un monasterio que se encuentra en pleno parque natural de Fuentes Blancas. La entrada es libre y se puede dar un donativo al salir o colaborar con los productos que hacen los monjes. Es de estilo gótico final, perteneciente al Siglo XV, y dentro contiene las mejores obras de Gil de Siloé: el sepulcro en forma de estrella de los padres de Isabel la Católica y el infante Alfonso, ambos realizados en alabastro. También es de Siloé el retablo mayor, tallado en madera de nogal y policromado posteriormente por Diego de la Cruz. Creo que el oro fue traído por Colón desde América.

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En los mejores museos

La Cartuja en un monasterio de monjes ermitaños. Se puede visitar la iglesia, el maravilloso patio central, la sacristía, la galería de las capillas laterales y una pequeña capilla dedicada al fundador de la orden, San Bruno. Destacan los panteones reales de los padres de la reina Isabel la Católica y el Infante Don Alfonso, realizados en alabastro por Gil de Siloé, y el imponente retablo construido por el mismo artista gótico. La belleza que presenta la Cartuja es inmensa, pero sería aún más su valor si se conservaran todas las obras que han ido perdiendo por expolios y desamortizaciones. Por ejemplo, faltan 5 tablas del altar de San Juan Bautista, dispersas por varios museos y colecciones del mundo, una tabla de la Adoración de los Reyes Magos, el tríptico de Miraflores del conocido Roger van der Weyden, el cual se conserva en el Staatliche museum de Berlín, seis tablas del Maestro de Miraflores que salieron del monasterio en la desamortización de 1835 y se encuentran en el museo Nacional del Prado en Madrid.

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Su historia monárquica.

El origen de la Cartuja de Miraflores se remonta a 1442, cuando el rey Juan II dona a la orden cartujana un palacio de recreo situado a 3 km de la ciudad de Burgos. La intención era que los monjes lo tomaran como monasterio, reformándolo, y así lo hicieron. Un desgraciado incendio en 1452 logró acabar con parte de la estructura obligando a un nuevo ordenamiento constructivo a cargo de Juan de Colonia. Con la muerte de Juan II, se paralizaron las obras hasta 1488 cuando la reina Isabel la Católica se convirtió en la gran promotora de la Cartuja, tal y como es recordada hoy en día. Fue ella quien dio la orden de construir un panteón para que descansaran los restos de sus padres y otro para su hermano el infante Alfonso, así como un retablo, encargado del mismo modo a Gil de Siloé, considerado por aquella época como el mejor escultor.

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