Cuando se habla de Mérida, lo primero que suele venirnos a la mente es su fantástico Teatro, así como los mosaicos que se lucen en algunas salas del Museo Romano. Pero nuestros antepasados dejaron otras huellas, como los Circos, donde se llevaban a cabo, entre otros, espectáculos de cuádrigas.
En concreto, el Circo Romano de Mérida, estaba situado fuera de las murallas de la ciudad, debido a sus grandes dimensiones. Más o menos unos 400 metros de largo por 95m de ancho, en el centro se colocaba un eje central alargado, llamado spina, que medía 230m de largo, donde se colocaban obeliscos, esculturas y otros tipos de ornamentación arquitectónica.
Actualmente se conserva gran parte de la estructura del Circo, pero por sus dimensiones se hace complicado observarlo en toda su plenitud. Se ha creado en el mismo Circo un Centro de Interpretación para poder comprender un poco más la funcionalidad del recinto y su estructura. Hay también en el centro una maqueta de como fue en sus tiempos. Una de las curiosidades que se explican es que en este Circo se rodó la famosa película Ben-Hur.
Una vez estás en la explanada te sientes muy chiquito, imaginando las gradas llenas de gente, casi treinta mil, animando, gritando, el polvo que levantaban los caballos, el relinchar de los animales y el olor que debían desprender.
Para llegar al Circo Romano hay que salirse un poco del centro de Mérida, pues lo más turístico está concentrado en un punto muy concreto, pero para ver el Circo, la Casa de Mitreo y el Columbario es necesario ir un poco más allá. No hay tampoco mucha distancia, pero no están en un lugar de paso precisamente.