Una de las cosas que más me sorprendió de Buda, además de que sus calles son Patrimonio de la Humanidad es la existencia del laberinto que recorre sus bajos. El subsuelo de la ciudad está lleno de pequeños pasillos que han sido restaurados e iluminados y que pueden ser visitados por el turista. De hecho, han creado rutas y te permiten hasta comer en el interior como si se tratara de un lugar para hacer un picnic. Me gustó bastante.