En la estación de autobuses de Mérida, sufrí una de mis peores experiencias y es por lo que quiero ponerlo en conocimiento de viajeros y usuarios, para que tomen debida nota de lo acontecido, con el fin de que tengan conocimiento, de las complicaciones de viajar de madrugada desde esa estación. A continuación, paso a detallarles los hechos.
Los hechos ocurrieron este invierno pasado (muy frío), después de esperar a la intemperie durante casi una hora, dado que el autobús llegó con retraso. Al llegar, me encuentro con la estación completamente vacía y cerrada, un frío extremo, las 5h. De la madrugada y no puedo entrar para refugiarme, no funcionan ni tan siquiera las máquinas expendedoras de agua, no hay ni un mísero retrete y ningún lugar para resguardarme de las inclemencias del tiempo (la espera tuve que hacerla en los andenes). Pero, cuando llega el autobús en el que debo viajar, sale de dentro de la estación, una persona que según me explicaron más tarde, era “el guarda” de la estación y con cara somnolienta (recién despierto y con los ojos aún pegados) y poca educación (no dijo tan siquiera “buenos días”, aunque hubiese sonado a pitorreo dado el frío reinante), se enciende un cigarrillo y comienza a hablar e intercambiar documentos con el chofer del autobús. Momento, que aprovecho para echar una ojeada desde la puerta al interior de la oficina, donde observo, que se encuentra muy bien acondicionada, es decir, dispone de calefacción, televisión, máquina de café e imagino que alguna que otra cosa más que no me dio tiempo a ver. Al parecer, “el guarda”, se limita a permanecer en la estancia habilitada para él (estancia que nadie sabe de su existencia, debido a la gran desinformación reinante, es decir, ni un cartelito en la puerta), manteniendo sus puertas y ventanas bien cerradas, al frío, al público y a cualquier ser vivo (al menos en invierno). ¿No entienden los gestores de dicha estación o los organismos competentes que estas importantes deficiencias van en perjuicio de los intereses comunes y económicos de esa región? ¿Qué pensarán los extranjeros que pasen por una situación parecida a la mía? ¿Qué recuerdo se llevarán de España y en especial de Extremadura? ¿Así piensa a fomentar el turismo?
Tal vez, opten por hacer como yo, es decir, no volver a viajar en autobús a ciertos destinos, como es en este caso, el que nos ocupa.
La estación de autobuses de Mérida es sencilla. Tiene una cafetería, como todas las estaciones, y autobuses que vienen y van... nada en particular. Me llama la atención que en medio hay una pequeña muestra de cerámica extremeña. El dorao y la cerámica. El dorao, que se limpia con pimentón, vinagre y tomate, es en realidad cobre. El de la estación de autobuses está un poco oscuro, hay gente que lo prefiere así, pero tras limpiarlo queda brillante como si fuera de oro, de ahí el nombre de 'dorao'.
Es un objeto de decoración de las casas de Extremadura hoy en día, pero antaño fueron utensilios de cocina. Éste que luce en Mérida es un escalfador, para calentar agua al calor de la lumbre. Pero más atención me llama la muñeca de cerámica. Son obra de RAfael Ortega, Premio Nacional de Artesanía y Medalla de Extremadura que murió hace poco. Convirtió la alfareria en un arte genuino y propio, siendo estas figuras su mejor seña de identidad. A mí me encantan.Un salto, entre la artesanía tradicional y la actual en Extremadura.