Jerez de la Frontera
Experiencias de los viajeros en Mercadillo de los Gitanos

Mercadillo de los Gitanos

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El Viajero

Cuando entro en un mercadillo me pare...

Cuando entro en un mercadillo me parece estar dentro de un zoco árabe. Imagino que no hace tantos siglos la mayoría de las ciudades andaluzas funcionaban con estos mismos mercadillos. En cierta forma la etnia gitana ha recuperado una tradición que el modernismo había eliminado con sus mercados de abastos permanentes.

En Jerez hay cuatro mercadillos, aparte de los que se organizan de manera ocasional como los de los Mormones donde regalaban los artículos o el Navideño por citar sólo dos ejemplos. Pero el más grande, la madre de todos los mercadillos es el de los gitanos, así se le conoce popularmente.

Se ubicaba en la explanada del recinto ferial, al norte de la ciudad. Era inmenso, allí podías encontrar cualquier cosa ya fuese ropa, calzado, accesorios, golosinas, herramientas, artesanía… cualquier cosa.

Recuerdo que sus inicios fueron desbordantes, porque el número de puestos se multiplicó a gran velocidad. Lo que ellos ofrecían era tan barato comparado con el comercio tradicional que no tenían competencia. Claro que eran productos de segunda calidad pero te hacían el mismo avío.

Con el tiempo nacieron otros mercadillos, especialmente el del domingo en la Alameda Vieja, de sellos, libros, cuadros… de cualquier cosa de segunda mano que tuvieses en casa y te apeteciese vender. Un día compré un cuadro por mil pesetas, de esos grandotes que te llenan media pared del salón.

El mercadillo de los gitanos, como aún sigue siendo conocido este mercadillo, fue trasladado a la zona sur hace algunos años, al aparcamiento del estadio de La Juventud, en la Hijuela de las Coles. En sí el lugar es bueno porque ahora está más cerca de los barrios del sur de la ciudad, donde más se busca el ahorro en la compra. Pero llevamos años de crisis y las ventas siguen cayendo, el número de puestos se ha reducido y los comerciantes se mantienen gracias a que se pasan toda la semana de mercadillo en mercadillo.

Aunque se sigue llamando de los gitanos, porque antes todos los vendedores eran gitanos, ahora la mitad aproximadamente de los mismos no lo son. Pero la estructura es la misma: Tenderete formado por barras de aluminio sosteniendo lonas, vocear los artículos, furgoneta a la espalda del mismo puesto.

Para encontrarlo tomar como referencia que se halla en la zona sur de la ciudad, junto a la salida hacia Cádiz. Se celebra los lunes hasta pasado el mediodía, habiendo otros mercadillos menores otros días de la semana. Asimismo en las pedanías de Jerez se celebra un mercadillo semanal por lo que podemos afirmar que cualquier día de la semana podemos ir a un mercadillo.

Como se puede ver en las fotos sigue habiendo animación pero la crisis ha menguado mucho la posibilidad de comprar. Estuve aquí el pasado lunes, necesitaba algo de calzado y nos dimos una vuelta buscando algo barato. Al final me decidí por unos castellanos por sólo diez euros y unas botas de media caña para el campo por once euros. La mayor parte de los puestos venden textil, muchos de ellos realizando ofertas de ropa por un euro o pantalones por tres. El calzado también es un artículo muy apetecible en el mercadillo. Luego no faltan los puestos de golosinas, algunos tenderetes de artesanía, fruteros, verduleros y vendedores de piezas eléctricas y todo tipo de accesorios.

Naturalmente el mercadillo, que abre oficialmente sus puertas a las diez de la mañana y cierra a la una más o menos, dispone de servicios públicos pero es demasiado personal y es preferible usar el de algún bar de la zona. Asimismo de recogida de basura y de policía municipal, muy necesaria porque éste es lugar abonado para carteristas. Aunque charlamos con la pareja y a las doce de la mañana aún no habían tenido que intervenir.

El problema es aparcar en las cercanías, esto se pone fatal y cuesta encontrar un hueco, es el asunto pendiente de este mercadillo de los lunes. Recuerdo que cuando trabajaba en otro departamento de mi empresa tenía una compañera que siempre llamaba los lunes alegando que no podía ir porque tenía jaqueca. Algunas veces al hacerlo hasta le encargábamos que nos comprara algo. Eso sí, regateando que es como hay que comprar en estos mercadillos, al estilo tradicional andalusí.
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