Nada más salir de las estrechitas calles del casco histórico nos encontramos con esta iglesia, que ocupa una manzana, en la Plaza de San Pedro. Es gótica, aunque como se asienta sobre una antigua mezquita, contiene también elementos mudéjares. Me pareció bonita y distinta a otras de las que habíamos visto hasta ese momento. Tiene dos portadas, una en la C/ Sor Angela de la Cruz, y otra en la misma plaza, realizada por Diego de Quesada en el siglo XVII, que contiene la imagen de San Pedro en una hornacina (esculpida por Martín Cardino).
Pero lo más importante es su torre, ya que es, después de la mítica Giralda, la segunda más alta de Sevilla. Tiene un cuerpo que conserva partes mudéjares, un campanario barroco con ocho capillas, y está rematada en un chapitel decorado con azulejos.
Como todas las iglesias que vimos en la ciudad hispalense, en su interior contiene verdaderos tesoros artísticos, en sus numerosas capillas: La capilla Mayor (con esculturas de Felipe de Rivas y pinturas representativas de la vida de San Pedro, así como la Inmaculada Concepción), la de San José, la Sacramental (con pinturas de Zurbarán y Lucas Valdés), la de las Animas, la del Sagrario (con la talla de Nuestro Padre Jesús de la Salud), la del Pilar, la del Cristo de Burgos (que comparan con la talla de la catedral de Burgos)... Hay infinidad de retablos de los siglos XVII y XVIII.
Esta iglesia es la sede de las Hermandades del Cristo de Burgos y de Nuestra Señora del Pilar.