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Islas en Corfú

4 islas en Corfú

Islas en Corfú
Corfú
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Corfú me sorprendió muchísimo...para bien. Tras una semana navegando en velero, desembarcamos allí para pasar un día antes de volver a España. Disfruté enormemente paseando por sus calles, fotografiando sus balcones, tropezando con gente pintoresca, enfrascada en sus pensamientos y quehaceres. Me cautivó la señora mayor fumando en un rincón, tan fotogénica, o la señora dando de comer a las palomas. En definitiva, tiene un toque decadente, parecido al de Lisboa, que me fascina. Vale muchísimo la pena recorrer su casco antiguo, sus calles comerciales, sentarse en un café a desayunar y ver la gente pasar. No pudimos tener mejor despedida para el viaje.
Islas en Corfú
Isla de Ítaca
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Llegar a Ítaca algo más de tres mil años después del legendario Odiseo, rebautizado Ulises por los romanos, sigue siendo una pequeña odisea. La isla, a la ya que describió Homero como extremadamente abrupta, no tiene aeropuerto ni es fácil que lo tenga nunca debido a su ruda orografía. Así que, para visitarla, tuve que volar desde Atenas hasta un aeródromo cercano, en este caso el de Preveza, todavía en el continente; tomar un taxi para recorrer más de 50 kilómetros hasta el puerto de Nidri, en la vecina isla de Levkás; esperar el transbordador (solo salen dos al día); navegar durante hora y media para alcanzar el primer puerto itacense, en la bahía de Frikes, y desde allí coger de nuevo un taxi para recorrer los 20 kilómetros que hay hasta Vathy, la capital de la isla y única localidad de Ítaca donde existen hoteles. En total tuve que invertir desde que salí de Atenas entre seis y diez horas por delante para un recorrido que en avión llevaría menos de una hora. Claro está que se trata de una menudencia si se tiene en cuanta que a Ulises le llevó diez años regresar a su patria, después de que las tropas de los reyes aqueos destruyeran la ciudad de Troya merced al famoso truco odiseico del caballo. Un taxista orondo con el que logré mantener una difícil conversación en un inglés chapurreado me condujo hasta el pie del transbordador. Y así, a bordo de una embarcación que llevaba a poco más de una decena de turistas y con la barbilla chorreando jugo de melocotón, vi asomar poco después, a la salida del canal de Nidri, la alta silueta de la isla como el vigoroso lomo de un cetáceo azulado, dando la razón a Homero: "Ítaca, la que se ve de lejos". Ítaca estaba allí delante erguida sobre un mar que a esa hora no era vinoso en sus tonalidades, a pesar de Homero, sino que más bien parecía turquesa alrededor del barco y esmeralda en las orillas. Pobres parecían sus campos mientras, dejando atrás el pueblo de Frikis, ya en tierra itacense, otro taxista, este más esbelto, me llevaba a la capital, Vathy, a unos 18 kilómetros de distancia, corriendo por encima de la inmensa llanura azul del Jónico. Durante las horas del día, con el sol pegando fuerte sobre la isla, Vathy parecía una población casi desierta. Lo más oportuno en la patria de Odiseo era alquilar una motocicleta y recorrer algunos de los lugares señalados por la arqueología como probables emplazamientos del palacio del héroe. Así lo hice. Viajar en moto los 16 kilómetros que separan Vathy, en el sur, de Stavros, en el norte, es un hermoso paseo. Al cruzar el istmo de Aetos, a mitad de camino, bajo el roquedal de la Montaña del Águila, a la izquierda se tiende el manso canal del mar de Cefalonia y a la derecha ondea el mar de Levkás, cercado por los blancos murallones del continente. En Stavros, al mediodía, en la terraza de un viejo café, y protegido por las sombras amables de los árboles, me mimetizo con los octogenarios lugareños: tomo un ouzo con agua y hielo e intento acoplarme a una partida de tabli. La última noche en Ítaca, como la mayor parte de las noches que permanecí en Vathy, cené pescado. Y cuando a la mañana siguiente me alejaba en el transbordador pensaba que sería bueno volver a la isla algún día, como quien regresa a casa. Si te gusta la literatura, Ítaca es una de tus patrias. Al descender en el puerto de Levkás compré un par de aromáticos melocotones. Algún día probaré en los huertos itacenses los higos de septiembre. No es un mal pretexto para el regreso.
Islas en Corfú
Isla de Vido
La isla en la que se ubicaron a los pacientes soldados serbios durante la Primera Guerra Mundial. Están enterrados más de seis mil guerreros, y la isla es un gran mausoleo monumento a estos guerreros serbios. Las aguas que rodean la isla son conocidas como las tumbas azules, y los pescadores griegos han hecho un voto de que en esas aguas, no se pesque.
Islas en Corfú
Corfú II. Kanoni
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Mi descanso