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Abadías en Aragón

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18 abadías en Aragón

Abadías en Huesca
Ayuntamiento de Huesca
(5)
Abadías en Brea de Aragón
Brea de Aragon
(3)
El paseo en este museo comienza adentrándote en los orígenes de esta comarca y del zapato y como se ha avanzado la tecnología en cuanto a la fabricación de los mismo. Un bonito paseo por la historia.
Abadías en Zaragoza
El Ojo del Canal
(1)
A lo largo de su recorrido el Canal Imperial de Aragón (entra en http://bit.ly/Kmz8jp si quieres conocer su historia) se cruza con dos ríos, por medio de sendos acueductos. Sobre el Jalón se construyeron las espectaculares murallas de Grisén (http://bit.ly/Kmz8jp), y sobre el Huerva, mucho más encajonado, el Ojo del Canal. Hay un mirador, pero para verlo bien tendrás que bajar por una rampa hasta la orilla del río Huerva. Es espectacular. Si quieres hacer un paseo desde las esclusas de Casablanca hasta el Ojo del Canal en el que te encontrarás en muy poco trozo unas cuantas obras de ingeniería del siglo XVIII, muy impresionantes, entra en http://bit.ly/Kmz8jp
Abadías en Zaragoza
La fuente de los incrédulos
(4)
En la Vía Ibérica frente a paseo infantes de España, se construyó al terminar las obras del canal imperial de Aragón por Ramón de Pignatelli, se llama así en honor de todos los incrédulos que no creyeron que el canal se terminase y fuese navegable.
Abadías en Zaragoza
Monumento a Pignatelli
Y, sin duda, éste es el rincón q más comparto porque paso en él unas 22 h. diarias. Lo comparto con mis niños: Perkins, Bogart y Cooper. Cuando estoy muy triste y me ven llorar enseguida vienen a darme mimos y besitos.
Abadías en Zaragoza
Museo Diocesano de Zaragoza
(1)
La entrada es muy barata, 3€. No es muy grande pero los objetos son preciosos.
Abadías en Ibieca
San Miguel de Foces
En mitad del campo, a unos dos kilómetros de Ibieca, esta iglesia queda de la época de señorío de Foces y en su interior se han restaurado sus preciosos frescos del gótico lineal.
Abadías en Zaragoza
Casas de los Sitios
(3)
Los dos Sitios que sufrió Zaragoza a manos del ejército napoleónico entre junio de 1808 y febrero de 1809 son con toda seguridad la mayor catástrofe de la historia de la ciudad, pero al mismo tiempo son también el motivo de que sea conocida en medio mundo, pues el nombre de Zaragoza se convirtió a raíz de la desesperada resistencia de sus habitantes contra los franceses en algo mítico. En la segunda guerra mundial, por ejemplo, se decía que el único asedio que se podía comparar con el de Stalingrado era el de Zaragoza, y que antes de las bombas atómicas de Hiroshima solo había una catástrofe que hubiera afectado de una manera comparable a la población civil, y también se refería a los Sitios. Durante el primer Sitio los franceses atacaron por la zona sur de la ciudad, entre las puertas de Sancho, el Portillo y del Carmen. Sin embargo, durante el Segundo Sitio los ataques se centraron en la zona del Huerva. Los zaragozanos habían talado los olivares y habían convertido algunos edificios que estaban fuera de las murallas en auténticos fuertes (el reducto del Pilar, el convento de San José, el molino de Goicoechea, cuyos restos pueden verse en el Parque Bruil...). Sin embargo, todos ellos fueron cayendo en manos de los franceses, que cuando habían conseguido conquistar todas aquellas posiciones avanzadas fueron avanzando construyendo trincheras en zig-zag hasta la misma base de las murallas (las que hoy podemos ver en la calle Asalto). Una vez allí consiguieron reventar el ábisde del convento de Santa Mónica y entrar por allí al de San Agustín, que estaba pegado. Cuando después de una terrible resistencia por parte de los zaragozanos que lo defendían consiguieron salir a la calle, se encontraron con que allí las normas de la guerra clásica no valían para nada. No solo la ciudad no se rindió, sino que a partir de aquel momento tuvieron que luchar prácticamente habitación por habitación. La mayor parte de las casas de esta zona quedó arruinada en aquellos meses, y por eso aún es más impresionante que esta casa sobreviva como testigo mudo del terror de la guerra. La esquina completamente comida por la metralla, desde el suelo hasta el alero, es el mejor símbolo de lo que aquello fue. Los franceses decían que por aquellas calles soplaba un viento de plomo, y viendo esto está claro que no exageraban.
Abadías en Daroca
La puerta alta de Daroca
Daroca es una localidad extraordinariamente monumental que ha conservado, entre otras cosas, un magnífico conjunto fortificado con dos puertas excepcionales situadas en los extremos de su calle mayor. Probablemente la más conocida es la Puerta Baja, pero hoy vamos a hablar de la Puerta Alta debido a que en ella se puede ver, maravillosamente policromado, el escudo de Daroca, un escudo parlante lleno de hechos reales y legendarios que nos cuentan la historia de esta ciudad. ¿Queréis conocerlo? Pues entrad en http://bit.ly/KPnZLT y descubriréis el por qué de las ocas, de las banderas, de los corporales...
Abadías en Huesca
Sala de la campana de Huesca
(2)
De lo que fue palacio de los reyes de Aragón en Huesca quedan, dentro del edificio barroco del Museo de Huesca, dos magníficas salas románicas, la capilla de doña Petronila y la sala de la campana. Esta se llama así por un episodio en el que se mezclan la historia y la leyenda y que tuvo lugar a principios del reinado de Ramiro II el monje. A la muerte de Pedro I sin hijos le sucedió su hermano, Alfonso I el Batallador, que tampoco tuvo descendencia. Contra todo pronóstico tuvo que reinar el tercero de los hermanos, Ramiro, que era monje. Como no había sido preparado para el trono ni tenía experiencia de gobierno algunos nobles quisieron aprovecharse de las circunstancias, pero el rey les convocó en palacio diciéndoles que quería hacer una campana que se oyera en todo el reino. Cuando llegaron a la "sala de la campana" les cortó la cabeza a algunos de ellos, colgándolas de una cuerda de la bóveda como si fueran el badajo de aquella gigantesca campana que, efectivamente, se oyó en todo el reino. El episodio lo representó José Casado del Alisal en un gran cuadro que se conserva en el Ayuntamiento de Huesca (en el Museo hay una réplica, más pequeña, del mismo autor). Si queréis conocer toda la historia entrad en http://bit.ly/LROZw1
Abadías en Loporzano
San Miguel de Barluenga
Barluenga es una pequeña localidad de poco más de 30 habitantes (pertenece al ayuntamiento de Loporzano), que antiguamente perteneció al cercano monasterio de Montearagón. Allí, en mitad del pequeño cementerio, hay una minúscula ermita gótica, muy, muy sencilla pero con una espectacular sorpresa en su interior. Cuando traspasamos la puerta nos encontramos con que la cabecera conserva unas maravillosas pinturas góticas que representan la resurrección de los muertos y el Juicio final. Al fin y al cabo la ermita se dedica a San Miguel, algo perfectamente adecuado si pensamos que está en mitad de un cementerio (San Miguel es el encargado de pesar las almas en el Juicio Final). La ermita está cerrada, pero a la entrada del pueblo hay una casa en la que te dejan la llave del cementerio y de la ermita, que está restaurada y tiene una buena iluminación. Un maravilloso rincón del Aragón menos conocido.
Abadías en Zaragoza
Monumento a los Sitios
O por lo menos, eso es lo que opinan muchos. Se levantó en 1908, cuando en la ciudad se celebró la Exposición Hispano-francesa que conmemoraba el primer centenario de los dos terribles Sitios que sufrió Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, entre junio de 1808 y febrero de 1809. Los franceses llegaron a las puertas de la ciudad el 15 de junio esperando no encontrar resistencia, y se encontraron con que en agosto tuvieron que levantar el primer Sitio (después de episodios tan conocidos como el cañonazo de Agustina de Aragón) para volver meses después. Finalmente la ciudad capituló en febrero, después de más de 50.000 muertos que la convirtieron en un mito de la lucha contra Napoleón. A Zaragoza le costó décadas recuperarse de aquello, pero a finales del siglo XIX la ciudad vivía un momento estupendo. Fue entonces cuando se empezó a plantear la posibilidad de celebrar el centenario, y se consiguió algo que ninguna otra ciudad española logró: que el Estado financiara lo que se iba a hacer con dos millones y medio de pesetas de entonces procedentes de la lotería. La cuestión es que a la hora de plantear la celebración había dos opiniones muy distintas. Por un lado, un sector más conservador prefería exaltar el heroísmo, las virtudes de la patria... mientras que otros pensaban que era el momento de estrechar lazos con Francia, algo que con toda seguridad tendría consecuencias positivas desde el punto de vista económico. Basilio Paraíso encabezaba este segundo sector, que fue el que consiguió sacar adelante la Exposición Hispano-francesa. Aunque el monumento no estuvo a tiempo para la inauguración, Agustín Querol pudo acabarlo antes de la clausura, y más de 100 años después sigue siendo imponente. La calidad de la escultura, el contraste entre los diferentes materiales, el magnífico marco de la plaza de los Sitios... todo ello contribuye a hacer de él un extraordinario ejemplo de la mejor escultura pública española de principios del XX. Si nos fijamos veremos al general Palafox montado a caballo, al anónimo pueblo zaragozana arrastrando cañones, protagonizando episodios como el de la sublime puerta (la de la iglesia de Altabás, que los franceses tumbaron varias veces y cada vez se levantaba del suelo, empujada por docenas de personas que se negaban a rendirse)... También podremos ver el león zaragozano luchando con el águila napoleónica, y por encima de todo la imagen de la Virgen del Pilar, que en los Sitios se convirtió en la referencia fundamental de la ciudad. En resumen, un estupendo monumento en una plaza de lo más agradable, ideal para darse un paseo mientras nos entretenemos contemplando los mil y un detalles.
Abadías en Aliaga
Las Albadas de Aliaga
(1)
Hacía más de 40 años que, a ritmo de tambor y dulzaina, no se interpretaban las albadas en honor a San Fabián y San Sebastián. Este año el 17 de enero me pilló de ruta por Teruel, y en el Molino de Aliaga me recomendaron acercarme al ayuntamiento por la noche. Mistela y un buenísimo bizcocho ofrecen a los espectadores mientras se recitan cantando hechos del pueblo que provocan más de una carcajada en aquellos que saben de que va el tema, a nosotros nos pillaba despistados, claro.
Abadías en Aratores
San Juan Bautista
Templo antes románico del siglo XII del que solo conserva la cabecera, ya que cinco siglos después se restauró su nave y se añadió la torre campanario y la sacristía. Su portada es austera, con una sola arquivolta, lo que es curioso es su cementerio y las antiguas lápidas con inscripciones que aún se conservan.
Abadías en Tauste
Monasterio de San Jorge
Tauste tiene la iglesia mudéjar de Santa María, con su esbelta torre, la de San Antón, y el convento de las Clarisas o monasterio de San Jorge, como edificios de mayor interés. Este fue fundado en las primeras décadas del siglo XVII, por iniciativa de Pedro Pardo de la Casta y su esposa Jerónima de Antillón para acoger a las monjas Clarisas. Si dais la vuelta a la esquina veréis la iglesia de San Jorge, de finales de ese mismo siglo, con nave única con capillas entre los contrafuertes, y de gran sencillez.
Abadías en Villarluengo
Ermita de San Cristóbal
La ermita de San Cristobal, se ubica a un kilómetro del centro y se ve desde la misma carretera, se accede por la carretera a Allepuz a la izquierda. Es de los siglos XVII-XVIII, de estilo barroco y construida con mampostería vista y sillería. Es objeto de una concurrida romería anual, y consta de una sola nave con tres tramos, cubierta con bóveda de cañón. Desde su entrada hay una bonita panorámica del pueblo.
Abadías en Guaso
La Abadía de Guaso
Desde el puerto podrás contemplar algunas de las más hermosas panorámicas del Pirineo. Para llegar deberás coger una pequeña carretera que sale de Aínsa en dirección a Guaso. Aún con las panorámicas en la retina llegarás al pueblo, donde encontrarás una iglesia románica con su vieja abadía adosada. Es otro excelente mirador de la zona. Casas rurales Huesca http://www.Toprural.Com/aragon/casas-rurales-huesca_bd-es-22.htm
Abadías en Zaragoza
Las murallas de Grisén
(1)
Está bastante bien para almorzar y poco más.