Ander Martínez
dijo:
La verdad es que cada vez que voy a Bilbao hago una visita al Guggenheim, algunas veces entro y otras, las más paseo por los alrededores. Por dentro es espectacular y las colecciones que yo he visto han sido siempre de gran calidad e interés. Por fuera mires hacia donde mires estás viendo una postal. Hay que verlo en todas las estaciones del año, de día y de noche. Con el famoso sirimiri es mágico. Y todavía no acierto a comprender como un edificio de tan considerables dimensiones ha sido capaz de integrarse en el entorno de manera tan brillante. No hay fotografía perdida, te pongas donde te pongas sale una buena foto. Un paseo junto a la ría complementa la sensación de estar en un momento especial y si después te introduces en el Casco Viejo y te tomas unos pintxos y unos txikitos, sabrás que has hecho el viaje de tu vida.
Venga, a viajar.
He estado varias veces, casi en cada ocasión que voy a Bilbao y nunca me canso de verlo. Por dentro aparte de la arquitectura, he visto grandes colecciones, pero lo que más me impresiona es por el exterior, ya que es una gran mole que está totalmente integrada con su entorno. La ría, el titanio, el viejo puente recientemente revestido de rojo, la ciudad allí mismo, el monte también.
Lo dicho, impresionante.
Christian González
dijo:
Cristina Arzadun
dijo:
Beñat Totorika
dijo:
El Guggenheim ha supuesto un antes y un después en cuanto a concepto de museo y montaje de exposiciones: Cuando el espectáculo no está reñido con la calidad.
El taquillaza se consolida como ideal de la industria de la cultura. No extraña: El show business; y por otro lado la identificación de calidad y cantidad es un impulso irresistible de la naturaleza misma de la industrial. El taquillaza es una leyenda seductora que sucede hoy a otras que engolosinaron y menearon la Historia: Después de la piedra filosofal o el elixir de la eterna juventud (que por otra parte sobreviven, transformados, en el seno simbólico de la economía global), el megahit y el pico de audiencia; en vez de la panacea buscamos la franquicia universal; en vez de Eldorado, el “el efecto Bilbao”; en vez de la olla de monedas al final del arcoiris, érase una vez un 100 por 100 de share en prime time.
En cuanto al pequeño sub-negocioado de artes plásticas, ya se sabe que la obra de arte, en contra de lo que decía Benjamín, no perdió su aura en la era de la reproducción técnica de imágenes (más bien al contrario). Pero inesperadamente sus profecías acaban funcionando si pensamos en las instituciones que canalizan esas obras hacia el consumo masivo (y persiguen, en buena lógica, que sea lo más masivo posible): En un mundo de franquicias idénticas son los museos y sus programas los que se esfuerzan por perder cualquier rastro de “aura” que resulte raro, cualquier rasgo no familiar que desoriente o acobarde al público potencial. En la fase de post-industrialización cultural, las industrias se deslocalizan y se aglomeran en grandes multinacionales; las políticas culturales nacionales se plagian y las bienales se roban las agendas; las exposiciones blockbuster se mimetizan y los museos abren cadenas y se transforman en logotipos: Construcciones simbólicas e imágenes de marca que inspiren confianza automática en un público aturdido por la guerra feroz entre logos que es nuestro día a día.
Me gusta muchísimo como edificio, aunque como museo no lo he aprovechado demasiado (lo tengo a 10 minutos de mi casa y habré ido 2 veces desde que lo abrieron en 1997)
Fue todo un acierto la inversión que hizo el Gobierno Vasco, desde entonces Bilbao se ha transformado por completo gracias a este empujón mediático... Ahora grandes arquitectos de todo el mundo aportan sus obras a las orillas de la ría de Bilbao
Museo Guggenheim,hombre de hojalata con corazón de arte contemporáneo.
Capricho de Frank Gehry y acierto de Bilbao.
Epicentro de visitantes y espejo de reflejos del cielo del norte.
Referente mundial en arte contemporáneo,y excusa perfecta para visitar una ciudad con muchos más reclamos.
Desorden en sus formas,envolvente casi imposible,bajo un patrón en el rige la volumetría.Es el inquilino guapo de la ría de Bilbao.
Es un lugar especial no solo por su interes cultural sino por su gran belleza, tanto interna como externa. Solo el admirar este grandiodo edificio desde fuera hace que te envuelva una sensación de paz dificilmente descriptible... Y mas aun por la noche, iluminado por estas magicas luces...
Kaiowa2003
dijo:
Espaciofotografico
dijo:
El exterior es lo mejor en mi opinión, una bonita arquitectura del museo, con un parque al lao para los mas pequeños, e incluso para los no tan pequeños, con una cafeteria cerca para los padres y un bonito paisaje de la ria al lado, con el centro comercial zubiarte a escasos metros. Camino abando podemos ver el paseo , con puppy, la mascota de flores, o la arañita, incluso la universidad de deusto y el ayuntamiento al final.
COn una fuente de chorritos que ascienden, perfecto para tardes de calor de verano.
Desde pequeña he ido al menos una vez al año a Bilbao y siempre me ha parecido una ciudad que tiene algo especial, pero he de reconocer que desde que se creó el museo Guggenheim este encanto se ha intensificado más si cabe. En muy pocos años se ha convertido en uno de los edificios (si no el más) emblemáticos de la ciudad y con razón. El visitante puede pasarse horas y horas disfrutando del exterior del edificio sin cansarse. Como colofón creo que tanto "Pupi", el famoso perro de césped como la araña gigante de metal que se encuentra situada en el otro lado del edificio hacen que el Guggenheim sea único.
No me cansaría de contar maravillas sobre el edificio, pero desgraciadamente mi opinión cambia radicalmente cuando hablo del interior del museo. Sin duda ha sido uno de los museos que más me han decepcionado de todos los que he visitado. Antes de nada he de reconocer que el arte vanguardista no es muy fuerte y no tengo muchos conocimientos sobre el mismo, pero aún así creo que deberían mejorar muchas cosas. Primero, en mi opinión, la guía interactiva que ofrecen al principio lo único que hace es provocar aburrimiento e incluso agobiar al visitante ya que se extiende demasiado con todos los detalles y la voz resulta excesivamente monótona después de diez minutos. Segundo, en cuanto a las exposiciones (sobre todo las temporales) creo que intentan ser tan vanguardistas a la hora de elegir a los autores que se pasan y traen obras demasiado densas para el público general que, al fin y al cabo, es el que paga religiosamente para poder disfrutar del museo.
Mi madre tenía un pescadito dorado con escamas articuladas. Era un colgante que perdió no sé dónde pero que hace mucho que no veo. Hoy estoy delante del Guggenheim y he vuelto a recordar aquel pescadito, partido en trozos pero que tan perfectamente encajaba. Dicen en el museo que el autor, Frank Gehry, no presentó ningún proyecto al concurso, salvo una servilleta con los bocetos que había pintarrajeado en el hotel unas horas antes. Verdad o leyenda el caso es que el museo es todo un acierto, un ejemplo de hacia dónde deben dirigirse las ciudades. No hay una foto que salga fea. El brillo del titanio, la transparencia del cristal, el azul del río... Sólo el edificio merece una visita a Bilbao.