Isla de Pascua
Experiencias de los viajeros en El Ombligo del Mundo
David Bayon

Donde la piedra tiene alma

Rapa Nui, Te Pito O Te Henua, Mata Ki Te Rangi, Rapa la Grande, Isla de San Carlos, Isla de Pascua, Easter Island. Con todas estas denominaciones es conocida la isla habitada mas alejada de cualquier otra población de La Tierra.

Situada en medio del Pacífico sur, culmina el ángulo suroeste del triángulo polinesio y encierra en su forma, también triangular, uno de los tesoros culturales mas misteriosos de la cultura maorí, los Moais y Ahus, manifestación escultórica y ceremonial única en el mundo y que durante siglos, desde su descubrimiento, ha mantenido el misterio de su talla, construcción, desplazamiento y uso, alguno de los cuales aún están sin desvelar en nuestros días.

Saltó a la curiosidad popular a mediados del siglo XX a raíz de la famosa expedición La Kon-Tiki que el explorador y biólogo marino noruego Thor Heyerdahl realizó subyugado por la cultura polinesia intentando demostrar el origen andino de su población y cultura (teoría por cierto desechada en la actualidad) y la publicación de su libro Aku Aku sobre sus investigaciones en Rapa Nui.. Fue el primer extranjero que reconstruyó un Ahu desenterrando un moai en la playa de Anakena intentando dar una explicación a como pudo ser construido y desplazado desde su cantera en el volcán extinguido Rano Raraku hasta su emplazamiento.

Lugar mágico por excelencia, Rapa Nui acoge al viajero después de un largo viaje desde Tahiti o Chile atravesando la masa oceánica del Pacífico Sur para sentirse envuelto, nada mas pisar su rojiza tierra, en un halo de misterio y aislamiento.

En el verano austral de 2002 hice mi primer viaje en solitario a Rapa Nui volando desde Papeete (Tahití), experiencia que repetí en 2004-2005, con mi familia, esa vez desde Santiago de Chile. Despedimos el año 2004 y recibimos el 2005 envueltos en la mágica presencia de los Ahus del complejo Tahai Ko Te Riku.... Sensaciones inolvidables.
Rodamons

kari kari

KARI KARI, es el ballet cultural de la Isla de Pascua, actúan en el anfiteatro de su sede en la calle Atamu Te Kena de Hanga Roa. También en los principales hoteles de Hanga Roa, l Hotel Hotumatua, Hotel Rapa Nui, Hotel Tiare Pacific.

Van alternando sus representaciones una noche en cada hotel. Hanga Roa es una población pequeña y los taxistas conocen perfectamente en que hotel actúan cada noche, así que es aconsejable tomar un taxi y hacer que les lleven. Los taxis en Rapanui son a precio único la carrera para cualquier distancia, un par de “lucas”, viene a ser como un Euro.

El ballet Kari Kari es además una academia cultural que enseña a los jóvenes este arte tradicional.
Kari Kari es el mejor exponente del folklore de Rapanui habiendo recuperado los movimientos, la música, parte por la tradición oral, parte porque nunca se ha dejado. La indumentaria ancestral es la Hei Huru Huru o corona de plumas es la más típica de Rapa Nui.

El baile Hoko es el más antiguo de Rapa Nui, en él hay una mezcla de mímica facial, movimientos de giros y choque de rodillas, movimientos de ojos y manos.

El baile Sau Sau, empieza por una sola pareja dando vueltas entre ellos, representa una fiesta y se van incorporando el resto de bailarines y bailarinas del grupo.

Otros de los bailes genuinamente de la Isla de Pascua es el Tamuré

También ofrecen una serie de bailes tahitianos, éstos más sensuales con movimientos de pelvis y de cadera.

El folklore de Rapa Nui es original y se diferencia del tahitiano por los movimientos no tan suaves, son más bravos y sobre todo la música más fuerte y su rítmica diferente.
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Mabelisima

Isla de Pascua

Marta Azócar Guzmán

La primera noche en Rapa Nui

Mi inolvidable viaje a Rapa Nui, junto a mi amiga Macarena.

Al arribar Isla de Pascua, Rapa Nui o Te Pito Te Henua, el mismísimo ombligo del mundo, comenzó a desarrollarse una mágica y salvaje historia. Nuestros amigos nos fueron a buscar al aeropuerto, con collares de flores, tal como es la tradición. En la escena, sólo faltaba Tatoo, el enano de la “Isla de la Fantasía”, que era nuestro máximo referente. Entre risas, la emoción y el encanto nos cautivó de inmediato.

Rápidamente, recorrimos algunos lugares emblemáticos de Pascua, de la mano del mejor guía turístico, un lugareño. Al caer la noche, decidimos buscar un ciber, para dar aviso que estábamos muy bien. Al andar algunas cuadras, en las húmedas y oscuras calles de la isla, vimos a un hombre que descansaba en lo alto de la copa de un árbol, por un momento llegué a pensar que era el Manutara, propio de la mitología. Al avanzar unos metros, nos divisó una persona conocida, que amablemente nos invitó al carrete nocturno, observar el despegue del avión que viaja a Tahíti, en un mirador de la ciudad.

En el lugar, estábamos expectantes al único show de la noche. En unos minutos, estábamos compartiendo un whisky, acompañados del ritmo de la música isleña. Luego de conversar un rato, con un poco más de confianza, preguntamos sobre el rechazo que sienten por los del “Conti”, como nos denominan, explicando su sentimiento de lejanía y que nuestro país entrega muy poco recursos y beneficios para ellos. Pasto, es nuestro sobrenombre, porque es lo que sobra, de hecho vale comentar que ningún visitante tiene derecho a tener un terreno, por más plata que tenga, solo los dueños de ese apartado lugar son los nacidos y descendientes de su inigualable cultura. De repente, sin darnos cuenta, el avión sobre voló nuestras cabezas, rumbo a Papetee, ahí se acabó todo. No obstante, la noche nos tenía preparada, otra aventura inigualable.

En Anakena, una playa muy paradisíaca, fue nuestro próximo escenario para continuar la fiesta. Ahí preparamos unos tragos para capear el frío. Entre conversaciones típicas y relatos de leyendas que rodean Rapa Nui, llegó junto a nosotros un perro, que deambulaba el lugar. Aparentemente en los alrededores no vive nadie, no existe iluminación pública y es bien retirado del pueblo. Sorpresivamente, escuchamos ladrar, muy bravamente, lo que alertó a los chicos que nos acompañaban que sin mayores palabras se comunicaron en su lengua nativa y escuetamente nos dieron instrucciones para subir al auto. Mi compañera de viaje, nerviosa por la situación, no realizó ninguna pregunta sólo se alistó a subir a la “todoterreno”. Mientras tanto, insistí en mirar en medio de la oscuridad. Solamente nos alertaban los ladridos del perro que indicaban la dirección donde nacía el peligro. ¿Qué pasó esa noche en Anakena? Nunca lo aclararon ni menos comentaron, sin duda había que huir.

Volvimos a dar un par de vueltas, cuando nuestro piloto, curiosamente, detuvo el auto. Luego, amablemente nos preguntó si nosotras alguna vez, habíamos experimentado una vivencia paranormal o diferente. Obviamente, en coro, respondimos que no. Ahí comenzó otra anécdota, al detener el auto, en un lugar estratégico, el vehículo comenzó a avanzar. Sin el motor encendido, subimos una pendiente, lentamente comenzamos a movernos sobre el asfalto, atónitos por el suceso, nos convencieron que en ese lugar pasan sucesos inigualables.

Dicho y hecho, a la mañana siguiente perplejas por todos lo acontecido la noche anterior, comenzamos a investigar, a instruirnos y observar detenidamente toda la isla. Estábamos encantadas, de conocer esa tierra, rica, mágica, indómita y salvaje. Sólo llegamos a una conclusión, que todos los acontecimientos vividos ahí, no son en vano, si no más bien, son el verdadero encanto.
Tiare Edmunds
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