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Iglesia de San Jaime (Saint James's Church)

3 opiniones sobre Iglesia de San Jaime (Saint James's Church)

Roberto Gonzalez

Iglesia de San Jacobo, Iglesia del Orgullo

Esta iglesia no tiene parangón, ni comparación con las que he visto a lo largo de mi vida. En primer lugar, el edificio llama la atención por su color en llamativo rojo, como tratando de atraernos. Una vez dentro, la luz lo inunda todo, y de eso se encargan, manteniendo las grandes puertas abiertas, los cuidadores de la iglesia, y por supuesto los coloridos vitrales.
Algo poco usual es, también, el cobertor de sarcófago de Sigrid Bielke. Los escudos de las familias más importantes cubren las paredes.
Pero quizá lo más llamativo es el echo de que es la Iglesia del Orgullo, las misas se anuncian rodeadas de la bandera del arcoiris, y por dentro, los folletos con el mismo logo llenan las mesas y los bancos.

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Fany

Santiago, no Jacobo

Muy bien

Justo al lado de la plaza de Gustav Adolfs está otra placita más pequeña y menos famosa. Es la Jakobs torg o plaza de Jacob.

Allí, como no podía ser menos, también está la iglesa de Santiago Apóstol, de color rojo intenso.

Esta iglesia tiene una curiosidad que seguro que gusta a los amantes de la arquitectura: tardó tanto en construirse que acabó combinando un montón de estilos arquitectónicos diferentes. Así, se pueden ver toques góticos, renacentistas y barrocos.

No me suelen gustar las iglesias pero está es súper chula, tiene un color llamativo y está muy cerca de la ópera y del Palacio Real, dos rincones muy turísticos.

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Maria Peiró

En la plaza Jakobs Torg destaca la...

En la plaza Jakobs Torg destaca la iglesia de San Jacobo por sus paredes de color rojo intenso. Fue construida a mediados del siglo XVII en honor al apóstol Santiago, y es de estilo gótico tardío.

Esta plaza está llena de bellos edificios, uno de ellos fue un palacio privado, y cuenta la leyenda que su dueño, Jacob de la Gardie, salió a admirar su mansión, calificándola de la más bella de la ciudad.

Así despertó la ira de Dios por su falta de humildad, y lo condenó a la ceguera. De la Gardie aceptó su culpa y de esta manera donó dinero para embellecer la iglesia vecina. Con esta donación se financió la construcción de la torre de St.

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