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Qué ver en Owaka

14 colaboradores

7 cosas que hacer en Owaka

Bahías en Owaka
Curio Bay
(1)
Curio bay alberga un bosque petrificado de hace 200 millones de años en el que es posible todavía distinguir los anillos de algunos árboles e incluso los tocones en el suelo de esta playa salvaje, que también tiene una amplia fauna de aves.
Playas en Owaka
Las Catedrales
Así llaman a un par de cuevas hechas por el mar y unidas por un pequeño pasadizo. Si se quiere visitar, hay que consultar a que hora son las mareas bajas (solo se puede visitar con marea baja). Situadas muy cerca de las cascadas de Mclean, para llegar a estas cuevas tendremos que andar unos 10 minutos entre bosque y otros 5 minutos por la playa. La entrada cuesta 5 dolares,
Bahías en Owaka
Surat Bay
La Bahía Surat esta en la costa de Catlins, al sur de la isla sur de Nueva Zelanda, y es un lugar bastante salvaje, con una playa de varios kilómetros que tiene una colonia de leones marinos que son bastantes pacíficos, ya que dejan que te acerques bastante para tomar fotos y ni se molestan, se limitan a echarse arena sobre la piel para protegerla del sol.
Miradores en Owaka
Slope Point
(1)
Situado al sur del parque nacional de las Catlins, es el punto mas al sur de la isla sur de Nueva Zelanda (hay una pequeña isla que pertenece al país mas al sur). A este punto se llega por una carretera en buen estado pero sin asfaltar..... y tras dejar el coche en el parking, debemos andar unos 15 minutos hasta alcanzar este lugar. Sin duda merece la pena desviarse de la ruta principal para llegar aquí.
Cataratas en Owaka
Cascadas de Mclean
Dentro del parque de las Catlins, y después de andar poco mas de media hora desde el parking habilitado, nos encontraremos con un par de cascadas de lo mas fotogenicas. No tuve suerte con el tiempo, no me dejo disfrutarlas como se merece.. sin duda me pasaría horas escuchando el ruido del agua de la cascada.
Cataratas en Owaka
Cataratas del Niagara
Cuando nos dieron el folleto con los puntos de interés de la zona cercana a Curio Bay, vimos uno que estaba marcado con una cara sonriendo. Evidentemente pensabamos que era el punto mas interesante de la zona... Cuando lo visitamos, se nos puso la sonrisa en nuestra cara... nos habían tomado el pelo, todo era irónico, solo había un pequeño salto de agua. Merece la pena ir con alguien que no sepa lo que se va a encontrar.
De interés turístico en Owaka
La ruta SH 92
Southland es el nombre de esta región de la Isla Sur, inexplorada e injustamente olvidada, tranquila y casi desértica, llena de belleza y de paisajes que parecen salidos de un sueño. Quizá algún que otro viajero haya pasado por los Catlins, o al menos oído hablar de ellos. Si es así recordará siempre los hermosos rincones, el color de la arena, la inmensidad del mar y los verdes prados que casi tocan el agua. Viniendo del norte, las calas de arenas doradas y suaves olas se suceden sin parar, separadas por islotes o lenguas de roca que albergan pequeñas casas reconvertidas en lodges, diminutas granjas o huertos donde la naturaleza es generosa con quien sabe cultivarla. Desde hace años la carretera que bordea el mar se ha convertido en lo que los anglosajones llaman Scenic Route, que viene a ser algo así como una ruta escénica que nos regala lo mejor de la zona y que casi debe ser de visita obligada. Pero aunque todo el recorrido es interesante y fotogénica, la palma se la lleva sin duda Nugget Point, un peñón que se adentra en el mar y que desde lejos parece inaccesible pero al que se llega con bastante facilidad tomando un desvío que nos lleva hasta un aparcamiento muy ventoso del que parten varios caminos, unos que bordean el acantilado y otros que llevan hasta el faro y la punta del roque. Tomamos éste último y empezamos a caminar, el viento arrecia y se acompaña de una llovizna agradable pero fría. Lentamente vamos desgranando el camino que sube y baja siguiendo la ruta del paredón de piedra. Abajo entre las rocas abruptas descansa algún que otro lobo de mar que ni siquiera parece percatarse de nuestra presencia. Llegamos al final del sendero que se corta bruscamente al chocar contra la preciosa mole del faro. Tras él una plataforma de madera nos permita acercarnos tanto al abismo que parece que fuéramos a alzar el vuelo. Islotes dentudos, algas kilométricas que se mecen con el vaivén de las olas, focas y leones marinos que se tumban en las rocas como turistas en un hamaca, pardelas, gaviotas y alcatraces que han hecho de las paredes su hogar son los únicos habitantes del paraje. Ni siquiera hay farero, ya que la luz se ha automatizado. El color del mar cambia con los rayos de un sol que parece no querer mostrarse nunca, pero que nos regala luz suficiente como para apreciar la belleza del lugar, lo salvaje de las rocas que se sirven de cobijo a animales y plantas que de otra manera quizá hubieran desparecido, un paraíso en miniatura. Volvemos al coche con la imagen de la roca y su entorno en nuestras retinas, sabiendo que hemos estado en un rincón privilegiado de la Naturaleza.