MINUBE
Seguir en la app
Abrir
¿Dónde quieres ir?
¿Te gusta Arrowtown?
Compártelo con el mundo
Entrar con Google +

Qué ver en Arrowtown

15 colaboradores

6 cosas que hacer en Arrowtown

Museos en Arrowtown
Lake District Museum
Es un pequeño y coqueto museo centrado en la historia de Arrowtown y de los pioneros que vinieron en busca de oro hace más de 120 años, en una zona de Nueva Zelanda que en aquellos momentos estaba practicámente deshabitada. Exhiben todo tipo de herramientas utilizada en la búsqueda y extracción del oro
De interés cultural en Arrowtown
Casco Histórico
Arrowtown nació por la fiebre del oro en Nueva Zelanda y conserva algunos edicios de más de 100 años, hoy es un pequeño pueblo de 2000 habitantes con una atmósfera de relax total y unos espectaculares paisajes alrededor.
Sitios insólitos en Arrowtown
Arrowtown
Nueva Zelanda es una tierra rica, riquísima en todos los aspectos. Ganado, agricultura, pesca, bosques...y oro. La verdad que yo desconocía que hubiera habido una fiebre del oro en toda regla tal y como ocurrió en Canadá y algunas zonas de Estados Unidos, pero aquí llegó con una fuerza más atenuada, debido sin duda a la lejanía de las islas de la madre Inglaterra o de la madrastra América. Lo cierto es que casi paralela a aquella "goldrush" que invadió los territorios de la entonces joven América, en la aún más nueva Zelanda también aparecieron aventureros y delincuentes que buscaron la riqueza entre las piedras del río Arrow. Así, lo primero que vemos al aparcar nuestra caravana junto al cauce es una marca en el suelo que indica el lugar exacto en el que Jack el Maorí encontró la primera pepita del noble metal allá por 1862. Su descubrimiento desencadenó una llegada descontrolada de pioneros que vieron los cielos, o mejor la tierra abierta y dispuesta a dar sus frutos más preciados. Esta masiva llegada de mineros llevó a la fundación de esta miniciudad que hoy visitamos y que ha perdurado en el tiempo, con más de 60 edificios históricos perfectamente conservados, y rica ahora gracias a la tarjeta de crédito de los visitantes que gastan su oro en las elegantes tiendas que bordean la principal avenida de la ciudad. Un museo que cuenta la historia de la ciudad y de su dorado pasado, comercios de piel, lana y joyas de oro y sobre todo un paisaje maravilloso enmarcado por las montañas, el río y la vegetación que lo rodea, hacen de la visita a Arrowtown un imprescindible antes de dejar la zona de Queenstown.
De interés turístico en Arrowtown
Asentamiento Histórico Chino
Entre 1860 y 1880, más de 8.000 chinos llegaron a Nueva Zelanda. Vinieron para trabajar en lo que les surgiera, no para establecerse. La idea era ganar la mayor cantidad de dinero y volver a China con los suyos, a los que habían dejado atrás. Aquí, en Arrowtown suponían una fuerza de trabajo de casi el 40% y extrajeron el 30% del total del oro obtenido. Ya se sabe que los chinos son famosos por trabajar de sol a sol y por su constancia, así que muchos de ellos fueron explotados hasta la extenuación por desalmados patrones que lo único que pretendían era enriquecerse de manera rápida y con las manos bien limpias. Tuvieron que luchar contra el durísimo clima de las montañas, pero también contra la hostilidad hacia su raza. Y eso que llegaron al pueblo invitados por las autoridades, que vieron como pasada la primera etapa de la fiebre, los mineros habían abandonado la ciudad y ésta iba cayendo en el más absoluto abandono. Así que los chinos llegaron y fundaron este asentamiento que visitamos. Pequeñas cabañas, apenas chamizos de una sola pieza, hechos de dura piedra y que apenas les cobijaba en el frío invierno, una tienda donde adquirir alimentos de primera necesidad ( ya que no se les permitía comprar en los colmados de los blancos) y poco más, conformaban el pequeño reducto que hoy ha sido restaurado para que su epopeya no quede en el olvido. Al principio fueron bien recibidos, admirada su capacidad de trabajo y su tenacidad, pero según crecía su número, se originó un sentimiento xenófobo hacia ellos, llegando a temer que Nueva Zelanda llegara a ser poblada por "seres de raza inferior, con sus enfermedades y costumbres bárbaras". Aún así, algunos de ellos consiguieron casarse con maoríes y de esta manera mezclarse con la población del país, siendo el origen de gran parte de la multiculturalidad de Nueva Zelanda. Pero el resto decidió regresar a China, casi igual de pobres que antes, tocados a muerte por las enfermedades y penurias, con un sueño hecho añicos, con sus fuerzas mermadas y malgastadas en beneficio de otros. Un paseo por el asentamiento nos da una ligera idea de las condiciones en las que vivieron durante décadas. Entremos a las casas, toquemos las paredes, respiremos su aire, intentemos por un momento sentir su angustia, su melancolía, su destierro voluntario. En el ambiente flota una amargura que el pasar de los años, de casi dos siglos, no ha conseguido atenuar. Es el dolor de aquellos que han buscado fortuna y un porvenir mejor y se han dejado la vida en el intento...
Sitios insólitos en Arrowtown
(1)
De interés turístico en Arrowtown
War Memorial
No soy demasiado aficionado a visitar los lugares que rememoran las guerras o los caídos en ellas, pero tengo que reconocer que este memorial de Arrowtown tenía algo que me hizo subir hasta arriba. Desde el pueblo se ve la colina donde se levanta como si fuera apenas un montículo de tierra cubierto de hierba, pero según nos aproximamos y cruzamos el cementerio vecino, ya nos vamos imaginando lo que nos espera. Llegamos a la cima, y no sabemos si mirar el precioso paisaje o investigar el monumento de guerra. Así que decidimos recrearnos primero en las espectaculares vistas de la ciudad, del río y del entorno montañoso, bañadas por la dorada y cálida luz de la tarde. Una vez satisfecho nuestro deseo paisajístico nos dimos la vuelta y recorrimos el promontorio. Lo primero que observamos es un cañón germano-turco que fue capturado en la I Guerra Mundial ( a cuyos caídos está dedicado el monumento) y traído a Nueva Zelanda como trofeo de guerra. A su lado una columna que data de 1923 con una urna de piedra en la parte superior, que simbólicamente contiene las cenizas de los soldados neozelandeses que murieron en la Gran Guerra. Posteriormente se le añadieron placas laterales para recordar a los héroes de la II Guerra Mundial. Parafernalia belicista y emotiva aparte, el lugar es idóneo para recorrer con nuestra mirada la extensión que cubre la ciudad de Arrowtown, e imaginarla por un momento, ajetreada entre pepitas de oro, prostitutas, buscavidas y un futuro que fue incierto pero que hoy luce orgullosa, con todo el lustre y brillo de un pueblo que ha sabido reinventarse a sí mismo y sacar provecho de su pasado, por muy oscuro que fuera.