La verdad es que pasear por la playa del Inglés es todo una experiencia, por sus arenas negras y su longitud extraordinaria, pero perdese en sus inmensas dunas es como abrir un libro de aventuras. Detras de cada duna hay un rincon, un nuevo mundo. Lo más cercano a deambular por un desierto, sin salir del trópico. Y encontrar el amor en ese mar de arena, es mágico.