Beatriz García
dijo:
La primera vez que pasé por el Paseo de los Tristes ni siquiera sabía que se llamaba así, simplemente iba hacia el Sacromonte. No eché cuenta a esta alameda con tanto romanticismo pues mis ojos se hallaban fijados en mi destino.
Luego fui llevando mis pies a recorrer este paraje. A veces para ir al Sacromonte, a veces para subir al Albaicín. Hasta que me dí cuenta de que lo hacía no para ir a otro sitio, sino para pasear por aquí.
La Alhambra es el rincón más visitado de Granada pero este Paseo es especial, es el corazón de la Granada histórica. A un lado el barrio del Albaicín, en alto, origen de la ciudad. Al otro la ladera de la Alhambra, puro bosque ajardinado.
En medio de ambos puntos el río Darro, y junto a él el Paseo de los Tristes, el espacio abierto a las afueras de la ciudad medieval donde se celebraba el zoco y los eventos culturales y lúdicos.
Está en el centro de Granada, un rincón único e inesperado por su belleza natural. Aunque su nombre evoca los años en que era el camino obligado hacia el cementerio, el punto por el que pasaban los cortejos fúnebres.
Te sitúas en el centro urbano y tomas la ruta hacia el norte, hacia arriba, dejando de lado la subida a la Alhambra para seguir el curso del río. Primero pasas por una estrecha calle, la Carrera del Darro. El Paseo se inicia en la iglesia de Santa Ana, de factura mudéjar y origen musulmán. Enfrente el Museo Arqueológico. Entre ambos forman una entrada angosta, por donde hay que circular con mucha precaución.
Tras ellos se entra en una ancha alameda con algunas terrazas y unas vistas magníficas. Lo que ahora se disfruta es consecuencia de las medidas de urbanización en 1609 que pavimentaron el antiguo Paseo de tierra. El lugar se convirtió en el rincón festivo de la corte. Se construyó un escenario de madera tapando parcialmente el río y enfrente, en la otra ribera del río, la Casa Cuadrada. Llama la atención por su curiosa decoración, fuera de lugar en un sitio con tanto sabor mudéjar. Es una casita con dos plantas, en la superior tocaban las bandas musicales mientras la aristocracia disfrutaba del espectáculo en la planta baja.
Un poco antes de este típico lugar se halla el Puente de las Chirimías. Es un lugar donde se hacen muchas fotos aunque no sea árabe sino una reconstrucción del siglo XIX. Pasando el mismo se llega a unos locales de arte donde se pueden apreciar y adquirir productos artesanos de alta calidad.
Siguiendo el Paseo se llega a los restos de un arco, donde posiblemente estuviese la antigua entrada. En un lateral una calle de subida hacia la parte alta del Albaicín, donde se halla el mirador que hizo famoso un presidente americano que hasta aquí se desplazó para admirar un excepcional amanecer.
En la parte final de la alameda está el monumento al padre Manjón, fundador de una escuela para niños pobres del Sacromonte.
Detrás el otro puente del Paseo, el del Aljibillo, que da paso a una vereda de ascensión al Generalife. Es el otro Paseo, el de las parejitas, el de los poetas, un camino que acaba junto a la Fuente del Avellano, entre árboles milenarios.
El Paseo acaba en la Cuesta de los Muertos, la calle de acceso del Albaicín para el tráfico rodado. Si quedan ganas conviene subir hasta la antigua Granada, hoy un barrio rehabilitado con enorme sensibilidad y con un sabor a medieval que impresiona. Un rincón para tapear disfrutando del arte y de la belleza, frente a los palacios nazaríes.