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Medina de Marrakech

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42 opiniones sobre Medina de Marrakech

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Sorprendente medina

Pasear por la medina de Marrakech es retroceder en el tiempo, volver a otra época que no imaginabas que existiera tan cerca de tu casa. Las primeras horas, los primeros días no puedes evitar estar boquiabierto constantemente, todo te sorprende, los colores, los olores, la gente, el ruido, el tráfico, las tiendas, la vida... Todo es tan distinto, tan fascinante y tan real...
Monica Collado
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Desde luego el mayor de los placeres ...

Desde luego el mayor de los placeres que puedes obtener en Marrakech es pasear por las callejuelas de su enorme medina, la más grande del Magreb.

Sus zocos, sus salones de té, sus riad (casas tradicionales), sus hammams, sus restaurantes, pastelerías… y, sobre todo, su ambiente y colorido son lo que hace que merezca la pena cruzar el estrecho y adentrarse en un país tan fascinante como Marruecos.

La medina de Marrakech es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1985 y cuenta con unas 28.000 casas en las que vive aproximadamente el 20% de la población de la ciudad.

La medina es muy segura para el turista, podéis ir con toda tranquilidad por ella hasta que oscurece. Eso sí, tened cuidado con las motos, que van a toda prisa por medio de la gente y a veces no las podréis oír por el ajetreo de la propia ciudad. También los carros tirados por burros son una constante. Otra recomendación que os hago es que no os dejéis guiar en ella por guías improvisados, sobre todo niños y adolescentes: Os timarán.

También hay que tener paciencia con los vendedores, que os querrán vender todo tipo de cosas: Desde babuchas hasta especias, alfombras, cerámica, joyas o vestimenta típica. Muchos hablan español y son muy hábiles reconociendo la nacionalidad de los turistas.

Cuando os canséis de caminar la mejor opción es entrar en un salón de té o restaurante (casi todos suelen ser las dos cosas) situado en un riad, que son las casas tradicionales de la medina, con preciosos patios interiores con arcos, fuentes y vegetación. Probar un té a la menta es una de las cosas que no podéis perderos.

Las cosas más interesantes que podéis visitar en la medina son: Los zocos (están divididos por profesiones: Joyeros, hojalateros, alfombreros, babucheros…), la plaza Jemaa-El-Fna, patrimonio oral de la humanidad y centro neurálgico de la medina, el minarete de la Koutoubia, la madraza Ben-Youssef, el museo de Marrakech, la mezquita de El-Mansur, las tumbas sardianas (estas tres últimas podéis visitarlas con una entrada conjunta).

Os recomiendo llevar una guía con mapa para pasear por la medina, ya que es difícil orientarse. Si os perdéis preguntad por la plaza en los comercios o a alguna mujer, son las más fiables.

Ah, y cuidado con las fotografías, pedid permiso antes de hacer una, sobre todo cuando se trate de mujeres.
Reconquista
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Leo en mi cuaderno de viaje: “la medi...

Leo en mi cuaderno de viaje: “La medina de Marrakech no sólo es un desafío para mis sentidos, lo es también para mi poder de comunicar. Porque no sé cómo empezar a contar este universo tan diferente, este mundo medieval por donde desde hace dos días ando perdida. Sé que la sorpresa se me nota en la cara. No hablo, sólo digo todo el tiempo ‘la, chockan’ (no, gracias) a todos los vendedores que se me aproximan. Y camino en silencio. Miro, se me van los ojos detrás de los colores de las madejas de lana recién teñidas, de las antigüedades, de las cerámicas, de las alfombras, de la vestimenta de la gente. Huelo como si tuviera el sentido del olfato exacerbado. A cada paso algo distinto: Especias, verduras, carne, pasteles, olores nauseabundos de las curtiembres, el olor húmedo del agua hirviendo de las tintorerías, el olor a hierro caliente de las herrerías.
Un tenderete pegado al otro. Diminutos, oscuros, con el aire viciado. La gente trabaja allí todo el día. Los costureros con sus máquinas de coser, los remendones entre parvas de zapatos, los marmoleros entre polvo blanco, los ceramistas entre el barro, los tintoreros con el agua a la cintura teñida de azul, de fucsia, de naranja.
Me pierdo, todo el día ando perdida. La, chockran, no, merci mil veces; ahora estoy en el zoco de la brujería, luego en el de las telas, más tarde en un pasadizo donde sólo se venden aceitunas. A pesar de mis sentidos enardecidos tengo hambre. Encuentro un sitio lleno de gente local. Entro, subo al salón del primer piso. Soy la única forastera. No pregunto nada, al instante se me acerca una mujer velada, me sirve té, y en un pedazo de papel marrón un trozo de cordero. No tengo tiempo de explicarle que soy vegetariana, está delicioso y lo como con las manos, como lo hacen todos. Salgo toda engrasada, fascinada, agotada. Son recién las tres de la tarde, pero necesito cerrar los ojos. La medina de Marrakech es como un extraño y fantástico sueño luego de no haber dormido por varios días”.
SerViajera
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La primera percepción que uno tiene d...

La primera percepción que uno tiene de Marrakech supera cualquier descripción, de verdad que choca y te quedas sin palabras. Conocida como la ciudad roja por el color rojizo de las murallas de la medina, de las casas y edificios, es una ciudad especial y todo un símbolo de Marruecos.
Al entrar en la medina de Marrakech te rodeará un ambiente medieval con un ritmo distinto y un contínuo bombardeo de olores y sonidos embriagantes.
Pasear por las calles de la medina es todo un espectáculo, muchas de las calles de la vieja medina medieval son demasiado estrechas para el paso de los coches y el único medio de transporte puede llegar a ser el burro, una moto o las piernas!
A pesar de la cantidad de turistas que llegan a Marrakech, la ciudad sigue teniendo ese carácter singular y la vida cotidiana sigue como si nada.
Perderse por la medina es muy fácil dada la cantidad de calles, callejuelas estrechas, pasadizos etc. pero no hay que preocuparse es parte del encanto de la ciudad y siempre habrá más de un niño o joven dispuesto a ayudarte a llegar a donde quieres (pagando alguna monedita muchas veces..).
DavidMM
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La medina más grande de las que conoz...

La medina más grande de las que conozco en Marruecos. Sus murallas tienen 22 puertas que comunican su interior con la ciudad nueva. Dada la antigua distribución de la actividad económica por gremios, existen en ella numeros zocos que agrupan a las distintas actividades productivas de sus habitantes (babuchas, carpinteros, tintoreros, alfareros, joyeros, etc.) hasta llegar a unos 2.600 artesanos repartidos en 40 agrupaciones.

Un artesano de la madera, trabajando el torno con sus piés y aplicando el formón a un trozo de madera le hizo en un momento a mi mujer un bello colgante que ha constituido para ella un preciado recuerdo.
macmuseo
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Estuve en marruecos y me pareció geni...

Estuve en Marruecos y me pareció genial... Los colores, las culturas, pero... cuidado!! Se ha de tener mucho respeto con estas personas, no les gusta que les hagan fotos, deben de ser discretos y si avisan a estas personas que van a ser fotografiadas por ustedes es lo mejor, ya que les estarán agradecidos por respetar su autoridad.
Lo normal es que no les dejen, o que pidan dinero a cambio (depende de la zona en la que se situen) pero aquella persona que no se sienta intimidada, les regalará una preciosa foto, pero lo mejor es sentirse bien al no perturbar la tranquilidad de ciertas personas.

Anna de Girona
AnnaRomi
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Calles muy transitada, durante la cel...

Calles muy transitada, durante la celebración de la muerte del cordero de Abraham, todos se reúnen en sus casa para esta gran celebración. Al día siguiente por ritual queman fuera de sus casas las cabezas y las patas de los corderos. Para algunos suele ser grotesco, pero es parte de su cultura. Cuando te encuentras pedido en su callejones todos quieren ayudarte, pero esperarán una propina por la ayuda. Los más jóvenes también de darán la guía pero estos son más común a perderte entre los callejones para cobrarte la propina y que otro también lo haga. Mejor pregunta en las tienditas o comercios. Sus callejones son tranquilos y seguros. No hay mucha maldad... Gracias a Ala.
Ols Ramirez
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Laberintos y laberintos

Marrakech y su entramado de calles son únicos. Te pierdes en un mundo que te transporta a épocas antiguas que nunca has conocido hasta ahora. El bullicio de las plazas se mezcla con rincones apartados y parados en el tiempo. Vale la pena conocer la Medina, y si no te pierdes por sus calles es que no la has visto bien.
Laura C
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Un laberinto intenso

Perderse por la medina de Marrakech puede ser una experiencia algo estresante si vas con prisa (nosotros teníamos que hacer el check-out) o por el contrario apasionante si atendemos a la belleza de los rincones que encontramos en él. El color dominante es el rojizo y la arquitectura de arcos y calles nos recordaba al centro histórico de Sevilla.
Jesus Sanchez Gonzalez (Zu Sanchez)
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Yo, si puedo, me gusta hacer una esca...

Yo, si puedo, me gusta hacer una escapadita cada año a Marrakech. Hay vuelos low-cost, es el lugar más diferente y exótico que tenemos a menor distancia de España y es una ciudad apasionante: Riads, cafés, terrazas, té a la menta, buena comida, la Medina y ... La plaza Djmaa el Fna, divertida, un flash para tus sentidos. Es muy especial. En la Medina encuentras rincones mágicos, cafetines ocultos, restaurantes invisibles desde la calle, olores a especias. La última vez descubrimos en un callejón de la medina un bar fantástico donde poder degustar los cada vez mejores vinos de Marruecos: Decoración marroquí, jardines interiores, iluminación con velas y buen vino...
Manel Tamayo Martin
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Callejea

La Medina de Marrakech es como adentrarse en otra época. Lo mejor por experiencia es meterse sin tabúes ni prejuicios. Yo he estado 4 veces y la verdad es que no dejo de encontrar cosas nuevas. Ir sin miedo y a vuestro aire. Hay mucha gente que quiere haceros de guía por unos euros, pero lo mejor es ir a nuestra bola.
eduardo
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Descubre marruecos

Toda una experiencia que tienes que descubrir por ti mismo sumergiendote de lleno en la cultura marroquí.
Diego Lopez
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Marrakech, un viaje por el tiempo

Cuando llegamos a Marruecos fue un sentimiento súper extraño de no saber literal ni que pedo con lo que estaba pasando. No conocía el idioma y todas las personas parecía que estaban gritando o enojadas, pero creo que así son por aquí todo el tiempo jaja. Luego, saliendo del aeropuerto, me di cuenta de que toda la ciudad es naranja, no exagero, literal todos los edificios son naranjas. Ya te sientes en el desierto desde el taxi, ves camellos por las calles pero al mismo tiempo un contraste de una ciudad nueva, minutos después aparece una vieja muralla del año 1100 DC que protege la vieja parte de la cuidad y te transporta a un mundo totalmente diferente, antiguo e impresionante, es como viajar en el tiempo. Al entrar a la muralla que a un lado se puede apreciar la Koutubia, la mezquita más cercana a la plaza de Djemaa el-Fna que es justo el centro de la Medina que a la vez es el centro de la antigua ciudad de Marrakesh. Cuando entras uno se imagina a los hombres desensillando las monturas de sus caballos y sentándose alrededor del fuego bebiendo té. Pero al entrar a la Medina puedes apreciar una explanada enorme llena de gnauas que se ganan la vida dejándose fotografiar o vendiendo, jugos de naranja, encantando serpientes, pintando manos de mujeres con henna, lámparas y artículos de metal... Pero se dice que el camino que debe seguir el visitante es el del curso del sol, ya que mientras pasan las horas la plaza se transforma, pero antes de llegar al anochecer caminamos por los zocos, que si buscas en el diccionario la definición dice "En Marruecos, mercado. Lugar donde se celebra este" pero son mucho más que eso. Es toda una aventura. Una experiencia que podría y me atrevería a decir que se puede revivir hasta el infinito si que nunca llegue a ser exactamente la misma. Es un desorden, no hay especificaciones para llegar a ningún punto y siempre vas a encontrar lo que no estas buscando, entre los puestos siempre hay alguien gritando en diferentes idiomas para ver quien le contesta, a mi siempre me gritaban "Español" "Hola" "Una pregunta" "¿Qué buscas?" Un laberinto lleno de sorpresas, telas, cafeteras, teteras, pieles, babuchas, vestidos, cigarros y "porros" como te susurran algunos mientras caminas... Cuando menos lo imaginas puedes tener puntos históricos a los lados, y ahí es cuando ves la belleza de Marruecos, las sorpresas. Todo por afuera puede parecer un edificio normal, hasta en mal estado, pero al entrar te transportas a un mundo mágico con techos inolvidables y paredes con mosaicos cortados detalladamente en formas geométricas con tonos azules rojos y blancos. El primer día contemplamos el hermoso arte de perderse por la Medina, donde no hay calles cruzando en ángulo recto ni placas o señalizaciones hacia algún punto, y los puntos de referencia son absolutamente inservibles, las calles se burlan de tu sentido de orientación, sin querer llegamos al barrio de los curtidores, ahí se trabaja la piel de manera original, como se hacía siglos atrás, un olor fuerte, penetrante, te obsequian un racimo de menta para sostenerlo cerca de tu nariz para disfrazar el olor, al finalizar el tour nos llevaron a la tienda donde venden sus trabajos finales, fue ahí donde descubrimos otro arte oculto en la ciudad; el regateo. Aquí todo se regatea, los taxis, las tiendas, la comida, los tours, los recuerdos, los vestidos. Todo. Puede resultar desgastante lidiar con decenas de vendedores que preguntan "cuanto quieres pagar por esto? Precio justo para ti y para mi, dime, cuánto quieres pagar por esto?" Todo lo puedes conseguir por menos de la mitad del precio inicial. Todo un arte regatear. Después de perdernos caminamos hacia la plaza Djamma El-Fnaa y nos sentamos en el Café de France a contemplar la transformación más impresionante de la plaza, cae la noche los encantadores de serpientes y comerciantes comienzan a retirarse para todo transformarse en un gran pasaje gastronómico, la gente come codo con codo, cous cous, brochetas y pollo, el menú de esa noche.. A las nueve en punto suena el llamado al rezo, las calles se silencian por unos momentos y de la Koutubia se escucha el canto que te congela por un momento y te detiene la respiración. Comerciantes y personas entran a los templos para rezar en dirección a la Meca, cuando no pueden dejar el puesto lo hacen desde el mismo punto en su alfombra. Después de una deliciosa cena en el corazón de la Medina nos regresamos nuestra Riad, las Riad, son mansiones antiguas que fueron transformadas en hoteles o casas, todas en estructuras cuadradas con un patio interior y habitaciones a los lados, nuestro huésped Ennassiri Elarbi, un señor adorable que nos ha tratado como sultanes. Al final del viaje me regaló su turbante! El siguiente comenzó nuestro recorrido cultural. Comenzando por el mercado de las especies en el barrio de la Mellah que es el barrio judío de la Medina, los olores penetran tus otros cuatros sentidos y te transportan a un lugar mágico que nunca has imaginado, paprika, eucalipto, sándalo, copal, esencias, especias, aceites, mágico. Seguimos nuestro camino, ahí descubrimos que Marrakech tiene esas sorpresas que te comentaba, sus palacios se encuentran en el corazón de la cuidad, tan solo es difícil apreciarlos, son invisibles desde afuera, casi no encontramos el palacio de la Bahía donde comenzamos nuestro recorrido. Fue construido en 1860 por Ahmed Ben Moussa, quince años tardo en construirlo, al centro un patio interior, fresco, con árboles, estucos, azulejos y paneles tallados, un deleite para el ojo. Al salir nos dirigimos hacia Dar Si Said, un palacio construido en la segunda mitad del siglo XIX que en 1957 fue transformado en museo de Arte Regional, apreciamos jarrones, cerámicas, espadas y vestidos, no es nada impresionante a comparación del patio central donde hay una fuente cubierta de buganvillas, hermoso. Nuestra siguiente parada fue el Museo de Marrakech, mi lugar favorito de la cuidad. Al entrar como todos los palacios no es un gran deleite para el ojo, pero debes prepararte para entrar al patio central, más de setecientos metros cuadrados totalmente dorados, con delicados mosaicos y un silencio poderoso que te obliga a detenerte ahí por un buen rato... Un lugar totalmente mágico. Al salir continuamos el recorrido de las bellezas ocultas y la siguiente parada fue la Madraza de Ben Youssef, una antigua escuela del Corán hoy en día desocupada y transformada en museo, cuenta como la mayoría de los palacios con un patio central y una majestuosa fuente que te obliga a contemplarla por un buen tiempo. Es de los pocos edificios religiosos donde puedes entrar al no ser musulmán, hermoso ejemplo de arquitectura arábigo-andaluza. Al finalizar decidimos regresar a la plaza Djamaa El-Fna donde recorrimos por segunda ocasión los interminables pasillos de los Zocos. Terminamos el día con una deliciosa cena prepara por nuestro huésped Elarbi, un plato gigante de Cous Cous con especias y verduras, muy rico, muy grande!
Al día siguiente nos dirigimos a la parte nueva de la ciudad a las afueras de la gran muralla que protege a la Medina, ahí en las calles predomina el orden, las tiendas lujosas y viajas de nuevo en el tiempo para encontrar edificios contemporáneos como la estación de trenes, el palacio de congresos, el teatro y por supuesto el delicioso bar donde pudimos degustar de nuestra primera cerveza!! Para después regresar a la Medina y caminar de nuevo por los zocos y comprar decenas de chucherías para nuestro regreso. Nuestra velada termino en el Riad cantando canciones típicas árabes y musulmanas al ritmo de las percusiones de nuestros huéspedes. Algo inolvidable. Hoy despertamos temprano para caminar hacia el Palacio El-Badi un antiguo palacio real que hoy en día son ruinas, pero la experiencia te hace viajar en el tiempo e imaginar los pasillos en su pleno apogeo. En general Marrakech me deja con enseñanzas importantes y sobre todo celebra mi estancia llenándome de sorpresas por sus calles llenas de magia. Un viaje por el tiempo.
Eder CZ
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Laberinto de percepciones sensoriales

Es genial perderse por la medina, con sus contrastes de luz, el polvo, los olores y su gente.
charlie81
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Andante anónima

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Cesar Blay
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Información Medina de Marrakech

Dirección de Medina de Marrakech
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