Cuenta la leyenda que a orillas del río Guadalupe, hace...
Cuenta la leyenda que a orillas del río Guadalupe, hace más de siete siglos, un humilde vaquero desenterró una preciosa imagen románica de la virgen María. La virgen morena, tallada en madera de cedro del Líbano y vivamente policromada, fue entronizada en una ermita que se construyó a tal efecto. La pequeña talla (mide sólo 59 centímetros) fue en seguida motivo de veneración, no sólo en Extremadura, sino también en Latinoamérica. De allí que Guadalupe esté considerada hoy como ‘Patrona de la Hispanidad’.
El enorme Monasterio de Guadalupe, Patrimonio de la Humanidad desde 1993, tiene sus orígenes en la humilde ermita. Objeto de varias transformaciones y agregados a través del tiempo, en él conviven estilos tan disímiles como el mudéjar, el gótico y el barroco. Importante centro religioso, cultural y de las artes durante siglos, el monasterio no sólo alberga a la milagrosa Guadalupe, sino que cuenta con impresionantes colecciones de libros, de bordados elaborados por los monjes, y de pinturas de célebres artistas.
Si el Monasterio resulta solemne e imponente, la ‘Puebla’, el precioso pueblo medieval que lo rodea, dueño de estrechas callejuelas a donde asoman balcones floridos, da a Guadalupe una calidez y un colorido absolutamente humanos. Su plaza porticada e irregular a donde dan las escalinatas de la iglesia es de las más inolvidables de España. Salpicada de restaurantes, de tiendas de artesanía y de espectaculares productos gastronómicos de la Sierra de Villuercas-Ibores, nada mejor que saborear unas morcillas al estilo de Guadalupe en alguna de sus soleadas terracitas.
Una ciudad de cuento
Un recorrido por el casco histórico de Guadalupe envuelve muchas cosas. Para empezar, el Monasterio de Guadalupe, una construcción impresionante que constituye el centro del pueblo en la Plaza de Santa María, y junto a la cual está la calle nueva de los capellanes.
Siguiendo nuestro paseo llegaremos hasta la plazuela del hospital de la pasión, donde nuestro guía nos hizo una pequeña demostración de reclamos ornitológicos sorprendente, la mayoría hechos a mano.
Cerca del final de nuestra visita atravesamos el Arco de San Pedro que encierra una porción de la historia de Guadalupe.
Guadalupe es una ciudad para no perdérsela y una visita como esta se hace entretenida. Además, tardas tanto como ganas tengas de detenerte en los detalles.
Atardecer en Guadalupe
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Escapada de vacaciones en Julio del verano del 2010,...un pueblo tranquilo, ideal para desconectar,...
De interés cultural, su gran catedral, inmensa en proporción al pueblo,...con una riqueza extraordinaria,...
Aunque parezaca mentira, siendo Cáceres por la noche hace falta una chaquetita e incluso dormir con la sábana por encima,...
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