Potsdamer Platz: Destruida, separada, arrancada de la vida de Berlín por un muro, y hoy centro cultural y de negocios gracias a la Berlinale y el Sony Center.
La mezcla de amor y odio en la historia de Potsdamer Platz no deja impasible. La predisposición es absoluta: Viene uno siguiendo el recorrido del Berliner Mauer, marcado en piedra en el suelo para que a nadie se le olvide que por allí pasó el muro de la vergüenza, desde la Puerta de Brandenburgo. Y al llegar a Postdamer Platz se encuentra con unos bloques de hormigón que ahora son una muestra de lo que hace 20 años separó una ciudad.
Potsdamer Platz fue tierra de nadie, y ahora es tierra de todos. Sentado en el Alex, un restaurante agradable y cálido, puede uno pararse a sentir la historia aún impregnada en cada rincón.
Alex es un café situado en los jardines de Alexanderplatz. Goza de una gran terraza y la sala interior también es agradable. Fue uno de los primeros bares que probamos al llegar a Berlín, y si no destaca por su increible ambiente, por lo menos está bien situado. El servicio, como era un día soleado y la terraza estaba llenísima, fue muy lento. Lo esperabamos un poco, pero fue más allá de lo que pensabamos. Por lo cual pedimos una sola copa, la cuenta enseguida y nos fuimos. El chico era agradable pero no creo que volvería a un lugar donde tardan 20 minutos en tomarte el pedido. Al nivel de la comida no vimos pasar nada pero servían helados que parecían muy buenos.