Antigua es quizás la ciudad menos maya de toda Guatemala. Es pura ciudad colonial. Calles empedradas, alcantarillado antiguo (mezclado en algunas partes con alguno más moderno), conventos e iglesias en ruinas y casitas de colores. Parece que el tiempo se ha olvidado de este lugar y la gente aquí es encantadora y sonriente.
Antigua está rodeada por tres volcanes de casi 4000 metros de altitud. El volcán Agua se ve desde cualquier punto de la ciudad. Los otros dos volcanes son el Fuego y el Acatenango.
Antigua es una ciudad destruída y reconstruida decenas de veces. Ha sido asolada por las erupciones de los volcanes y, sobre todo, por los terremotos. Fue una de las primeras capitales de Guatemala, pero después de tanto terremoto, los españoles decidieron trasladarse 45 kms más al sur, a la actual capital del país. No hay un solo edificio que no tenga alguna grieta, firma inconfundible de los terremotos.
El Parque Central es el centro neurálgico de Antigua. Es una gran plaza rodeada por el Ayuntamiento, la Catedral, el Palacio de los Capitanes y otro par de edificios más. Hay bancos, cajeros automáticos, cafés, tiendas, agencias de viajes, parada de taxis y todo tipo de comodidades. Y por lo tanto, es el lugar donde más turistas se concentran. Es hermoso y a los antigüeños más mayores les encanta sentarse en los bancos a echar el rato.
Sin embargo, hay otro lugar, más alejado del centro, algo más sucio e infinitamente más ruidoso. Es la Calzada de Santa Lucía, que es casi la última calle de Antigua hacia el oeste. Más allá de ella, está el cementerio y la carretera que sale de Antigua. Aquí, en la Calzada de Santa Lucía, es donde está el mercado y la "estación" de autobuses (en realidad, es un descampado polvoriento que se embarra por las tardes en época de lluvias) donde paran los famosos "chicken buses", los autobuses colectivos de Guatemala. Al fondo de la calle, desde cualquier punto, se puede ver el volcán Agua. La calle está llena de vida, de tráfico y de ruido. Los indígenas suelen bajar desde las aldeas cercanas andando o en los "chicken" para vender sus productos en el mercado. El mercado es una larga hilera de puestos multicolores, donde se vende de todo: Desde las típicas telas indígenas hasta papel higiénico, desde fruta hasta fundas para los "celulares", desde tallas de madera hasta camisetas con leyendas como "soy virgen, lo juro por mis hijos".
Mi lugar favorito está en la acera de enfrente del mercado. Allí hay un pequeño restaurante, "El Comedor Antigüeño" donde se desayuno como un rey por 15 Quetzales (1 euro y medio aprox). Puedes elegir entre el desayuno continental (tostadas con mantequilla) o el típico antigüeño (huevos revueltos con frijoles negros, plátanos fritos y queso). ¡¡Resucita a un muerto!! Desde dos de las mesas tienes vistas a la calle, al mercado, al ir y venir de gente, al tráfico loco donde compiten coches, camiones, autobuses, motos, bicicletas y peatones. En Antigua no hay semáforos (ni uno), ni pasos de peatones, por lo que cruzar las calles se convierte en un ejercicio de superioridad o de educación, según el caso, entre conductor y peatón. La única señal de tráfico que existe es el "Alto" (el Stop nuestro de toda la vida), que adorna generalmente más que otra cosa.
A los antigüeños se les conoce coloquialmente como "Panzas Verdes", porque consumen grandes cantidades de aguacates, uno de los alimentos más cultivados en Guatemala. También hay enormes plantaciones de café por todo el país y se dice que el de Antigua es de los mejores. En el Café Condesa, en el Parque Central, se puede comprobar la veracidad de este dato.
Para dormir por un precio medio, recomiendo la Posada Don Valentino, sencilla y limpia, a cinco minutos andando del centro, y con un personal amable, sonriente y cercano que te hace sentir como en tu propia casa.