El segundo día de ruta de nuestro...
El segundo día de ruta de nuestro viaje a Laponia Sueca fue sin duda el que peor lo pasé. Ese día teníamos que recorrer 22 kilómetros, era la etapa más larga del Kungsleden, y tenía de por medio la mayor subida de todo el recorrido.
El principio de la etapa fue bastante bien. Dejamos atrás el lago Abiskokaure y con él la vegetación tan característica del primer día. A partir de ahora sólo veríamos nieve, hielo, rocas y montañas. La cosa se tornó un tanto peliaguda cuando el camino se puso cuesta arriba. No era una subida demasiado exigente, pero pronto descubrí que las piernas no me respondían. Ascendía a paso caracol y veía como los pocos esquiadores que se atrevían con la ascensión me iban adelantando.
Paso a paso llegamos a la cumbre, y allí hallamos una misteriosa piedra con inscripciones. En ese punto, disfrutamos de uno de nuestros momentos zen. Ojos cerrados y silencio absoluto. En muchos lugares del Kungsleden hay puntos calificados como lugares de meditación. La serenidad que sentimos allí es indescriptible.
Sin embargo, las fuerzas que utilicé en la subida me pasaron factura. A mitad de camino había un refugio de emergencia en el que debíamos tomar el almuerzo. El tramo desde el final de la ascensión hasta el refugio de emergencia fue el peor de todo el viaje. Me costó muchísimo llegar, ya que no tenía fuerzas para nada. Pese a que te falta la energía, en esos momentos es mucho más importante la fuerza mental que la física. En el refugio de emergencia me esperaban mis compañeros y una gran comilona para afrontar la segunda parte de la etapa.
El segundo tramo tampoco fue sencillo. Tras la comida me sentía un poco mejor, pero la etapa se me hizo larga, muy larga. Hubo un momento en el que divisamos el refugio a lo lejos, y eso me desesperaba. ¿Por qué? Quizás porque tenía muchas ganas de llegar y pese a que el refugio estaba a la vista, la distancia era todavía de varias horas. Al final nos sorprendió un tramo de nieve blanda en el que te hundías hasta la rodilla y necesitabas mucho esfuerzo para dar cada paso.
Lo pasé mal, pero luego en el refugio el cansancio se pasa y el cuerpo se fortalece. Las vistas del lago Alesjaure y la sauna reconfortante hizo que me olvidara pronto del esfuerzo.