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Qué ver en Norrbotten

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28 cosas que hacer en Norrbotten

Iglesias en Kiruna
Jukkasjärvi (Kiruna) Iglesia Sami de madera
En Jukkasjärvi a unos 20 km. de Kiruna se encuentra la iglesia de madera más antigua que se conserva en Laponia del pueblo Sami (siglo XVII) , cuenta con un maravilloso retablo La creencia religiosa Sami es animista ó chamanista todo elemento de la naturaleza, de los animales ó minerales tienen alma Vale la pena no perder esta visita tanto por la iglesia como por sus alrededores, sus jardines están recreados con una pequeña representación de las costumbres samis Curiosidades : Sale reflejada en el libro "Sangre Derramada " de Asa Larsson
Aeropuertos en Kiruna
Aeropuerto de Kiruna
Mi primera toma de contacto con Laponia Sueca tuvo lugar en el Aeropuerto de Kiruna. Los últimos minutos del vuelo fueron espectaculares, pues era la primera vez que veía tanta nieve desde un avión. Un paisaje completamente blanco, una inmensidad polar que no nos abandonaría en los siguientes diez días. Ya estábamos en el Círculo Polar Ártico. Al bajar por la escalerilla, nos dimos cuenta de que el avión también había aterrizado sobre un manto blanco y de que la temperatura no era la misma que en Alicante, ni mucho menos. De hecho, yo iba ataviado con manga corta debajo de la cazadora y enseguida noté el frío polar. Enseguida me di cuenta de que por allí no se toman el tema del frío y la nieve a la ligera. El aeropuerto de Kiruna es muy diminuto. Tanto es así, que sólo existe una ruta, Estocolmo-Kiruna y viceversa. No obstante, es el más importante de la zona y mucha gente viaja a esta localidad por negocios o para disfrutar de unas vacaciones en la nieve. Por supuesto se trata del aeropuerto más al norte de Suecia. De hecho, esta circunstancia lo ha convertido en el lugar escogido para emplazar el proyecto espacial sueco.
De interés turístico en Lulea
La linea del Circulo Polar Ártico
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Partimos de Umeá en nuestra última etapa para llegar a Akäslompolo, esperando que el gps nos conduciera hasta la ciudad fronteriza de Haparanda entre Suecia y Finlanandia, pero no fue así y de lo cual me alegro una enormidad. A unos kms. De Luleá nos desvío ppor la E-10, carretera bastante agradable, hasta llegar a Overkalix. Desde este punto nos hizo otro desvío por la carretera 392, bastante estrecha y que transitaba absolutamente nadie. Creo que en todo el recorrido que hicimos hasta Pajala nos cruzamos con dos coches. A los pocos kms. De pasar Overkali y en medio de la nada, de repente nos encontramos con lugar bastante curioso. Se trataba de un grupo de cabañas que presumiblemente y por su estado quizás hace tiempo albergasen algún tipo de tiendas de souvenirs. Algunas de ellas parecían habitadas en la actualidad pero lo cierto es no vimos a nadie aunque había dos coches aparcados. A simple vista parecía un puebblecito más, pero no, estábamos justamente atravesando la línea imaginaria del Circulo Polar ártico como así lo indicaba un cartel y un globo terráqueo. La sensación que sentimos es indescriptible y no se puede contar con palabras. Era la primera vez que lo hacíamos y a su vez nos encontrábamos más lejos de Madrid que nunca. Habíamos logrado llegar hasta allí y a partir de entonces será un momento para nosotros imborrable. Después de hacer las correspondientes fotografías continuamos el camino. Aún no sé si fue casualidad, pero a partir de ese punto y hasta Akäslompo a una distancia de noventa o cien kilómetros, el tiempo cambió bruscamente con una fina lluvia y la temperatura bajo cerca de los cinco grados. Eso si fue cuando ya nos encontramos con abundantes manadas de renos.
Lagos en Kiruna
Torneträsk
Una de mis primeras experiencias durante mi estancia en Laponia Sueca fue la visita al lago Torneträsk. De hecho, una vez revisado el equipo, nos lo pusimos por primera vez y fuimos a andar sobre el lago. El Torneträsk es un gran lado congelado que se encuentra justo al lado de la estación de montaña de Abisko y que pertenece al municipio de Kiruna. El Torneträsk es uno de los mayores lagos de Suecia y está 200 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. La sensación de caminar sobre las gélidas aguas no se me olvidará jamás, sobre todo el ruido que emitían nuestras pisadas sobre el espeso hielo. Luego andaríamos muchísimo sobre lagos helados, pero la primera vez es la que más respeto te da. Además, era todo blanco y azul hielo, dos tonalidades que combinadas son preciosas. A pesar de que el hielo tenía unos 15 metros de grosor, la aventura en el lago Torneträsk me la tomé con mucho respeto, sobre todo, tras ver un agujero en el hielo que había hecho algún pescador local. Si me permitís el chiste, un gran lugar para romper el hielo.
Pueblos en Abisko
Abisko
Mi estancia en Abisko se ha convertido por méritos propios en la más septentrional de todos los lugares en los que he estado. Dudo que algún día esté más al norte, pues Abisko se encuentra a 200 kilómetros por encima del Círculo Polar Ártico. ¿Y qué hacía yo donde Cristo perdió la sandalia? Pues empezar un viaje a Laponia Sueca, ya que en Abisko se encuentra un parque nacional que es el inicio del Kungsleden o Camino del Rey. Un sendero que recorreríamos los días siguientes con raquetas de nieve. Abisko es una pequeño aldea y un parque nacional situado en el norte de Suecia. Geográficamente, está situado en la provincia sueca de la Laponia al lado de la frontera con Noruega. El parque se fundó en 1909, el mismo año en el que se promulgaron las primeras leyes de preservación de la naturaleza en Suecia. Abisko es también sede del centro de investigación científica de Abisko, primero establecido en 1903 cerca de la aldea de Abisko e incorporado a la Real Academia de Ciencias Sueca en 1935. Se utiliza sobre todo para la investigación ambiental, biológica, y geológica.
Pueblos en Nikkaulokta
Nikkaulokta
Nikkaulokta es un pueblo muy parecido al de Doctor en Alaska, aunque mucho más auténtico y pequeño. Lo más especial de este curioso asentamiento es que está muy vinculado a la cultura sami, como pudimos comprobar en sus construcciones, banderas y en los rasgos de las caras de sus gentes. En Nikkaulokta las casas son de madera y tienen tejados muy característicos de la cultura sami. Una de las edificaciones más curiosas del pueblo es la iglesia protestante de Nikkaulokta, ya que es una mezcla de arquitectura sami y religiosa. Muy diferente a todos los templos que había visto en mi vida, la verdad. El resto de edificios también tenían características similares, hasta el restaurante del pueblo, que estaba adornado con un montón de objetos sami y vinculados a la naturaleza por todas partes. Allí también pudimos degustar un festín de comida lapona, un buffet a base de carne y pescado con unas salsas muy peculiares y sabrosas. En principio, en Nikkaulokta hay muy pocas cosas que hacer. De hecho, nuestro cometido allí era pasar la noche para esperar al autobús que al día siguiente nos llevaría al aeropuerto de Kiruna. Sin embargo, el simple hecho de esperar, de pasar allí la noche, se convirtió en un momento muy especial e inolvidable, ya que pudimos ver la aurora boreal.
De interés cultural en Lulea
Poblado Sami en Batsuoj
Los Sami componen una cultura, un pueblo que vive en Laponia desde tiempos inmemoriales. No gustan que se les llame "lapones", porque tiene un sentido peyorativo. En Laponia sueca he podido compartir su vida en un poblado sami, y pasar una noche en una "gahtie" o cabaña familiar tradicional. Construidas de maderas de abedules, pueden ser pequeñas con techo a 4 aguas para familias de hasta 5 integrantes, o grandes para familias mayores y de forma octogonal. Las familias samis ya no tienen la vida nómada que llevaron hasta la década del 70, y viven en las típicas casas suecas de Laponia: de madera, separadas del suelo, con porches y paredes coloridas para diferenciarse en el paisaje blanco del invierno. Las cabañas sami tienen una gran losa de piedra en el centro para encender el fuego, y el resto de la superficie está cubierta de pieles de renos. En mi cabaña conté mas de 60. Pueden alquilarse por día o por mas tiempo. En la oficina de turismo de Laponia Sueca (teléfono 0046-0703029322 o en Facebook "Laponia Sueca") puedes hacer todos los preparativos y te atenderá Sanna en perfecto castellano. En el poblado sami, la dueña y anfitriona, Lotha Svensson, habla perfecto inglés. El alojamiento incluye una cena sami a base de carne de reno asada y frutos rojos, y todas las actividades que puedas realizar en un lago perfecto, rodeados de bosques de película (cuento mas en mi blog personal). Se encuentra a casi 2 horas de coche de Skelleftea, cerca de Arjeplog. Necesitas un coche para llegar o coordinar con Laponia Sueca para que te esperen en la parada de autobuses y te lleven al centro sami a unos kilómetros, dentro del bosque y cerca de la frontera con Noruega. Inolvidable.
Lagos en Kiruna
Camp Alta Kiruna
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Camp Alta es una especie de camping-bungalows que se encuentra en los alrededores de Kiruna, con un lago espectacular y con sauna flotante.un sitio donde ir a relajarse y ver atardeceres espectaculares en verano, y auroras boreales en invierno.
Valles en Abisko
Singi
Siete días fuera de casa, seis con el grupo y cinco de caminata. El viaje a Laponia Sueca estaba en su tramo final. La etapa que nos dirigía desde el refugio de Sälka a Singi fue la primera que afronté con la moral a tope. El día de antes no había sufrido y empecé a darme cuenta de que estaba en un lugar único y que la aventura se estaba acabando. Era ahora o nunca. Ese día eran 12 kilómetros de travesía más o menos llanos y con poca dificultad, por lo que fue una jornada muy tranquila en la que disfruté del paisaje de Laponia y del Círculo Polar Ártico. De hecho, todo el grupo fuimos a un paso muy cómodo, lo que me permitió parar a hacer fotos muchas veces. El paisaje era similar al de la etapa anterior. Un valle de formación glaciar con montañas casi idénticas una detrás de otra. No obstante, esta vez me sentía muy cómodo y tenía ganas de vivir más intensamente el paisaje casi desértico. Fue también en este trayecto donde vimos por primer vez la montaña más alta de Suecia, el célebre Kebnekaise. En la travesía nos topamos con muchas pisadas de animales salvajes, algunos dijeron lobeznos, aunque no los llegamos a ver. Casi al final del día llegamos a divisar a lo lejos una familia de renos salvajes, aunque estaban muy cerca de la montaña y no había zoom para tanto. El momento más fantástico de ese día vino cuando nos situamos sobre un puente metálico que estaba ya cerca del refugio. Pudimos ver cómo la primavera se iba acercando a Laponia de manera inevitable y se manifestaban los primeros síntomas del deshielo en uno de los muchos riachuelos que atraviesan el Kungsleden. En ese momento te sientes muy feliz. El resto fue un paseo hasta llegar al refugio de Singi con nuestras inseparables raquetas de nieve y las clásicas bromas bilingües que nos gastábamos los miembros del grupo. El ambiente era muy bueno y quizás no éramos conscientes de que la aventura estaba a punto de terminar.
Sitios insólitos en Nikkaulokta
Aurora Boreal
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Faltaban muy pocas horas para pillar el avión que nos enviaba de nuevo a Estocolmo. Llevábamos más de una semana en mitad de Laponia Sueca con el objetivo de ver la aurora boreal y no lo habíamos conseguido. Mientras tanto, apurábamos nuestras últimas horas juntos con una cena de despedida. Entre bocado y sorbo de cerveza, celebramos el éxito de la travesía, revivimos algunas anécdotas del camino y reímos sin parar. Para todos había sido una aventura irrepetible, pero nos íbamos a casa con la espina clavada de no haber visto la aurora boreal. Después de casi diez días perdidos en el Círculo Polar Ártico, estábamos en el lugar menos apropiado para ver la aurora boreal. Nikkaulokta es un pueblo pequeño, pero no deja de tener muchas luces que estropearían la visibilidad. Prácticamente, nos hacía falta un milagro. Y el milagro sucedió. Tras la cena, salimos del restaurante con la intención de ir a la cama, pues al día siguiente teníamos que levantarnos temprano. Nada más salir del restaurante empezamos a ver las primeras estelas. En ese momento hubo una especie de locura colectiva. Risas, estruendo, frenesí, corríamos de un lugar a otro. Los lugareños descubrieron por nuestras muecas de felicidad que era la primera vez que veíamos aquel espectáculo de luces verdes. Cámara en mano, empezamos a hacer algunas fotos a lo loco, pero pronto el frío polar nos recordó que estábamos en Laponia y nos impidió estar mucho tiempo a la intemperie. Corrimos hasta nuestra cabaña a por más ropa de abrigo, a por los trípodes y a tomar buenas posiciones. Aunque las imágenes no eran muy buenas en cuanto a composición, empezamos a disparar fotos de larga exposición una tras otra. De 30 en 30 segundos más lo que la cámara tardara en procesar la imágen. Poco importaba el encuadre o las reglas fotográficas, allí lo que queríamos era captar el momento. Y ese momento, fue uno de los más extraños y especiales al mismo tiempo de mi vida. Por muchas fotos que os enseñe, la aurora boreal es un fenómeno que se tiene que ver en persona. Las fotos no le hacen justicia. Cuando la ves aparecer no acabas de creértelo. Son como haces de luces verdes y amarillas que surcan el cielo fugazmente, parece sacado de una peli de ciencia ficción, pero es real, muy real.
De interés turístico en Kiruna
Sitios insólitos en Abisko
Alesjaure
El segundo día de ruta de nuestro viaje a Laponia Sueca fue sin duda el que peor lo pasé. Ese día teníamos que recorrer 22 kilómetros, era la etapa más larga del Kungsleden, y tenía de por medio la mayor subida de todo el recorrido. El principio de la etapa fue bastante bien. Dejamos atrás el lago Abiskokaure y con él la vegetación tan característica del primer día. A partir de ahora sólo veríamos nieve, hielo, rocas y montañas. La cosa se tornó un tanto peliaguda cuando el camino se puso cuesta arriba. No era una subida demasiado exigente, pero pronto descubrí que las piernas no me respondían. Ascendía a paso caracol y veía como los pocos esquiadores que se atrevían con la ascensión me iban adelantando. Paso a paso llegamos a la cumbre, y allí hallamos una misteriosa piedra con inscripciones. En ese punto, disfrutamos de uno de nuestros momentos zen. Ojos cerrados y silencio absoluto. En muchos lugares del Kungsleden hay puntos calificados como lugares de meditación. La serenidad que sentimos allí es indescriptible. Sin embargo, las fuerzas que utilicé en la subida me pasaron factura. A mitad de camino había un refugio de emergencia en el que debíamos tomar el almuerzo. El tramo desde el final de la ascensión hasta el refugio de emergencia fue el peor de todo el viaje. Me costó muchísimo llegar, ya que no tenía fuerzas para nada. Pese a que te falta la energía, en esos momentos es mucho más importante la fuerza mental que la física. En el refugio de emergencia me esperaban mis compañeros y una gran comilona para afrontar la segunda parte de la etapa. El segundo tramo tampoco fue sencillo. Tras la comida me sentía un poco mejor, pero la etapa se me hizo larga, muy larga. Hubo un momento en el que divisamos el refugio a lo lejos, y eso me desesperaba. ¿Por qué? Quizás porque tenía muchas ganas de llegar y pese a que el refugio estaba a la vista, la distancia era todavía de varias horas. Al final nos sorprendió un tramo de nieve blanda en el que te hundías hasta la rodilla y necesitabas mucho esfuerzo para dar cada paso. Lo pasé mal, pero luego en el refugio el cansancio se pasa y el cuerpo se fortalece. Las vistas del lago Alesjaure y la sauna reconfortante hizo que me olvidara pronto del esfuerzo.
Sitios insólitos en Abisko
Abiskojaure
La primera etapa de nuestro viaje a Laponia nos tenía que llevar desde la Estación de Montaña de Abisko hasta un refugio ubicado al sur del lago Abiskojaure. Para abrir boca, la distancia a recorrer era de unos 15 kilómetros. Antes de salir de Abisko pesamos nuestras mochilas. La mía rondaba los diez kilos. La primera etapa fue un poco extraña, pues no tenía todavía ritmo y realmente no conocía mis limitaciones. No había entrenado demasiado y no sabía lo que me podía deparar el camino. Lo único que sabía es que cogeríamos el Kungsleden en dirección norte-sur y que nos quedaban unos 100 kilómetros de viaje a Laponia Sueca por delante. La primera etapa fue larga, más bien se me hizo un poco larga. Al principio íbamos bastante ligeros, parando constantemente a hacer fotos de la inmensidad polar. El paisaje era muy característico, ya que estaba todo lleno de ramas de árboles deshojadas y muy finos. Hubo tramos que hicimos con raquetas y otros sin ellas. A los pocos kilómetros de salir de Abisko tuvimos la gran suerte de avistar una pareja de alces. Sin embargo, estaban tan bien camuflados que fue muy difícil captarlos con la cámara. Por lo demás, aguanté bastante bien el primer tramo de la etapa, pero pronto mi falta de entrenamiento empezó a pasarme factura. No en forma de cansancio, sino más bien, porque algunos de mis músculos, que no sabía ni que existían, empezaron a quejarse amargamente. Pese a que se me hizo eterna, el final de la etapa fue una pasada, ya que atravesamos andando el lago Abiskojaure. Teníamos como referencia el refugio al final de lago, aunque las distancias en el hielo son muy engañosas. Al final logré el objetivo. Estaba exhausto, pero el cansancio se pasó pronto con la diversión del refugio.
Valles en Abisko
Sälka
La noche anterior en el refugio de Tjäktja no había dormido muy tranquilo. Sabía que el comienzo de la cuarta etapa era exigente, ya que tiraba cuesta arriba y temía que eso me dejara ko desde el principio. Sin embargo, la realidad fue muy distinta y aguanté como un jabato los doce kilómetros del día. Empecé a marcare un ritmo y allí que me puse a tirar sin descanso como un campeón, sin cebarme demasiado, pero sin pausa. Pensaba que todo lo que tirara al principio sería camino que me acercaba al siguiente refugio. A ese ritmo, llegamos muy pronto al refugio de emergencia que había a mitad de camino. Lo hicimos tan rápido que decidimos no comer todavía, ya que era muy temprano. La caseta estaba ubicada en el punto más alto de todo el recorrido. Se trataba del paso de Tjäktja, situado a 1.140 metros de altitud. Todo el esfuerzo de las anteriores etapas cobró sentido en ese punto, ya que nos regaló una de las vistas más hermosas que jamás veré en mi vida. La belleza del paisaje polar me dotó de una energía y una motivación especial, más bien de un ánimo especial. En esos momentos me sentí libre y feliz. Aunque la felicidad no era completa, ya que me acordaba mucho de los míos. En mitad de Laponia no es difícil sentirse sólo. El resto de la jornada fue sencilla y placentera. El valle Tjäktjavagge se abría ante nosotros y nos proporcionaba unas vistas espectaculares. Era un valle de formación típicamente glaciar con montañas idénticas una detrás de otra. Una auténtica maravilla para la vista. Entre risas y buen ambiente llegó la hora del picnic y poco después la llegada al refugio de Sälka donde pudimos disfrutar de una sauna y de un poco de higiene. Había sido una jornada de ensueño. Por fin me sentí cómodo en la caminata y pude disfrutar de unos paisajes inolvidables.
Valles en Abisko
Tjäktja
La tercera etapa del viaje a Laponia Sueca que hice en primavera, se presentaba con muchas incertidumbres. ¿Cómo reaccionaría mi cuerpo tras la paliza del día anterior? Era una incógnita. De momento lo que hice fue desayunar más que los dos días anteriores y hacer unas cuantas fotos a los bellos parajes cerca de Alesjaure para relajarme. En principio, la etapa que íbamos a emprender hasta Tjäktja era mucho más fácil que la del día anterior. Sólo eran 13 kilómetros y el camino no presentaba ninguna sorpresa temible. Intenté salir lo más concentrado posible y alcanzar un buen ritmo sin desfondarme. Esta táctica parecía que daba buen resultado al principio. El paisaje de esta zona de Laponia es una maravilla. No hay casi vegetación, pero la nieve es completamente virgen, y las montañas de formación típicamente glaciar le dan un aspecto fascinante a los valles por los que íbamos caminando con nuestras inseparables raquetas. Hasta el pícnic de mediodía parecía que todo marchaba de maravilla. Para que os hagáis una idea, las paradas para almorzar las hacíamos en medio de la nada. Siempre intentábamos que coincidiera con un lugar lo más recogido posible, o sobre alguna piedra que resguardara del frío las posaderas. Dependiendo de si el refugio de la noche anterior tenía tienda o no, el menú del día era un “poco” mejor. Sino, nos tocaba cargar las provisiones de un par de días. Los pícnics eran muy divertidos, aunque las paradas no podían exceder los 20 minutos, ya que el frío siempre estaba presente. Tras la comida aguanté un ratito más a buen ritmo, no obstante, me enteré de sopetón de que el refugio estaba cerca, pero había que subir para alcanzarlo. En ese momento mi cabeza se bloquea y el cansancio parece más de lo que realmente es. El tramo final se me hizo eterno, pero el paisaje hasta Tjäktja fue de los más bellos de todo el recorrido. Con más pena que gloria llegué al refugio de Tjäktja, el más elevado de cuantos nos acogerían durante el viaje a Laponia Sueca. Llegué cansado, dolorido y con muy poca confianza en mis posibilidades. Yo en ese momento no lo sabía, pero ese era el último día en el que lo pasaría mal. Era el final de la adaptación, un nuevo Pau resurgiría a partir de la cuarta etapa.
De interés cultural en Vuollerim
La villa de las 1000 luces
El trabajo conjunto de los habitantes de la villa fue decisivo en la consecución de varios objetivos: atraer el turismo nacional e internacional y ofrecerles experiencias de calidad inolvidables. Como habitante de la pequeña pero cálida villa de Vuollerim, puedo decir que cada momento durante los preparativos fue una experiencia de vida. El programa se realizó para cubrir toda una semana completa, desde el 28 de enero al 6 de febrero. El Hotel Vuollerim fue el lugar recurrente de encuentro para la gente. Deliciosa comida basada en carne de reno y alce, platillos locales con un ingrediente fuera de serie: la amabilidad de la gente. Entre las actividades que hubo: exposiciones históricas, narraciones de historias frente al fuego en tiendas sami, esquí a campo través y esquí rápido, danza y de esculturas de hielo, mini curso de cómo fabricar lámparas de hielo, montar a caballo bajo la nieve y paseos en pony, excursiones con tema conocimiento de la nieve y ecología de invierno, trineo y caballo alrededor del pueblo, danza, masajes personalizados, saunas al aire libre, presentaciones musicales y exposiciones a cargo de un reconocido arqueólogo sueco: Ulf Westfall. Hubo turistas tanto del sur de Suecia como del extranjero. La visita de la fotógrafa italiana Sussy Mezzanotte fue muy especial y enriquecedora para toda la gente.Se puede resaltar que las historias culturales acerca del lugar, las exposiciones sobre el comienzo del mercado de invierno y la Cena Casera del Salto (una experiencia única),la fabricación de esculturas de nieve y lámparas de hielo, son vivencias que fueron especialmente valoradas por los visitantes. El sol comienza a salir, pronto vendrá la primavera. Pronto podremos ver los que nos espera el verano y las sorpresas que esta pequeña región del mundo tiene preparada para los visitantes. Las actividades nunca acaban. Tenemos preparados paquetes personalizados y de grupo para todo el año. Lo importante es abrirse al mundo y tomar la decisión de ampliar la visión a través del conocimiento de los estilos de vida de la gente. Hay tantas cosas por probar en esta parte del mundo y de otras más que no deberíamos pensar en los límites al conocimiento cultural.
Miradores en Kiruna
Iglesias en Lulea
Gammelstad
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Interesante ciudad iglesia