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Qué ver en Abisko

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7 cosas que hacer en Abisko

Pueblos en Abisko
Abisko
Mi estancia en Abisko se ha convertido por méritos propios en la más septentrional de todos los lugares en los que he estado. Dudo que algún día esté más al norte, pues Abisko se encuentra a 200 kilómetros por encima del Círculo Polar Ártico. ¿Y qué hacía yo donde Cristo perdió la sandalia? Pues empezar un viaje a Laponia Sueca, ya que en Abisko se encuentra un parque nacional que es el inicio del Kungsleden o Camino del Rey. Un sendero que recorreríamos los días siguientes con raquetas de nieve. Abisko es una pequeño aldea y un parque nacional situado en el norte de Suecia. Geográficamente, está situado en la provincia sueca de la Laponia al lado de la frontera con Noruega. El parque se fundó en 1909, el mismo año en el que se promulgaron las primeras leyes de preservación de la naturaleza en Suecia. Abisko es también sede del centro de investigación científica de Abisko, primero establecido en 1903 cerca de la aldea de Abisko e incorporado a la Real Academia de Ciencias Sueca en 1935. Se utiliza sobre todo para la investigación ambiental, biológica, y geológica.
Valles en Abisko
Singi
Siete días fuera de casa, seis con el grupo y cinco de caminata. El viaje a Laponia Sueca estaba en su tramo final. La etapa que nos dirigía desde el refugio de Sälka a Singi fue la primera que afronté con la moral a tope. El día de antes no había sufrido y empecé a darme cuenta de que estaba en un lugar único y que la aventura se estaba acabando. Era ahora o nunca. Ese día eran 12 kilómetros de travesía más o menos llanos y con poca dificultad, por lo que fue una jornada muy tranquila en la que disfruté del paisaje de Laponia y del Círculo Polar Ártico. De hecho, todo el grupo fuimos a un paso muy cómodo, lo que me permitió parar a hacer fotos muchas veces. El paisaje era similar al de la etapa anterior. Un valle de formación glaciar con montañas casi idénticas una detrás de otra. No obstante, esta vez me sentía muy cómodo y tenía ganas de vivir más intensamente el paisaje casi desértico. Fue también en este trayecto donde vimos por primer vez la montaña más alta de Suecia, el célebre Kebnekaise. En la travesía nos topamos con muchas pisadas de animales salvajes, algunos dijeron lobeznos, aunque no los llegamos a ver. Casi al final del día llegamos a divisar a lo lejos una familia de renos salvajes, aunque estaban muy cerca de la montaña y no había zoom para tanto. El momento más fantástico de ese día vino cuando nos situamos sobre un puente metálico que estaba ya cerca del refugio. Pudimos ver cómo la primavera se iba acercando a Laponia de manera inevitable y se manifestaban los primeros síntomas del deshielo en uno de los muchos riachuelos que atraviesan el Kungsleden. En ese momento te sientes muy feliz. El resto fue un paseo hasta llegar al refugio de Singi con nuestras inseparables raquetas de nieve y las clásicas bromas bilingües que nos gastábamos los miembros del grupo. El ambiente era muy bueno y quizás no éramos conscientes de que la aventura estaba a punto de terminar.
Sitios insólitos en Abisko
Alesjaure
El segundo día de ruta de nuestro viaje a Laponia Sueca fue sin duda el que peor lo pasé. Ese día teníamos que recorrer 22 kilómetros, era la etapa más larga del Kungsleden, y tenía de por medio la mayor subida de todo el recorrido. El principio de la etapa fue bastante bien. Dejamos atrás el lago Abiskokaure y con él la vegetación tan característica del primer día. A partir de ahora sólo veríamos nieve, hielo, rocas y montañas. La cosa se tornó un tanto peliaguda cuando el camino se puso cuesta arriba. No era una subida demasiado exigente, pero pronto descubrí que las piernas no me respondían. Ascendía a paso caracol y veía como los pocos esquiadores que se atrevían con la ascensión me iban adelantando. Paso a paso llegamos a la cumbre, y allí hallamos una misteriosa piedra con inscripciones. En ese punto, disfrutamos de uno de nuestros momentos zen. Ojos cerrados y silencio absoluto. En muchos lugares del Kungsleden hay puntos calificados como lugares de meditación. La serenidad que sentimos allí es indescriptible. Sin embargo, las fuerzas que utilicé en la subida me pasaron factura. A mitad de camino había un refugio de emergencia en el que debíamos tomar el almuerzo. El tramo desde el final de la ascensión hasta el refugio de emergencia fue el peor de todo el viaje. Me costó muchísimo llegar, ya que no tenía fuerzas para nada. Pese a que te falta la energía, en esos momentos es mucho más importante la fuerza mental que la física. En el refugio de emergencia me esperaban mis compañeros y una gran comilona para afrontar la segunda parte de la etapa. El segundo tramo tampoco fue sencillo. Tras la comida me sentía un poco mejor, pero la etapa se me hizo larga, muy larga. Hubo un momento en el que divisamos el refugio a lo lejos, y eso me desesperaba. ¿Por qué? Quizás porque tenía muchas ganas de llegar y pese a que el refugio estaba a la vista, la distancia era todavía de varias horas. Al final nos sorprendió un tramo de nieve blanda en el que te hundías hasta la rodilla y necesitabas mucho esfuerzo para dar cada paso. Lo pasé mal, pero luego en el refugio el cansancio se pasa y el cuerpo se fortalece. Las vistas del lago Alesjaure y la sauna reconfortante hizo que me olvidara pronto del esfuerzo.
Sitios insólitos en Abisko
Abiskojaure
La primera etapa de nuestro viaje a Laponia nos tenía que llevar desde la Estación de Montaña de Abisko hasta un refugio ubicado al sur del lago Abiskojaure. Para abrir boca, la distancia a recorrer era de unos 15 kilómetros. Antes de salir de Abisko pesamos nuestras mochilas. La mía rondaba los diez kilos. La primera etapa fue un poco extraña, pues no tenía todavía ritmo y realmente no conocía mis limitaciones. No había entrenado demasiado y no sabía lo que me podía deparar el camino. Lo único que sabía es que cogeríamos el Kungsleden en dirección norte-sur y que nos quedaban unos 100 kilómetros de viaje a Laponia Sueca por delante. La primera etapa fue larga, más bien se me hizo un poco larga. Al principio íbamos bastante ligeros, parando constantemente a hacer fotos de la inmensidad polar. El paisaje era muy característico, ya que estaba todo lleno de ramas de árboles deshojadas y muy finos. Hubo tramos que hicimos con raquetas y otros sin ellas. A los pocos kilómetros de salir de Abisko tuvimos la gran suerte de avistar una pareja de alces. Sin embargo, estaban tan bien camuflados que fue muy difícil captarlos con la cámara. Por lo demás, aguanté bastante bien el primer tramo de la etapa, pero pronto mi falta de entrenamiento empezó a pasarme factura. No en forma de cansancio, sino más bien, porque algunos de mis músculos, que no sabía ni que existían, empezaron a quejarse amargamente. Pese a que se me hizo eterna, el final de la etapa fue una pasada, ya que atravesamos andando el lago Abiskojaure. Teníamos como referencia el refugio al final de lago, aunque las distancias en el hielo son muy engañosas. Al final logré el objetivo. Estaba exhausto, pero el cansancio se pasó pronto con la diversión del refugio.
Valles en Abisko
Sälka
(1)
La noche anterior en el refugio de Tjäktja no había dormido muy tranquilo. Sabía que el comienzo de la cuarta etapa era exigente, ya que tiraba cuesta arriba y temía que eso me dejara ko desde el principio. Sin embargo, la realidad fue muy distinta y aguanté como un jabato los doce kilómetros del día. Empecé a marcare un ritmo y allí que me puse a tirar sin descanso como un campeón, sin cebarme demasiado, pero sin pausa. Pensaba que todo lo que tirara al principio sería camino que me acercaba al siguiente refugio. A ese ritmo, llegamos muy pronto al refugio de emergencia que había a mitad de camino. Lo hicimos tan rápido que decidimos no comer todavía, ya que era muy temprano. La caseta estaba ubicada en el punto más alto de todo el recorrido. Se trataba del paso de Tjäktja, situado a 1.140 metros de altitud. Todo el esfuerzo de las anteriores etapas cobró sentido en ese punto, ya que nos regaló una de las vistas más hermosas que jamás veré en mi vida. La belleza del paisaje polar me dotó de una energía y una motivación especial, más bien de un ánimo especial. En esos momentos me sentí libre y feliz. Aunque la felicidad no era completa, ya que me acordaba mucho de los míos. En mitad de Laponia no es difícil sentirse sólo. El resto de la jornada fue sencilla y placentera. El valle Tjäktjavagge se abría ante nosotros y nos proporcionaba unas vistas espectaculares. Era un valle de formación típicamente glaciar con montañas idénticas una detrás de otra. Una auténtica maravilla para la vista. Entre risas y buen ambiente llegó la hora del picnic y poco después la llegada al refugio de Sälka donde pudimos disfrutar de una sauna y de un poco de higiene. Había sido una jornada de ensueño. Por fin me sentí cómodo en la caminata y pude disfrutar de unos paisajes inolvidables.
Valles en Abisko
Tjäktja
La tercera etapa del viaje a Laponia Sueca que hice en primavera, se presentaba con muchas incertidumbres. ¿Cómo reaccionaría mi cuerpo tras la paliza del día anterior? Era una incógnita. De momento lo que hice fue desayunar más que los dos días anteriores y hacer unas cuantas fotos a los bellos parajes cerca de Alesjaure para relajarme. En principio, la etapa que íbamos a emprender hasta Tjäktja era mucho más fácil que la del día anterior. Sólo eran 13 kilómetros y el camino no presentaba ninguna sorpresa temible. Intenté salir lo más concentrado posible y alcanzar un buen ritmo sin desfondarme. Esta táctica parecía que daba buen resultado al principio. El paisaje de esta zona de Laponia es una maravilla. No hay casi vegetación, pero la nieve es completamente virgen, y las montañas de formación típicamente glaciar le dan un aspecto fascinante a los valles por los que íbamos caminando con nuestras inseparables raquetas. Hasta el pícnic de mediodía parecía que todo marchaba de maravilla. Para que os hagáis una idea, las paradas para almorzar las hacíamos en medio de la nada. Siempre intentábamos que coincidiera con un lugar lo más recogido posible, o sobre alguna piedra que resguardara del frío las posaderas. Dependiendo de si el refugio de la noche anterior tenía tienda o no, el menú del día era un “poco” mejor. Sino, nos tocaba cargar las provisiones de un par de días. Los pícnics eran muy divertidos, aunque las paradas no podían exceder los 20 minutos, ya que el frío siempre estaba presente. Tras la comida aguanté un ratito más a buen ritmo, no obstante, me enteré de sopetón de que el refugio estaba cerca, pero había que subir para alcanzarlo. En ese momento mi cabeza se bloquea y el cansancio parece más de lo que realmente es. El tramo final se me hizo eterno, pero el paisaje hasta Tjäktja fue de los más bellos de todo el recorrido. Con más pena que gloria llegué al refugio de Tjäktja, el más elevado de cuantos nos acogerían durante el viaje a Laponia Sueca. Llegué cansado, dolorido y con muy poca confianza en mis posibilidades. Yo en ese momento no lo sabía, pero ese era el último día en el que lo pasaría mal. Era el final de la adaptación, un nuevo Pau resurgiría a partir de la cuarta etapa.
Reservas Naturales en Abisko
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