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Iglesias en Lugano

2 iglesias en Lugano

Iglesias en Lugano
Santa María de los Ángeles
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La iglesia de Santa María de los Ángeles, justo en la orilla del Lago de Lugano, alberga dentro grandes tesoros que, desde fuera, nadie se imaginaría. Sobre todo, los frescos: Unas pinturas de valor incalculable creadas por el maestro Bernardino Luini, uno de los aprendices de Leonardo. Tanto la Crucifixión como La Última cena (recuerda mucho a la de su maestro) son espectaculares y bien merecen la visita. Sorprende encontrarlos en un lugar como ese.
Iglesias en Lugano
Iglesia de San Rocco Lugano
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Y es algo muy común a todos los templos que se dedican a este santo, tan humilde y sencillo que su única y mejor compañía es un perro que lame sus heridas causadas por el contagio de lepra mientras se dedicaba a curar a enfermos en Montpellier. Por eso, no llama la atención demasiado, más bien poco, con su fachada austera y de estilo neo barroco, sencillo, que no tiene nada que ver con las joyas que guarda en su interior. Pero de eso hablaremos luego, ya que primero quiero que conozcan la leyenda que envuelve a la pequeña iglesia. Ocurrió que entre 1512 y 1527 una terrible plaga de Peste Negra, de esas tan virulentas y mortales que eran capaces de dejar a la Europa de la época casi despoblada, llegó a Lugano y se cebó con todos sus habitantes. Los que iban mal que bien, escapando de La Guadaña, se reunieron para en un desesperado intento, pedir la intercesión de los santos para parar la epidemia. En aquella época San Roque o Rocco, era el más indicado para obrar el milagro, así que decidieron edificar un templo en su honor en el lugar que hasta entonces ocupaba el medieval palacio de los Duques de Lugano. Pero la epidemia fue perdiendo fuerzas y la promesa se olvidó. La casualidad quiso que en 1528 la Peste regresara a por los que se habían escapado por la mediación del santo o por los pocos y escasos cuidados médicos, quién sabe, y a los luganeses les entró esa 'mieditis' aguda de la desesperación. Así que enfermos como estaban empezaron a construir a toda prisa el templo, no fueran a perder el favor del Santo sanador. Y aunque pusieron todas sus fuerzas y voluntad, no fue hasta finales de siglo que pudieron verla acabada, por falta de mano de obra, por falta de dineros, pero no creo que por falta de fe. La razón más importante para Lugano era construir una iglesia que, durante la terrible plaga, pudiera servir como hospital para las víctimas de la peste. Hoy, la iglesia ha pasado la página de su terrible historia y nos regala preciosos frescos sobre la vida del Santo y otras hermosas escenas de la Natividad. Tan sólo por la leyenda, vale la pena visitarla. Además no hay que desviarse de la ruta turística...