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Qué ver en El Yunque

9 colaboradores

4 cosas que hacer en El Yunque

Cataratas en El Yunque
Cascada La Coca
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Una de las ventajas que tiene el bosque tropical El Yunque, es que podemos visitarlo cómodamente en coche, ya que el trazado de la carretera que lo recorre lleva con facilidad de un punto de interés a otro en apenas unos minutos. Así que basta seguir los carteles de orientación del parque para llegar al pie de esta preciosa cascada que,sin duda, es una de las imágenes más conocidas y difundidas del Yunque. La Cascada La Coca debe su nombre a su propietario oficial, el colono español Juan Diego de La Coca. Aunque en el momento en que la visitamos el caudal era muy discreto al no estar en época de lluvias, normalmente es una masa de agua que cae por despeñaderos de piedra llenos de musgo y vegetación. El Bosque Nacional del Caribe es conocido por tener las aguas de más alta calidad en Puerto Rico. Debido a que es un bosque tropical de montaña, hay un montón de ríos y arroyos que cruzan el bosque. El lugar es realmente mágico, aunque si que echo de menos que haya más protección del entorno natural de la cascada y se prohíba el acceso a la base de la misma, por los daños a la naturaleza y por la propia seguridad de los visitantes.
De interés turístico en El Yunque
Torre Yokahú
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Junto a la misma carretera que nos lleva a la Cascada de la Coca, unos kilómetros más adelante encontramos la torre de Yokahú. El nombre de esta gran atalaya le fue dado en honor del espíritu benévolo de los indios tahínos que se dice moraba en estos parajes, que por otro lado eran considerados sagrados. Fue construida hace justo 50 años por uno de los promotores del parque, Wadsworth, que quería que los visitantes tuvieran desde lo alto una visión que abarcara la casi totalidad del parque. Y lo consiguió, ya que desde lo más alto y tras subir una empinada pero nada difícil escalera, tenemos un panorama único de los 112 kilómetros cuadrados del Yunque. En ese momento llovía muchísimo ya que durante casi todo el año las lluvias que llegan desde el Atlántico chocan con esta cornisa formada por las montañas, descargan el agua que transportan y convierten al Yunque en el área más lluviosa de toda la Isla. Como curiosidad, decir que se construyó con una técnica de moldes deslizables que se levantaban antes de que el hormigón secara para dar la impresión de una torre monolítica, sin juntas y que los planos se inspiraron en los silos para grano que levantaban por la isla los ingenieros miembros de la Iglesia Menonita. En la parte baja hay una pequeña tienda donde comprar algunos recuerdos del Parque como las pequeñas ranas coquí, famosas en todo el Estado.
De interés turístico en El Yunque
Vereda de los Árboles Grandes, El Yunque
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Son sólo 1.200 metros que se recorren en apenas media hora, pero bastan para aprender toda una lección de naturaleza en vivo, de comprender la evolución vegetal y sobre todo de aprender a respetar y amar al gigantesco manto verde que constituye el Yunque. Como vimos en los anteriores rincones del parque, podemos dejar el coche aparcado en las áreas destinadas al efecto, desde donde siguiendo las perfectamente indicadas rutas podemos recorrer a pie las distintas zonas de el Yunque. Una de ella es la de los Árboles Grandes hasta la cascada de la Mina, donde incluso podremos darnos un buen chapuzón. Un sendero perfectamente trazado y cubierto de una mezcla de cemento y piedra, para evitar resbalones que se integra casi perfectamente con el entorno, nos va llevando de una a otra maravilla vegetal. Grandes carteles explicativos nos proveen a cada paso de información sobre la flora y fauna del llamado "bosque húmedo o lluvioso" y la biodiversidad que nos rodea. Colibries esmeralda que con deleite liban las flores que les salen al paso, o plataneros negros y amarillos que lanzan su canto a la bóveda verde se muestran a nuestros ojos, junto con los lagartitos anoles, de un intenso verde, muy vergonzosos y tímidos. Son éstas algunas de las especies que viven en esta zona del bosque, llamada del Tabonuco, llamado así por ser la especie de este gigante verde la que predomina. De madera suave y gris y con una resina blanca y fragante que rezuma a todas horas es el soporte perfecto para los helechos y las enredaderas trepadoras que forman el techo de este perfecto bosque pluvial. O casi perfecto, ya que falta uno de los árboles más valiosos del mundo, el ausubo. Según parece, el valor de esta especie era tan grande, que el rey de España prohibió terminantemente su exportación para que no cayera en manos del enemigo en algún ataque pirata. El ausubo es fuerte, atractivo y la madera es extremadamente densa; tan densa que es muy resistente a la polilla y al deterioro. Su fuerza y calidad es tal, que muchos de los más antiguos edificios de San Juan tienen fuertes vigas hechas con madera de ausubo. Para terminar el paseo volvamos por el sendero al punto de partida, relajados e instruidos por la Madre Naturaleza.
De interés turístico en El Yunque
Cascada La Mina
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Como colofón de la ruta de los Árboles Grandes, llegamos a la Cascada de la Mina, una caída de agua de pequeña altura pero de gran y constante caudal. Lo habitual es bañarse en la poza y descansar del sendero de media hora, casi todo en descenso, que lleva hasta ella. Por el camino hemos podido disfrutar de las más de 240 especies de árboles y plantas como las orquídeas silvestres, las palmas, los árboles de tobonuco, colorados, pinos, palmeras y helechos gigantes. A lo lejos nos han acompañado los cantos de las cotorras y los papagayos y aunque no las hemos visto, desde algunos árboles nos puede haber observado alguna boa portorriqueña. Nuestra anfitriona, por supuesto es la rana coquí, tímido símbolo nacional. Les cuento la leyenda porque es muy bonita. Al parecer existió un jefe tahino llamado Coquí, bravo y valeroso, tanto que los dioses ordenaron que su nombre nunca fuera olvidado y para ello esta rana recibió el mandato de proclamar su nombre continuamente a lo largo de todos los territorios de la isla. Puede que de vez en cuando venga, como nosotros, a refrescarse a la Cascada de la Mina, punto de encuentro de borinqueños y foráneos que la disfrutan para refrescarse después de recorrer el sendero que lleva hasta ella.