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Qué ver en Djenné

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10 cosas que hacer en Djenné

Ciudades en Djenné
Mezquita de Djénné
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Djenné es una ciudad de tamaño bastante pequeño para la importancia que tiene en Mali. Está entre dos afluentes del río Níger, y el río que la baña se llama Bani. Cuando llegues, un poquito antes de entrar en la ciudad, hay unos estafadores que venden “boletos de entrada a la ciudad”!! y un falso policía que dice que sí sí, hay que pagar. Nunca se ha pagado para entrar a una ciudad, claro. Djenné era una universidad muy reconocida, una ciudad construida de barro seco, empezando por su impresionante mezquita del siglo XIII. Hoy, sigue siendo un punto de intercambios comerciales importante, y la etnia mayoritaria de la región son los Bozos, que es una etnia de pescadores de río. Luego la conquistaron los Songha, dicen que después de 7 meses y 7 días de asalto. Es un patrimonio mundial de la UNESCO. Llegarás a Djenné desde Mopti, si tomas un bus público, sale y llega cuando le da la gana, una vez sale, son 4-5 horas de camino. Para volver a Bamako son 8 horas. Te puedes quedar en hoteles para 10-15 euros la noche para los más básicos. Como hay poca oferta, es bastante caro para la región.
Mercados en Djenné
El gran Mercado
Amanecer en lunes no fue casualidad , no ! estaba previsto en el itinerario , los lunes son día de mercado así que madrugue y tras atravesar su explanada me diriji a la orilla del río para ver llegar las pinazas , todo un espectáculo ¡ Ya de lejos no entendía como llegaban sin volcar , por favor cuanta gente , mercancias variadas , sus motos y borricos , cuantas señoras tan elegantes con sus estampados , sus bebes atados a la espalda y sus pertenencias sobre sus cabezas . Yo aposentada a la orilla del lavadero , viviendo como los comerciantes y vendedores llegaban de remotos lugares atraves del río es algo que nadie deberia perderse . Decido seguirlos y mezclarme , deambular por los puestos ya en la explanada de la Gran Mezquita ; comienza el espectáculo ¡ en el mercado , en una variedad y colorido increíble ! Puestos tan variados como sus productos , calabazas de increíble tamaño , puestos de perfumes , de atillos de leña o pescado fresco , pero sobre todo seco . Tambien los de las joyas de plata , bronce u oro , sin faltar los de plantas medicinales y de aceites . Decido subir a una terraza y desde allí contemplo como acuden a la cita , fascinada donde las mujeres lucen sus mejores galas y sus hermosos pendientes de oro . Ver como se fusionan las etnias ( Bambara - Songhais - Peul - Tuareg - Fulami - Bozos - Tamashke - ) un lugar donde se vende el excedente de datiles , cacahuetes . Donde comprar sal o las nueces de cola , pero sobre todo es el lugar donde informarse , coquetear dejarse ver y ser visto . Sera sin duda el lugar por excelencia , su bullicioso mercado . Donde revivir la memoria de un pasado, a la sombra de la Mezquita de Yenne . Tras la dura e intensa jornada , les ves poco a poco diseminarse por las callejuelas hacia las pinazas que les llevaran de nuevo a sus hogares , hasta el próximo encuentro ¡ en el mismo lugar ! Mi estancia en Djenne , no me deja indiferente ¡ si no todo lo contrario , tuve la sensación de haber vivido momentos extraordinarios en esta parte de Africa Occidental !
Ríos en Djenné
El rio Bani
Djenné y su gran “catedral de barro” están casi a nuestro alcance, tan sólo nos separa de nuestro destino una estrecha lengua de agua de unos 3 kilómetros, se trata del río Bani cuyas aguas se desbordan anualmente en la estación lluviosa anegando la gran llanura en la que se alza la ciudad de Djenné. La gran avenida de las aguas del Bani convierte a Djenné de manera eventual en un precioso islote, circunstancia que le ha hecho merecer el calificativo de “La Venecia del Níger”. El desbordamiento del Bani es esperado con avidez por los habitantes de Djenné ya que durante siglos ha hecho posible la pesca, la agricultura y el pastoreo, actividades que desaparecerían sin el aporte de aguas de este afluente del Níger. Tras arduas discusiones entre el gobierno central y los habitantes de Djenné la presa de Talo fue inaugurada en el año 2003, su puesta en marcha frenó en cierta medida el desbordamiento “salvaje” del Bani a su paso por Djenné lo que vino a mermar considerablemente la existencia de terrenos aptos para el pastoreo, la agricultura y la pesca. La orilla del río Bani es un hervidero de gentes; hombres, mujeres, niños, bestias y vehículos se agolpan en un estrecho margen de terreno mientras esperan pacientemente su turno para acceder a la barcaza que les transportará en una corta travesía desde el embarcadero a la ciudad de Djenné. Los vehículos a motor acceden al interior de la vetusta barcaza por riguroso orden de estacionamiento (de ahí que convenga llegar temprano a la orilla del río), el resto del pasaje se afana en una caótica y multitudinaria carrera cuya meta consiste en lograr un espacio en la plana cubierta de la embarcación. El acceso a la barcaza es gratuito para personas y animales, no así para los vehículos aunque la cantidad a pagar es irrisoria. Encaramado en el techo de nuestro viejo Land Rover contemplo fascinado el variopinto collage que componen pasajeros, animales y mercancías en la abarrotada cubierta de nuestro transporte. Es Lunes, día de Mercado en Djenné lo cual atrae tanto a turistas como a personas de poblados limítrofes que acuden a la ciudad cargados con todo tipo de pertrechos y mercaderías con las que negociar. Gallinas, cabras, burros, conejos y pollos parecen barruntar su próximo destino, los rostros lechosos y sonrosados de los turistas contrastan con el color ébano de los nativos, los forasteros se apiñan entre inseguros e intranquilos formando pequeños grupos, parece que no se sienten a gusto rodeados de la gran masa de nativos que les contempla entre curiosos y divertidos. No hay que descuidar tampoco la vista que ofrece el horizonte, según nos acercamos a Djenné distinguimos con claridad la silueta almenada de la Gran Mezquita y adivinamos las excavaciones que intentar extraer más información sobre el antiguo establecimiento de Djenné-Jeno y sus más que posibles conexiones con la actual Djenné. El viaje llega a su fin, nos disponemos a desembarcar y contemplar las mil maravillas que nos aguardan en la mítica Djenné, pero eso amigos, es otra historia.
Calles en Djenné
Las calles de la ciudad de barro
Pasear por el intrincado laberinto de sinuosas callejuelas que componen el casco urbano de Djenné es adentrarse en la vida más intima de la vieja ciudad de barro que cuenta con más de 12 siglos de historia a sus espaldas. Las casas, al igual que la Gran Mezquita, están construidas en adobe y como esta, han sido erigidas con gran maestría, heredada según nos cuentan de los primitivos fundadores de la ciudad, los banis, que de generación en generación han ido transmitiendo sus conocimientos y su buen hacer. Al igual que la gran Mezquita, año tras año las casas necesitan ser revocadas para cubrir los desperfectos causados por las lluvias torrenciales. El conglomerado de casas y calles se abigarra entorno a la Gran mezquita y está rodeado de una muralla de la que apenas quedan restos en pie, el barro es demasiado efímero para perdurar a lo largo de los siglos y la nula necesidad de mantener en pie las defensas de la ciudad ha provocado su deterioro y abandono. ¡Una lástima! Las calles de Djenné carecen de un sistema de alcantarillado soterrado por lo que las miserias humanas corren libremente sobre la superficie de la ciudad, a pesar de ello, la sensación de limpieza es absoluta. La cercanía de las casas y el material del que están construidas proporciona una agradable sensación de frescor lo cual es de agradecer en las horas en las que el sol aprieta con más fuerza. Destacan en algunas fachadas los suntuosos portalones adornados con columnas y los dinteles de madera en las ventanas. Dando un garbeo por los oscuros y sombríos barrios de la ciudad nos encontramos las puertas de las casas abiertas y somos invitados amablemente a penetrar en el interior de las viviendas en la cuales podremos contemplar la vida cotidiana de sus moradores, las mujeres afanadas en un trabajar constante y rutinario moliendo y cribando el mijo y los hombres disfrutando de la sombra y frescor que proporcionan las paredes de adobe. Accedemos a la azotea de las casas y observamos como hasta donde nos alcanza la vista estas son utilizadas como improvisados tendederos en los que la ropa seca con gran rapidez. Desde estos privilegiados miradores contemplamos el que hacer diario de las mujeres ya que normalmente las viviendas poseen un patio central abierto que se puede contemplar perfectamente desde la parte superior de la vivienda…Disfrutamos igualmente con la vista omnipresente de la Gran Mezquita y contemplamos en silencio el trajín diario de los habitantes de Djenné….
Ciudades en Djenné
Mali
estas siluetas son la identidad de la arquitectura de Mali
Pueblos en Djenné
Mercados en Djenné
Mercados en Djenné
Circuitos de Carreras en Djenné
Ríos en Djenné