Antiguamente Ushuaia era un penal para reclusos peligrosos. Construyeron un pequeño trenecito que les acercaba hasta los bosques para talar madera con la que abastecían de leña a la cárcel. Hoy uno puede viajar en ese mismo tren por el recorrido que hacían los presos, aunque más caliente y cómodo que ellos. El paisaje nevado resulta impresionante sobre todo porque aún se distinguen muchos troncos cortados, testimonio de la presencia de los reclusos, que han estado ahí hasta hace apenas unas décadas.