Las paredes blancas recuerdan ligeramente a las vecinas ciudades andaluzas. Las murallas de la medina también de blanco encalado dan paso a una de las ciudades más bellas de Marruecos: Essaouira. Significa la bien diseñada por haber contado con un plan urbanístico. Aunque está mejor organizada que otros centros urbanos, no deja de ser un laberinto de callejones estrechos. El cielo es de un azul intenso y despejado. Al fondo cometas y surferos aprovechan el día en el mar y un poco más allá, la isla de Mogador. En la lonja sigue el eterno regateo. Yo voy a pujar por una morena que acaban de sacar del agua ahora que aún está fresca, porque el hielo escasea.