Altea
Experiencias de los viajeros en Altea
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Juan Pons

Una blanca ciudad Atalaya sobre el Me...

Altea la Attaláya de los Árabes es como su antiguo nombre indica un bello mirador sobre el Mar Mediterráneo desde lo alto de su Pueblo Antiguo de encaladas casas y a 61 metros sobre la costa se puede divisar con sólo girar la vista la silueta del Peñon de Ifach con la población de Calpe a sus pies hasta la bulliciosa Benidorm destino de turistas jóvenes y mayores.Altea está situada en la comarca de La Marina en la provincia de Alicante y con sus mas de 24000 habitantes ofrece todo lo que el turista estival puede desear además de ser también lugar de visita durante cualquier época del año.De vocación claramente turística no ha abandonado su tradición agrícola y pescadora y son dignos de mención además del Pueblo Antiguo de blancas calles mediterráneas la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo y el Monasterio de Las Carmelitas Descalzas,las Torres de La Galera y Bellaguarda,el Palau de Altea y el mismo Paseo Marítimo,sus playas de La Olla,Cap Negret,La Roda,Cap Blanch y El Mascarat son ideales para el baño y el recreo.Un pueblo que disfruta todo el año con numerosas fiestas entre las que citamos las de San Roque en Agosto y la de Moros y Cristianos en Septiembre.Un lugar lleno de la alegría de un ambiente bañado por el luminoso sol junto al Mar Mediterráneo Alicantino.
Serviajera

La placidez de un pequeño pueblo

Altea es un sol que tiñe de blanco todas las cosas, una bahía cerrada en sus extremos por inmensos peñascos de pura roca, un perfecto mar azul, una playa que por conservar su canto rodado sugiere un aire agreste y natural, un largo y pintoresco paseo marítimo salpicado de restaurantes y bares, y su maravilloso pueblo viejo, el “Rabal de la Mar”, el que ha quedado oculto y apretado entre el caserío bajo que le fue creciendo alrededor a través de los años. Uno sabe que está allí porque desde lejos, altísimo, ya ha visto la cúpula azul y blanca de la iglesia de la Virgen del Consuelo, pero el resto parece no existir hasta que uno empieza a subir. Entonces aparecen casas inmaculadamente encaladas, paredones donde asoman buganvillas de un morado subido, jazmines florecidos de intenso perfume enredados en preciosas rejas, calles escalonadas, empedradas, empinadas. Desde una minúscula plaza se ven sólo techos envejecidos, al subir un poco más se llega a otra desde donde ya se ve el mar.

La placidez típica de los pequeños pueblos está instalada en la antigua villa marinera; aunque ya ha comenzado a oscurecer, todavía hay ropa tendida en la calle, bicicletas sin candado olvidadas contra una pared, vecinos de toda la vida que han sacado sillas a la puerta de sus casas para disfrutar del fresco que sube del mar. Este particular encanto se mezcla de manera muy pintoresca con el halo cultural y estético que impregna a la villa. Buscando refugio e inspiración, escritores, pintores, escultores y músicos de distintas partes del mundo se instalaron en Altea en los años sesenta y setenta, provocando la aparición de galerías de arte, talleres de pintura y tiendas de artesanías, además de cierta colorida bohemia que aún hoy ronda por sus calles.

Las mañanas en Altea son esplendorosas, y aunque uno no quiera, se meten por las hendijas de las persianas. Lo que veo desde mi balcón no tiene desperdicio: la noche ha lavado el mar, las sierras, el cielo y la playa y ahora parecen como recién inventados. Bajo al mar, me zambullo, nado paralelo a la costa. El agua está cálida, salada y transparente. Qué formidable sensación. Me seco al sol mirando la línea difusa del horizonte. Un velero navega con las velas henchidas, las gaviotas vuelan rasantes sobre la orilla buscando comida, la costa de grava reverbera blanca bajo el sol del mediodía. De pronto suenan campanas. Repican gastadas, medio desparejas, cansadas, como campanadas tocadas por un campanero que tiene ya ganas de siesta.
Sala2500

"Poble antiq"

Altea es un pueblo pegado al mar... Eso ya lo sabemos casi todos. Pero si de verdad queréis disfrutar de este hermoso pueblo, os aconsejo que os olvidéis de la playa, por lo menos hasta después de haber visitado su "poble antiq" que se dice en valenciano. Es uno de los más bonitos de la provincia de Alicante, si no el que más, sus callecitas, todas encaladas y bien bien cuidadas te transportan al Altea más antiguo y hermoso, aquí tenies una imagen viva de lo que fué la vida en el mediterráneo en los siglos pasados.

Luz, color, aire salado, sol y un cuidado especial y auténtico por lo nuestro. La verdad es que soy de la tierra y no puedo evitar estar medio enamorado de este pueblo, al que me escapo cada vez que puedo, bueno mejor dicho, cada vez que mi gran amigo Alberto se viene desde Madrid a pasar el fín de semana. Por el día, por la tarde o por la noche, da igual, es un placer pasear por este pueblo.
Silvia Del Moral

Enamorada de Altea

La primera vez que visite Altea , quise quedarme allí para siempre.
A pesar de estar tan cerca de Alicante, jamas había estado allí antes, y cuando lo vi, me enamore.
Sus calles de piedra, las casas blancas, con las macetas en los balcones.
Esa iglesia, que se vislumbra desde lejos, el ambiente que se respira de tranquilidad y armonía.
De altea, nada que decir, solamente que podría quedarme allí para siempre, por que me atrapo desde el momento que pise ese pueblecito.
Leroux

Altea es un sitio impresionante.

Una de esas joyas que quedan en el Mediterráneo y que aún no ha sido tomada por el turismo masivo de chanquletas con calcetines. Eso sí, cada día tiene más turismo y en verano ya se llega a saturar. Es un sitio especial con un encanto único, un mar cristalino y una plaza en lo alto que de por sí sola merece una visita. Además, es un lugar especial para tomar algo ,lleno de restaurantes de calidad y de bares de copas.
Vista desde lejos, la vista de la ciudad es imponente.
Alejandra666

Siempre vuelvo

Este pequeño y acogedor pueblo de la costa mediterránea es uno de mis rincones preferidos. Afortunadamente, la gran cantidad de turistas que lo visitan durante todo el año, y especialmente en verano, no ha hecho que pierda su carácter.

Por todo el casco antiguo hay muy buenos restaurantes que merecen ya de por sí la visita, y para tomar una copa, en la misma plaza, se encuentra uno de los bares más originales que podáis encontrar: "La Mascarada", ¡decorado con máscaras de todo el mundo!
Siempre vuelvo.
Fran.apple

Desde mi montaña

Genial un poco de montañismo para luego recibir unas preciosas vistas del Mediterráneo, recomiendo llevar calzado adecuado, es decir ni se te ocurra ir en chanclas y agua requiere un poco de esfuerzo pero la recompensa es enorme
Dibuty

Pueblo blanco

Precioso pueblo del mediterráneo. Pueblo de artistas incansablemente pintado. Este pueblo tiene algo especial q te embauca, la luz, Su situación, su ubicación.... tiene duende.
Siempre dan ganas de volver a Altea. Recomiendo aparcar en el paseo e ir andando hasta su cúpula.
Iván Otero

Un callejón, un rincón

Cuando pienso en rincones, lo primero que me ha venido a la cabeza son las pequeñas callecitas de Altea, como clásico pueblo español esconde un impresionante entramado de calles asfaltadas en piedra que te llevan casi a otra época y a un lugar totalmente diferente y encantador.
Begorolo

Vista desde el mirador

Subiendo al pueblo hay un par de miradores. Desde uno de ellos se ve toda la zona de playa y Calpe al fondo.
Todo lo q es la zona de Altea la parte de arriba esta llena de restaurantes y no os podeis perder la plaza con su mirador. Es bonito y romántico.
Mayte Picot Piña

Verano en Altea.

Altea la bella, Altea la blanca, la mediterránea, la llena de luz, la de hermosas playas con un mar tan profundo que no se acaba nunca. Sueño con Altea.
Pedro Pernias Peco

Las calles convertidas en escaleras, ...

Las calles convertidas en escaleras, o las escaleras convertidas en calles van convirtiendo el bullicio y la agitación de lo tópico en un viaje interior.
Irene Arin
Oinotna

panorama

Elreydeltractor

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