Es fácil figurarse el poder de el que fuera uno de los mayores imperios de la India clásica observando sus establos. Enormes salas de piedra con bóvedas y decoración albergaban sus más temibles armas. No era la caballería sino un ejército de elefantes sobre los que cabalgaban a la batalla. Una enorme explanada llena de pórticos, hoy con habitaciones vacías, estarían temblando hace años por las pisadas de las pintorescas monturas.