Detenido en el tiempo, no recuerdo que tan lejos, pero dos mil metros mas alto llegamos al destino. Sin pedirlo ni pensarlo, y casi fantasmal, nos abrió los brazos el pueblo. A simple vista sin vida, poco a poco se abren puertas, como si nuestra prescencia por un segundo hubiese pertubado la simpleza de su vida. Salen niños con sus perros a pasear por estas vías. Nos sonríen. Nos sentimos de su tierra. Detenido en el tiempo, ya muy alto, Matucana, estás solo, sin sentirlo tanto.