Para llegar a la falda de Pastoruri tuve que caminar casi dos horas y hacía tremendo frio que me hacía doler la cabeza, el estómago y sentía que la respiración me faltaba.
No tenia sostenida la mano de nadie y tampoco iba nadie delante mío... No sentía los pasos ni la repiración de persona alguna detrás mío y lo único que podía sentir era mi alma asustada que le pedía a Dios fuerzas para poder llegar al objetivo para luego congelar irónicamente, "el momento" para siempre, con una foto en la cima y con los brazos bien arriba sentir la alegría que se tiene cada vez que uno llega a la meta que se propone.
Una meta más consolidada... Una real aventura!
Muchas gracias a Dios por poner lindos paisajes en la tierra donde nací.
Julita Inca