Edesa es una localidad muy conocida por los griegos gracias a sus cascadas pero completamente desconocida por los turistas, lo cual tiene ventajas e inconvenientes, el principal, que cuesta bastante hacerse entender en los establecimientos porque mucha gente no sabe inglés y solo habla en griego.
Lo más bonito de la localidad es su casco antiguo y, sobre todo, los arroyos, puentes, cascadas y parques que hay dentro de él. Las cascadas están repartidas por toda la localidad y la mayoría de ellas son artificales, pero la más llamativa es la cascada mayor, denominada Katarrakes, que se precipita desde un acantilado y cae en una zona llena de cultivos. Esta catarata está dentro de un parque lleno de árboles y flores que se encuentra en el centro del pueblo. Hay muchísimos carteles por todo el pueblo que indican el lugar de la Katarrakes, así que no es difícil dar con ella.
En el parque también podemos encontrar el Museo del Agua. Se trata de un recinto repleto de utensilios antiguos y modernos que se utilizan en la industria hidráulica, es bastante interesante y no es caro, la entrada cuesta 1,50 euros.
El casco antiguo también es bonito por sus calles adoquinadas y estrechas y por las casas tradicionales que tiene a través de las cuáles podemos hacernos una idea de cómo se vivía hace años.
También hay varias iglesias ortodoxas y capillas que poseen frescos en su interior.
Edesa también es un buen lugar para los amantes del deporte, ya que aquí se pueden realizar numerosas acitividades como raftting, kayak o parapente, eso sí, hay que reservarlo con antelación.