Exprime al máximo tu viaje
Con la app de minube
Descargar
¿Dónde quieres ir?
¿Te gusta Sahara Occidental?
Compártelo con el mundo
Entrar con Google +

Qué ver en Sahara Occidental

20 colaboradores
Los destinos más populares

7 cosas que hacer en Sahara Occidental

De interés cultural en as-Samarah
(1)
Lagos en Laâyoune
Laguna Naila
(3)
La laguna de Naila pertenece al Parque Nacional de Khenifiss con 1850 kilómetroa cuadrados. Es un paraje natural como ningún otro, en el que estuvimos paseando en barca contemplando cómo las aguas del atlántico se introducen en las arenas del Sáhara, su fauna, sus aves de mil especies y también intentamos pescar, pero para ello hace falta un permiso especial. Además existe desde hace 516 años, una torre que los Reyes Católicos ordenaron construir, llamada Santa Cruz de la Mar Pequeña. Lógicamente, no se encuentra en buen estado pero quedan visibles sus ruinas. Aunque el lugar se encuentra técnicamente en territorio marroquí su acceso es más cómodo desde el Sáhara Occidental ya que podemos volar hasta Laayone.
Ciudades en as-Samarah
Ciudad de Esmara
(2)
El pasado mes de marzo entre otras ciudades del Sahara Occidental visitamos Smara, y auqnue la ciudad en sí no nos aportó más que otras ciudades del desierto sahariano, pudimos descubrir, o más bien visitar algunos de los restos rupestres que se encuentran por la zona. Fue importante darnos cuenta que el Sáhara cuenta con algo más que arena.
Ciudades en Bu Jaydur
Ciudad de Boujdour
(2)
Nada de especial tiene esta ciudad del Sáhara Occidental, sin embargo se convierte en paso obligado si nuestra dirección en seguir en dirección sur hacia Dakhla, Mauritania o más allá. La verdad es que en los últimos años ha realizado cambios importantes. Podremos comprar casi de todo. Tiene varios hoteles. Hay camping. Buenas pastisseries y gente amable. Junto a la carretera encontraremos multitud de lugares para comer. Como elemento característico destaca el faro.
Ciudades en Laâyoune
El Aaiún
(1)
Sahara significa "Tierra dura". Y no es ningún eufemismo ni metáfora, es un significado literal. Con casi ocho kilómetros cuadrados de superficie, ha sido residencia de pueblos nómadas y sedentarios, que han tenido que buscarse la vida para sobrevivir en un territorio evidentemente hostil. Agricultura casi inexistente, pastos escasos y sobre todo un gran aislamiento han obligado a pueblos como el tuareg a sacar de donde no hay. Y precisamente una de sus fuentes de alimentación y transporte lo ha constituido desde hace milenios los camellos y dromedarios. La escena cada mañana es la misma: las mujeres montan en sus asnos y dirigen el rebaño hacia los pozos para que beban litros y litros de agua con las que alimentar sus reservas. Realmente el rebaño está formado por ejemplares de dromedarios, recordemos que tienen una sola joroba mientras los camellos son propios de Asia y tienen dos, aunque siempre nos refiramos a ambos como camellos, lo que intuyo debe ser por facilidad lingüística. El animal está tan adaptado a la escasez de agua del desierto que muchos árabes lo llaman bebedor del viento, aunque yo prefiero el más poético nombre de barco del desierto. La madre Naturaleza le ha otorgado la capacidad de poder pasar cinco o seis días sin abrevar cuando el calor aprieta hasta llegar a los 50º y durante la época "invernal", y si los pastos están verdes, hasta cuatro y cinco meses. Pero eso no es todo, ya que la grasa acumulada en su joroba le proporciona alimento continuo y le permite pasar también semanas sin probar bocado. Todos hemos visto alguna película donde el protagonista, desesperado mata a un camello para comerse la joroba, y no debe ser muy sabrosa por las cara que pone. Otro mito es el que cuenta que el camello es bruto y desagradable. Nada más lejos de la realidad. Tras acercarme a ellos, salvajes pero confiados, pude comprobar que es un animal noble y refinado, que mira y olfatea muy de cerca el agua que ha de beber hasta encontrarla limpia y es muy selectivo a la hora de comer de este u otro pasto. Vale la pena hacer unos kilómetros para encontrarse con estos dromedarios en su hábitat natural y acercarse a ellos con cautela y respeto, aunque sólo sea para comprobar que son muy diferentes a la idea que teníamos de ellos.
De interés turístico en El Aaiún
Frig en el Sahara
(3)
Mi rincón preferido en el Sahara. El Frig (conjunto de haimas) de mi amigo Paco Jiménez se encuentra situado en mitad de la nada, en pleno desierto del Sahara. Se accede por un desvío localizado en la pista que va del Aaiún a Dakhla, indicado por un “radjem” (mojón de piedras) solo perceptible por los conocedores del lugar. Estar en aquel recóndito e inmenso lugar es sentir plenamente el desierto. El asombroso y siempre diferente atardecer y la mágica puesta de sol. Las noches iluminadas por un cielo tachado de rutilantes estrellas y la presencia de la esplendorosa luna en un puro y nítido cielo sin contaminación lumínica. Pero sobre todo la paz, la tranquilidad que se respira. El Frig está compuesto por varias haimas, una principal que hace de comedor, otras dos de dormitorio, otras pequeñas para los pastores. También cuenta con una vetusta construcción donde existe un dormitorio y donde se guardan las guarniciones del magnífico ejemplar de caballo árabe que posee Paco. Recientemente se ha encontrado un manantial de agua sulfurosa y se está construyendo un rústico balneario en consonancia con el lugar. Los cercados para el ganado están algo alejadas del Frig, donde las pozas de agua. Al atardecer es todo un espectáculo contemplar la llegada de los pastores con el ganado, un centenar de camellos que han estado pastando durante el día por el desierto y que al llegar la noche se recogen en el Frig. Es gratificante levantarse al amanecer cuando apunta el día para ver salir el sol, primero un sol rojo aún tenue en el horizonte, en pocos minutos un sol radiante que baña las dunas y empieza a calentar. En los cercados ya hay actividad, los pastores ordeñan las camellas, las preparan para la nueva jornada o tal vez atienden a un bebé camello que acaba de nacer (lo he presenciado en un par de ocasiones). El día en el desierto transcurre apacible, después del desayuno tal vez un paseo a camello, o tal vez un largo recorrido con el 4X4, sorteando las dunas, a este tipo de conducción se le llama “navegar por el desierto” y dejar que suba la adrenalina bajando con el 4X4 por dunas casi verticales confiando en la pericia de Paco. Tomar el te al estilo saharaui, es uno de los actos sociales más importantes, se platica, no hay prisas. El saharaui dice..."ustedes tienen el reloj..., nosotros tenemos el tiempo" Es un ceremonial que consiste en tomar tres tes a largos intervalos. El primer te tiene que ser amargo, "amargo como la vida", el segundo te tiene que ser dulce, "dulce como el amor", el tercer tiene que ser suave, "suave como la muerte". El te lo endulzan con unos pilones compactos de azúcar que rompen a trozos. Las noches idílicas, fuego de campo, elaboración del pan al estilo saharaui que consiste en cubrir la masa con unas telas y enterrarlas en medio de las brasas de la hoguera, cenar en torno a la lumbre escuchando a Paco narrando aventuras, vivencias en el desierto, nunca termina el repertorio, contado con aquella cadencia de voz y con aquel acento característico de los canarios. La experiencia la repito con relativa frecuencia. Siempre recordaré la noche que la pasamos al relente con mi hija al abrigo de una duna, aquellas fascinantes noches que invitan a la charla, a la confidencia. www.rodamons.net
Lagos en El Aaiún
Lago de El AAiun
No es muy habitual, por no decir poco usual, que cerca de una población del noroeste de África encontremos un paisaje tan atractivo como el que aquí nos ocupa. El río Saquia el Hamra, que recorre tímidamente esta región del Sáhara Occidental, fue apaciguado hace décadas mediante sencillas presas de adobe y piedra y luego, con la llegada de nuevos materiales de construcción, reforzado para conseguir hacer de su cauce una presa que pudiera abastecer a los habitantes de la ciudad de El Aaiún. Pero con la llega del agua corriente, estos mismos pobladores dieron la espalda al embalse, que poco a poco fue relegado a un tercer plano y hoy presenta aspectos contrarios y chocantes. Por un lado tenemos las consecuencias del desarrollo moderno, léase contaminación, basuras y desechos, y por otro la fuerza de la madre naturaleza, que siempre busca la manera de dar a sus hijos nuevas salidas ante los cambios impuestos por la siempre tirana especie humana. Por eso, si obviamos la primera de las dos facetas y nos centramos en la segunda, más atractiva y enriquecedora, encontramos un auténtico oasis vegetal y animal a los pies de la ciudad. Palmerales, marismas y grandes extensiones de dunas doradas y rojas, sirven de hábitat a gran cantidad de aves y pequeños mamíferos que se alimentan de pequeños peces los primeros y de dátiles e insectos los segundos. Hay dos principales miradores que nos permiten disfrutar de este inusual paisaje. El primero es un puente construido sobre uno de los muros de la presa, que nos deja ver ambos lados de la misma y que separa radicalmente las aguas poco bravas pero límpidas del curso del río de las amansadas y menos atractivas que se pegan a la parte norte de El Aaiún. El otro mirador nos sumerge casi completamente en el oasis del palmeral y se encuentra localizado en la parte más antigua, donde nació y fue fundada por los españoles aquella primitiva aldea saharaui. Un lugar diferente de la también desconocida "Ciudad de las Fuentes y los Manantiales".
Inspírate con las mejores listas de la comunidad