Trinidad tuvo desde sus inicios, como casi todas las ciudades fundadas por los españoles, una plaza que marcaba el centro de la ciudad y alrededor de la cual se desarrollaban todas las actividades y donde se irían agrupando los edificios más relevantes. Desde 1514 esta plaza fue variando hasta adquirir, mas de 300 años más tarde, el perfil que tiene hoy en día: Los cuatro jardines rodeados por verjas (traídas de Filadelfia), las lámparas del alumbrado público y la escultura de Tepsícore en el centro. Toda la ciudad es una preciosidad, claro ejemplo de las típicas ciudades coloniales.