El río que baña Hampi separa las ruinas de un monte lleno de pensiones con unas vistas impresionantes de los templos a lo lejos. Hay varias formas de cruzarlo, y si se quiere evitar pagar al barquero (salen cuando está llena la lancha, cada media hora aproximadamente) se puede avanzar río abajo hasta dar con unas curiosas embarcaciones, hechas de bambú exclusivamente para cruzar de orilla. Las aguas son tranquilas y es una experiencia interesante si se tiene valor.