Es decepcionante el estado de abandono que se respira al entrar en este recinto. En su momento debió de ser de un gran esplendor, pues su bella construcción y sus preciosas vidrieras así parecen atestiguarlo. Pero actualmente su estado es deprimente como lo atestiguan las fotos que acompaño. Un simpático guarda marroquí te permite subir a uno de los campanarios previo pago de una pequeña cantidad. La escalera está llena de excrementos de paloma que inducen a pensar que su última limpieza data de siglos atrás. La pintura que queda en las paredes exteriores del templo puede considerarse como una verdadera llamada a su rehabilitación. ¡Qué diferencia con la perfecta conservación con la iglesia católica de Tánger!