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Puertos en Asuán

2 Puertos en Asuán

Puertos en Asuán
Puerto de Assuan
Para poder entrar en Sudán desde Egipto sólo hay una forma, a través del mar. Sudán es un país algo complicado y la entrada no es muy sencilla, hay que presentar multitud de documentos que llevan bastantes días. En el momento en el que ya están todos los papeles en regla hay que ir hasta el puerto de Assuán para coger el barco que nos lleva a Sudán. Cuando llegué al puerto de Assuán me quedé totalmente alucinada, ya que jamás había visto tanta gente y tantas mercancías de todo tipo juntas en un puerto esperando además a un sólo barco y no excesivamente grande. El problema es que Sudán es un país que no produce nada y por lo tanto todos los productos vienen de fuera, así que en cada barco que sale desde Egipto se envían miles y miles de productos. La consecuencia es que estos barcos van completamente llenos, más que llenos desbordados, de productos de todo tipo. No cabe ni un alma ni en el puerto ni posteriormente en el barco. Es espectacular, es una de esas imágenes que se te quedan grabadas en la mente para toda la vida. Además, para poder subir al barco hay que esperar interminables colas, ya que cada persona suele llevar miles de productos y hasta que consigue subir todos al barco y colocarlos de la mejor manera posible pasan horas. Es una situación indescriptible. Eso sí, el ambiente del puerto de Assuán es impresionante, siempre hay una multitud de personas que van de un lado a otro, que gritan, que hablan, que llevan cosas de un lugar a otro o que están apilando cajas y cajas en todas partes. Lo bueno que tiene este lugar es que nunca te aburres, porque puedes quedarte contemplando el ambiente horas y horas sin darte cuenta de que está pasando el tiempo.
Puertos en Asuán
Barco a Sudán
Atravesar la frontera entre Egipto y Sudán es una auténtica hazaña que recomiendo a todos los aventureros. La única forma de pasarla es a en barco y claro, como os podéis imaginar no estamos hablando de unos preciosos yates de lujo ni de unas super embarcaciones de siete plantas. Los barcos son muy sencillos y bastante viejos y con una capacidad bastante pequeña que queda desbordada por la gran cantidad de productos y personas que se trasladan a diario de un país a otro. El 99 por ciento de los pasajeros de estos barcos son musulmanes, bien egipcios o bien sudaneses que por motivos de trabajo o personales tienen que atravesar la frontera, lo que no es muy normal es encontrarse turistas. Esto hace que la experiencia que vives durante el viaje sea auténtica y repleta de magia y encanto, a pesar de que cuando la vives ni te parece mágica ni mucho menos con encanto sino todo lo contrario. Lo primero es que cada persona tiene un espacio minúsculo, en ocasiones es complicadísimo moverse e imposible llegar a la otra punta del barco. Normalmente, nada más llegar intentas coger un hueco en cualquier parte (al aire libre por supuesto) y de ahí no te mueves hasta que llegas a Sudán. Como no te puedes mover, lo único que puedes hacer es contemplar al resto de la gente y conocer un poco más la cultura musulmana. Por ejemplo, uno de los momentos que más me impactó fue el de la oración. Como casi todos son musulmanes, en el momento en el que tienen que rezar todos se ponen de rodillas a la vez mirando hacia el mismo lado y el silencio se hace sepulcral. Es alucinante verlo, porque se pasa de una situación en la que todo el mundo está hablando y no hay ni un espacio libre, a otra en la que todo el mundo está en completo silencio y a nadie le importa no tener espacio. Es una experiencia inolvidable que tiene momentos buenos y malos, porque aunque hay momentos fantásticos, también se viven situaciones que prefieres no recordar, como el fuerte olor que existe en todo momento en el barco y que te puede llegar a marear, o el no tener ni siquiera espacio para mover las piernas.
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