Rüstem Pasha Camii es una de las mezquitas más bonitas que conozco y es muy probable que pase desapercibida en una visita a Estambul pues no es tan famosa como la Mezquita Azul o Santa Sofía (antes iglesia bizantina y ahora convertida en museo). Sin embargo, no sólo es obligada una visita, sino que también es un auténtico placer en una de esas tardes de verano en las que el calor agobia y el bullicio de las calles y los bazares de Estambul nos satura. en la primera visita que hicimos a Estambul, creo que en 1987, ni siquiera nos enteramos de que existía. La descubrimos gracias a un documental dedicado exclusivamente a ella y a su cerámica de Iznik, que utiliza una técnica única (ahora perdida) para crear determinados colores que hoy en día todavía no son capaces de reproducir. Cuando, hace dos años, volvimos a Estambul, teníamos el objetivo de visitarla para comprobar por nosotros mismos si realmente era tan especial como daban a entender en el documental. Con la información de que disponemos hoy en día (internet, guías ilustradas...) la localización no debería ser un problema, pero lo que sucede es que no es una mezquita tradicional, aislada del resto de los edificios... Se trata de una pequeña mezquita integrada totalmente en una calle comercial, que no está al nivel de la calle, sino en el primer piso, y se accede a ella por una puerta como podría ser la de una vivienda, bastante pequeña, que da paso a unas escaleras de piedra, estrechas... de manera que ningún turista entraría a menos que la busque expresamente. Además, cuando nosotros fuimos había un hombre en la puerta, lo cual puede hacer pensar que se trata de un local privado. Pues no: el hombre nos dio paso amablemente (sin pagar entrada, pues se trata de una mezquita de culto, no de un museo) y, cuando subimos arriba, descubrimos un pequeño remanso de paz: un espacio descubierto y una especie de pórtico cubierto por los que circula la brisa. El interior, la joya, una verdadera colección de cerámica, pues parece que el arquitecto hubiera querido experimentar con todo tipo de diseños y colores, aunque predominan los tulipanes (originarios de Anatolia y símbolo del imperio Otomano) y el color azul. Cada columna, cada paño de las paredes, es una muestra de la mencionada cerámica de Iznik. Pero, además, con las ventanas abiertas, la sensación es de varios grados menos que en la calle. Nosotros no nos conformamos con una visita, sino que repetíamos cuando estábamos por la zona para retener por más tiempo en la retina la belleza del lugar y disfrutar de la serenidad que emana en contraste con la calle. Allí mismo compramos unos pequeños azulejos-imán y un libro de imágenes de recuerdo. Pero además, nos regalaron un Corán de bolsillo en inglés.