Habíamos reservado un apartamento para dos personas durante tres días y nos tuvimos que ir tras la primera noche.
Para empezar, al llegar al apartamento, este estaba congelado, exactamente a 13 grados dentro. A pesar de haber reservado con varios días de antelación y hacer bastante frío afuera, no tuvieron ni el detalle de haber encendido la calefacción unas horas antes para que el apartamento estuviera, al menos, algo templado a nuestra llegada.
Pero lo peor llegaba al acostarnos. Pues en la cama había un colchón viejísimo, en el que te clavabas todos los muelles y que al moverte hacia un ruido infernal que nos despertaba. Con lo que a la mañana siguiente nos fuimos sin pegar ojo.