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Restaurantes en Huarocondo

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Lugares donde comer en Huarocondo

Interés Gastronómico en Huarocondo
Pueblo de Huarocondo, Cuzco
(1)
Dicen algunos que el lechón asado de Huarocondo es tan famoso porque al adobarlo se le echa un poco de orín. Yo eso no me lo creí. Y me lo comí. Llegué a Haurocondo con mi amigo Edward desde Cuzco, después de recorrer con su coche una pista entre plantaciones de quinua y patatas. El pueblo parecía todavía dormido, sin embargo el olorcito a leña y a carne asada invadía todo. Me bajé del coche y el mundo empezó a funcionar. No sé de dónde aparecieron varias mujercitas que al unísono comenzaron a gritar. -Mamacita, lechón rico, rico, aquí, aquí... Pregunté si la carne estaba recién asada. -Recién hecho, mamacita, todavía en el horno. -A ver, dónde está el horno, a ver, quiero ver. Entonces una de las mujeres, con tal de vender, me imploró mamacita, vente conmigo dentro de la casa y te muestro. ¿Qué cómo es una casa de Huarocondo por dentro? Oscura, el piso de tierra, puertas abiertas a pesar del frío, y atrás un patio donde picotean gallinas y humea un gran horno centenario. La chola todavía no estaba segura de haberse ganado sus cinco soles, así que no dejaba ni un segundo de hablar. Mamacita, mira. Con un palo largo abrió la puerta del horno y con un gancho de alambre sacó el lechón. Cortó rápido un trozo, con la mano me lo dio. La carne se me deshizo en la boca, deliciosa, un manjar. Ya, le dije, deme un plato para dos. El lechón de Huarocondo está adobado con comino, ají amarillo, ajo y pimienta, y se come con los dedos, ensuciándoselos y engrasándoselos sin vergüenza, un bocado y luego pan, otro bocado y más pan. Uhmmm, qué cosa tan exquisita... Nuestro plato en medio de la mesa se iba vaciando y a mí me dio sed. -¿Qué tomamos Edward? -Pues luego del lechón sienta bien un 'Bajamar' -¿Qué es eso? -Un ‘cañazo’, aguardiente de caña de azúcar. Se toma un trago nomás. Probemos, dije. El alcohol me quemó la garganta y me llenó los ojos de lágrimas. Inmediatamente sentí calor. La comida terminada, me despedí de la mujercita. Nos abrazamos como amigas, así que con confianza le pregunté si era cierto lo de los orines. La mujercita se tapó la boca con un mano y se rió, se rió y se rió...